El consenso del G-20 evidencia la debilidad de Rusia

El acuerdo recoge la condena de la guerra rusa en Ucrania por parte de la mayoría de miembros del grupo y reprueba el recurso a amenazas nucleares

Líderes del G-20 participan en un acto de plantación de manglares en el Parque Forestal Tahura Ngurah Rai de Bali, este miércoles.
Líderes del G-20 participan en un acto de plantación de manglares en el Parque Forestal Tahura Ngurah Rai de Bali, este miércoles.MAST IRHAM / POOL

Los países del G-20, una agrupación que representa el 80% del PIB y el 60% de la población mundial, lograron cerrar la cumbre celebrada en Bali, en Indonesia, con una declaración de consenso que frena la deriva de confrontación y división en la arena geopolítica mundial y evidencia la debilidad creciente de Rusia. El acuerdo afirma que “la mayor parte” de los miembros del grupo “condenan firmemente la guerra en Ucrania”, añadiendo que “otros mantienen puntos de vista diferentes”; reclama que la era actual “no puede ser una de guerra”; considera “inadmisible el uso o la amenaza de uso de armas nucleares”, en una evidente referencia a los discursos de Vladímir Putin, y lamenta cómo la guerra —que indudablemente ha sido lanzada por Rusia— golpea a la economía mundial.

En conjunto, se trata de un resultado poco favorable para el Kremlin. Sin embargo, ante la voluntad generalizada de sostener ese consenso, Moscú consideró mejor opción dejarlo pasar sin esgrimir un veto formal o pretender una nota que cristalizara su disenso que oponerse en una soledad que habría resultado más clara y explícita que nunca. Frente a la confrontación total con Occidente que promueve Rusia intentando atraerse en el intento a otros países autoritarios o naciones no alineadas, el G-20 celebrado en la localidad balinesa de Nusa Dua optó por otra cosa. Como dijo el presidente de Francia, Emmanuel Macron, el consenso tiene la gran virtud de “evitar una división del mundo” (que se habría profundizado sin una declaración conjunta) y demostrar que “existe un espacio de convergencia para empujar a Rusia hacia la desescalada”.

La positiva reunión bilateral mantenida entre Joe Biden y Xi Jinping en Bali el lunes también representa un elemento significativo para estabilizar la tensa situación internacional. Xi mantuvo encuentros constructivos con otros países occidentales. Estos por supuesto no representan una solución a los problemas de fondo, pero son un paso en la dirección de destensar y sin duda no encajan bien con la estrategia de bloques enfrentados que mantiene Moscú.

El G-20 ha evidenciado, pues, que China no quiso defender a Rusia hasta el punto de llevar la reunión a la ruptura: Pekín tiene mucho interés en la continuidad del sistema económico global, del que el G-20 es un estandarte. Occidente, por su parte, aceptó un lenguaje menos duro de lo que creía oportuno, con la consideración de que era fundamental enviar un mensaje político de vitalidad en este foro que aúna a grandes potencias desarrolladas y economías emergentes. Aun así, los países occidentales logran múltiples referencias a la guerra, que era su objetivo.

Significativamente, el presidente ruso, Vladímir Putin, evitó acudir, y el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, se marchó al final de la primera jornada, lamentando que Occidente hubiese buscado la “politización” del G-20. La mera inclusión reiterada del vocablo ‘guerra’ en la declaración de los líderes es incómoda para el Kremlin, que evita usar esa palabra. Al respecto, Lavrov dijo que sí que hay una guerra, pero que no sería otra que la “híbrida lanzada desde hace años por Occidente contra Rusia”.

Únete a EL PAÍS para seguir toda la actualidad y leer sin límites.
Suscríbete

El acuerdo se selló en medio de graves turbulencias de última hora, con una oleada de ataques con misiles lanzados por las fuerzas rusas contra Ucrania ―calificados de “bárbaros” por parte de los líderes occidentales del G-20― en la primera jornada de la cumbre y la fortísima tensión desatada por la caída de un proyectil en territorio de Polonia, miembro de la OTAN. Fuentes diplomáticas subrayan la buena labor del país anfitrión, Indonesia, y el vigoroso empuje de la India, próxima presidencia rotatoria, para que se alcanzara un acuerdo.

Desde la izquierda, el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden; el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez; el canciller alemán, Olaf Scholz, y el primer ministro holandés, Mark Rutte conversan durante una visita a una zona de siembra de manglares en el Parque Forestal de Manglares Tahura Ngurah Rai, este miércoles en Bali.
Desde la izquierda, el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden; el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez; el canciller alemán, Olaf Scholz, y el primer ministro holandés, Mark Rutte conversan durante una visita a una zona de siembra de manglares en el Parque Forestal de Manglares Tahura Ngurah Rai, este miércoles en Bali.Borja Puig De La Bellacasa / Moncloa

Pedro Sánchez, que participó en la reunión de emergencia organizada por Biden para abordar la crisis de Polonia y después estuvo charlando con el presidente de Estados Unidos en uno de los momentos de relax de la cumbre, antes de una visita a los manglares de Bali, insistió en que España respalda absolutamente a Varsovia y la investigación en marcha y condena la nueva oleada de ataques rusos en Ucrania.

La delegación española se mostró optimista ya el martes, cuando vio que se lograba pactar un comunicado conjunto y que Lavrov se quedaba a escuchar a todos los intervinientes, al contrario de lo que hizo en otras ocasiones. Todo se vino abajo cuando llegaron las primeras noticias de la nueva ofensiva en Ucrania. Durante esta cumbre, Sánchez ha logrado sostener una cita bilateral importante, con el chino Xi, y una larga charla informal con Biden. “El principal mensaje de España es que la unidad es más necesaria que nunca”, remató el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares.

El comunicado final de los líderes aborda también múltiples cuestiones, muchas de especial interés para el sur global, como la seguridad alimentaria —el G-20 alentó a prolongar el pacto del mar Negro para la exportación de grano de Ucrania—, energética o sanitaria.

En materia de cambio climático, mientras se desarrolla la COP27 en Egipto, los países del G-20 afirmaron su compromiso de esforzarse para conseguir el objetivo de limitar a 1,5 grados el aumento de la temperatura con respecto a la era preindustrial.

En cuanto a las turbulencias económicas que sacuden el mundo, hubo amplias referencias al asunto, y los líderes prometieron políticas fiscales “temporales y focalizadas” —lenguaje que encaja con las recomendaciones, entre otros, del BCE— que atenúen el golpe para los más expuestos a la inflación y los riesgos de recesión. También señalaron su preocupación por las señales de deterioro de la sostenibilidad de las deudas públicas de algunos países de renta media.

La presidencia de Indonesia, país de 280 millones de habitantes con un considerable ritmo de crecimiento económico en la última década, trató en todo momento de evitar que las fortísimas tensiones en el eje Este-Oeste ―entre Occidente y Rusia, pero también entre EE UU y China― opacaran por completo las expectativas del Sur Global ante el Norte próspero del mundo.

El resultado final está desprovisto de compromisos concretos, como suele ser habitual para un foro de este tipo, pero la alta asistencia de líderes a la cumbre y la adopción de un comunicado que reconoce muchas de las cuestiones de interés para esa área del mundo representan un balance valioso en un tiempo como el actual.

Sigue toda la información internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites
Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS