La UE acuerda imponer un tope de 60 dólares al petróleo ruso para golpear las finanzas del Kremlin

Los Veintisiete dan el último paso político para aplicar esa sanción y preparan un mecanismo para revisar el precio periódicamente. El G7 se suma al tope

El petrolero 'Vladímir Arseniev', en la terminal de crudo Kozmino, cerca de la ciudad portuaria rusa de Najodka, el pasado 12 de agosto.
El petrolero 'Vladímir Arseniev', en la terminal de crudo Kozmino, cerca de la ciudad portuaria rusa de Najodka, el pasado 12 de agosto.TATIANA MEEL (REUTERS)

La UE ha acordado este viernes una medida de gran trascendencia para incrementar la presión de las sanciones a Rusia y atenazar los ingresos con los que el Kremlin alimenta la guerra en Ucrania. Los 27 Estados miembros han pactado un tope de 60 dólares al barril de petróleo ruso que Moscú vende por mar (aproximadamente, dos tercios del total que exporta a Europa). La medida, que no afecta al producto que se transporta a través de oleoducto y que desarrolla lo pactado por el G-7, el grupo de los países más ricos del mundo, forma parte de uno de los paquetes de sanciones contra Moscú y establece también un mecanismo para revisar ese tope periódicamente, en principio, cada dos meses, con el objetivo de que quede “al menos” por debajo del 5% del precio de mercado, según explican fuentes europeas. El precio acordado, no obstante, supera el nivel al que Rusia vende la mayoría de su crudo, en un intento por mantener el petróleo fluyendo en los mercados mundiales y que el Kremlin note el efecto, pero no corte el grifo a los compradores de Europa.

Además, en los últimos meses, Rusia ha estado vendiendo su crudo barato. El Kremlin ha asegurado que el límite al precio del petróleo ruso es “irrelevante”, pero también ha afirmado que no venderá a quien adopte ese tope. Fuentes del sector explican que Moscú podría tratar de sortear esta nueva sanción empleando petroleros sin seguro occidental. Los países del G-7 —Alemania, Francia, el Reino Unido, Italia, Japón, Canadá y Estados Unidos— junto con Australia, que habían barajado un tope un poco más alto, de entre 65 dólares y 70 dólares, se sumaron este viernes por la noche también al límite de 60 dólares el barril.

“Juntos, el G7, la Unión Europea y Australia han establecido un límite en el precio del petróleo ruso transportado por mar que nos ayudará a lograr nuestro objetivo de restringir la principal fuente de ingresos de [Vladímir] Putin para su guerra ilegal en Ucrania y al mismo tiempo preservar la estabilidad de suministros mundiales de energía”, dijo la secretaria del Tesoro de Estados Unidos, Janet Yellen, en un comunicado.

Los Veintisiete llevan semanas trabajando para sellar un acuerdo que fije el precio del crudo ruso en las compras globales y mermar así los ingresos que el Kremlin obtiene de la venta de combustibles fósiles. El pacto ha llegado después de que primero los países bálticos y después Polonia, que planteaban una propuesta más ambiciosa con un precio por barril mucho más bajo, aceptaran establecer en 60 dólares el barril (159 litros), pero con la condición de añadir requisitos adicionales para revisar ese precio, según fuentes diplomáticas. También con el compromiso de que Bruselas acelere los trabajos de encaje sobre el noveno paquete de sanciones a Moscú. Los representantes de Varsovia han consultado el acuerdo a fondo y han acabado por darle luz verde este viernes. La propuesta inicial de la Comisión Europea se fijaba en 70 dólares el barril.

“El acuerdo de la UE sobre la limitación del precio del petróleo, coordinado con el G-7 y otros, reducirá considerablemente los ingresos de Rusia. Nos ayudará a estabilizar los precios globales de la energía, beneficiando a las economías emergentes de todo el mundo”, ha afirmado en un tuit la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Los precios mundiales del petróleo cayeron por la noticia del tope y han bajado alrededor de un 10% desde hace un mes.

La UE llega al acuerdo poco antes de la fecha límite del 5 de diciembre, cuando debe entrar en vigor el embargo al crudo ruso que llega por mar a la UE. La medida persigue que más países se sumen a la iniciativa, pero también, siguiendo las peticiones de los países con más intereses en el sector naviero, permitirá seguir importando crudo ruso y venderlo utilizando seguros y servicios marítimos occidentales, siempre que no se pague más por barril que el límite acordado. Las principales aseguradoras globales y empresas de transporte tienen sus sedes en países del G-7 y la UE, con lo que la nueva medida del precio límite pondrá en serias dificultades a Rusia para vender su crudo a un precio más alto. Los importadores que busquen servicios de envío y coberturas de seguros de empresas con sedes occidentales para transportar crudo ruso tendrán que respetar ese tope de precio.

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De hecho, desde que el presidente ruso, Vladímir Putin, lanzó la invasión sobre Ucrania el pasado 24 de febrero, la UE ha ido reduciendo las compras de crudo ruso. Sin embargo, la participación de empresas de transporte marítimo europeas en el traslado de este petróleo para venderlo en los mercados mundiales ha aumentado (el 55% de los petroleros que transportan petróleo ruso fuera del país euroasiático son de propiedad griega, por ejemplo, según el Instituto de Finanzas Internacionales). Algo que ha aportado al Kremlin buenos ingresos extra, pero que puede cambiar con este precio máximo.

El tope permitirá que siga fluyendo el petróleo a compradores de la India, China o Turquía, por ejemplo. Pero se trataba también de lograr un precio ajustado para mermar los ingresos del Kremlin y, a la vez, que continúe vendiendo, explican fuentes comunitarias. Estados Unidos y otras voces se habían mostrado preocupados por la posibilidad de que el Kremlin cerrase las ventas, cortase la producción e impulsase una subida de precios a nivel global del crudo por la escasez.

La nueva medida restrictiva apunta al sector energético ruso, que el Kremlin ha utilizado tradicionalmente como arma y que le está sirviendo para alimentar su economía y la guerra en Ucrania. Desde que empezó la invasión, Rusia ha ingresado más de 108.000 millones de euros por ventas energéticas, según datos de noviembre del instituto CREA. La decisión se suma a otras sanciones que prohíben, por ejemplo, la exportación hacia la UE de carbón, hierro, acero, madera o cemento.

En nueve meses, Rusia, que tenía en la UE el 50% de su mercado, ha visto desconectados sus bancos del sistema de comunicación financiera SWIFT —un instrumento clave para las relaciones económicas internacionales—, a sus aerolíneas vetadas en el espacio aéreo de la UE y a varias cadenas de televisión vinculadas al Kremlin, prohibidas en territorio comunitario. Los sucesivos paquetes de sanciones han restringido, además, la exportación de numerosos bienes imprescindibles para la industria rusa, como semiconductores, equipamiento de aviación o tecnología para los sectores energético y espacial. La UE también ha incluido a decenas de personas —desde oligarcas a altos funcionarios o el círculo de Putin— en la lista de sanciones, ha vetado su entrada en los países de la UE y congelado sus activos. Bruselas estudia ahora cómo emplear esos fondos para la reconstrucción de Ucrania.

Mientras, Lituania, Estonia, Letonia y Polonia están tratando de impulsar un nuevo paquete de sanciones. El espacio para sacarlo adelante es cada vez más ajustado, aunque fuentes diplomáticas apuntan a que todavía queda margen en el campo de los productos tecnológicos y de componentes; elementos, además, que Rusia está empleando como sustitutivos en el sector de la defensa. Cada vez más voces exigen también que las sanciones incluyan, aparte de las ya vetadas RT o Sputnik, a otros canales estatales rusos o vinculados al Kremlin, acusados de propaganda y de difundir una retórica beligerante que apoya la guerra de Rusia en Ucrania. Espacios, como el Primer Canal, que se emiten a través de satélites europeos (como el francés Eutelsat o el luxemburgués SES) en Rusia o países de África, y que, además, pueden verse a través de esas frecuencias en algunos países de la UE.

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Sobre la firma

María R. Sahuquillo

Es jefa de la delegación de Bruselas. Antes, en Moscú, desde donde se ocupó de Rusia, Ucrania, Bielorrusia y el resto del espacio post-soviético. Sigue pendiente de la guerra en Ucrania, que ha cubierto desde el inicio. Ha desarrollado casi toda su carrera en EL PAÍS. Además de temas internacionales está especializada en igualdad y sanidad.

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