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La presidenta de Perú declara el estado de emergencia en el sur del país y propone elecciones para abril de 2024

Dina Boluarte intenta con esta propuesta sofocar las protestas, que dejan dos jóvenes muertos y decenas de heridos

Protestas de seguidores de Pedro Castillo, que reclaman la disolución del Congreso.Foto: DIEGO RAMOS (AFP) | Vídeo: EPV / AGENCIAS

La nueva presidenta de Perú ha tratado esta madrugada de zanjar la crisis abierta a raíz de la detención de su antecesor, Pedro Castillo, que quiso disolver el Congreso con un autogolpe. Dina Boluarte, en una situación muy precaria por las protestas desatadas desde entonces, ha declarado el estado de emergencia en el sur del país, donde dos manifestantes han muerto a manos de las autoridades. La mandataria ha asegurado también que propondrá la celebración de nuevas elecciones en abril de 2024.

Boluarte se ha visto obligada a poner fecha al adelanto electoral por la presión que ha recibido de la calle. Hace días había mostrado su intención de mantenerse en el cargo hasta 2026, cuando expira el mandato. Sin embargo, en Perú han crecido las protestas de ciudadanos que exigen la disolución del Congreso —lo que intentó Castillo de forma autoritaria— y un llamado a las urnas.

Falta por ver si el Congreso y los manifestantes se conformarán con las intenciones de Boluarte de mantenerse en el cargo un año y tres meses, en vez de atajar esta crisis con una convocatoria electoral inmediata. La mandataria ha ofrecido una opción más pausada. “Remitiré al Congreso un proyecto de ley de adelanto de las elecciones para ser consensuado con las fuerzas políticas representadas en el Parlamento”, ha explicado este lunes.

Sabedora de que la nación está inmersa en una crisis institucional profunda, Boluarte ha anunciado también que promoverá una reforma que permita a los ciudadanos contar con un sistema “ajeno a toda práctica de corrupción”. Perú ha tenido seis presidentes en los últimos cuatro años; y casi todos ellos han sido destituidos por mentir, robar o saltarse las leyes. “Invoco a todos los partidos y al pueblo peruano a participar en este proceso para que una ola de voluntad democrática nos guíe y oriente”, ha continuado en un mensaje a la nación leído a medianoche.

Los congresistas Pasión Dávila (a la izquierda) y Juan Burgos forcejean dentro del Congreso de Perú, el 11 de diciembre de 2022.Vídeo: RR SS

La presidenta interina había asegurado días atrás que no tenía la intención de aferrarse al cargo. “Si la sociedad y la situación lo amerita, adelantaremos las elecciones en conversación con las fuerzas políticas y democráticas del Congreso. Nos sentaremos a conversar”, sostuvo. Para mostrarse fuerte, nombró un gabinete para reemplazar al malogrado Gobierno de Castillo. Ese es el Ejecutivo que Boluarte espera mantener 15 meses más.

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Castillo, que hace año y medio llegó al poder tras ganar las elecciones, no consiguió en ningún momento llevar la iniciativa política y vivió sumido en su propio caos y a merced de los continuos impedimentos que le fue poniendo el Congreso, que intentó echarlo en dos ocasiones anteriores. A la tercera fue la vencida, después de que el presidente se diera un autogolpe el miércoles pasado y anunciase la disolución de la cámara. Fracasó por no contar con el apoyo de los militares ni los policías y acabó detenido por sedición.

Los seguidores de Castillo toman las calles

Los seguidores de Castillo tomaron las calles desde ese momento. Piden la liberación del expresidente y que Boluarte convoque elecciones. Consideran que la situación actual supone una victoria para el Congreso, que ha conseguido el propósito de echar a Castillo y mantenerse a la vez en pie. Los congresistas se han convertido en un obstáculo para los presidentes peruanos. Se pasan el mandato tratando de echar a los jefes de Estado a través de una figura llamada vacancia por incapacidad moral permanente, un mecanismo que debería usarse para destituir a mandatarios con problemas mentales. Sin embargo, se aplica con mucha soltura, pues solo se necesitan dos tercios de los congresistas para aprobar esa especie de moción de censura.

La inestabilidad ha encendido parte de Perú. En el centro de Lima acampan seguidores de Castillo que aseguran que de ahí no se van a mover hasta que haya un nuevo llamado a elecciones. Llevan camisetas en las que se lee: “¡Cierre del Congreso corrupto! Pedro Castillo, libertad”. Cada noche tratan de rodear el hemiciclo, pero la policía los contiene con gases lacrimógenos.

En el sur del país es donde más intensas son las protestas. De ahí que Boluarte haya decretado el estado de emergencia en esa zona. Dos jóvenes han muerto en las últimas horas en la ciudad de Andahuaylas, en la región de Apurímac, donde se han producido enfrentamientos entre las autoridades y los manifestantes. Apurímac es el lugar de origen de Boluarte, que nunca tuvo una relación muy fluida con Castillo. Desde prisión, el presidente ha acusado a su antigua número dos de formar parte de un complot para quitarle el mando.

Los líderes sociales de esa región se han declarado en rebeldía, no reconocen a la nueva presidenta. Para este lunes han anunciado un paro indefinido que podría extenderse a otras zonas de Perú. La caída de Castillo se produjo en medio de cuatro días seguidos de fiesta, lo que ha podido amortiguar la recepción del intento de golpe. Estos días van a ser la verdadera prueba de fuego de Boluarte y su intención de continuar en la presidencia al menos hasta abril de 2024.

Mientras tanto, el Congreso se reunió el domingo para debatir el documento con el que la fiscal de la nación ha iniciado una investigación contra Castillo por el delito de rebelión. La sesión ha tenido que ser suspendida después de que uno de los congresistas agrediera a otro por la espalda. La crispación se ha apoderado del país.

La presidenta de Perú propone elecciones adelantadas para abril de 2024.

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Sobre la firma

Juan Diego Quesada
Es el corresponsal de Colombia, Venezuela y la región andina. Fue miembro fundador de EL PAÍS América en 2013, en la sede de México. Después pasó por la sección de Internacional, donde fue enviado especial a Irak, Filipinas y los Balcanes. Más tarde escribió reportajes en Madrid, ciudad desde la que cubrió la pandemia de covid-19.

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