La comisión del asalto al Capitolio aborda la última oportunidad para hacer responsable a Trump

El comité que investiga el ataque del 6 de enero de 2021, aplaza su novena audiencia, pero prevé emitir su informe antes de final de año

Segunda de las sesiones del comité del 6 de enero, celebrada el 16 de junio de 2022.
Segunda de las sesiones del comité del 6 de enero, celebrada el 16 de junio de 2022.POOL (REUTERS)

Washington está en vilo ante la vuelta de la serie de mayor éxito de la temporada; las audiencias televisivas del comité bipartidista del Congreso de Estados Unidos que investiga el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021. Regresarán tras un receso veraniego y para emitir, aunque aún no es seguro, su último capítulo, el noveno. La sesión estaba prevista para este miércoles, pero el huracán Ian ha obligado a aplazarla sine die. Cuando finalmente llegue la nueva fecha, los showrunners, siete demócratas y dos republicanos que llevan las riendas de la investigación, comparecerán en el solemne salón del edificio Cannon del Capitolio para presentar nuevas pruebas y abrochar una trama que comenzó a desplegarse en junio pasado en horario de máxima audiencia y con una cuidada puesta en escena. El objetivo es presentar antes de final de año un informe anatómico de aquel instante de violencia.

En capítulos anteriores, se contó la historia de un presidente voluble y temerario, Donald Trump, que se negó (y aún se niega) a aceptar su derrota electoral en las elecciones presidenciales de noviembre de 2020, que llevaron a la Casa Blanca a su contrincante, Joe Biden, pese a que las evidencias no dejaban lugar a dudas y a que muchos de sus colaboradores y algunos familiares, como su hija Ivanka y su yerno, Jared Kushner, trataron de sacarle sin éxito de su error. Que ese líder convocó a sus partidarios en Washington a un mitin destinado a amedrentar al Congreso e incidir en el proceso de certificación de los votos del colegio electoral, hasta entonces, un trámite siempre pacífico. Que antes había agotado todas las vías para lograr sus objetivos: trató de manipular al Departamento de Justicia en su provecho y de influir en funcionarios republicanos de Georgia para que no dieran por bueno un recuento que ha salido airoso en 61 de las 62 demandas que lo han puesto en duda por todo el país (en la que no, la revisión no alteró el resultado). Que el 6 de enero trató de ponerse al frente de la turba, que sabía que iba armada. Y que cuando los servicios secretos no le dejaron hacerlo, se sentó de brazos cruzados mientras veía por televisión, desde el comedor contiguo al Despacho Oval, cómo los insurrectos asaltaban la sede de la democracia estadounidense, al grito de “colguemos a Mike Pence”, su vicepresidente.

El diseño de las sesiones del comité ha sido hasta ahora temático, para ir pintando por partes un cuadro general de aquellos ominosos meses. ¿Qué ángulo queda por tocar en la próxima audiencia? A diferencia de ocasiones anteriores, no han querido desvelarlo. “Creo que será potencialmente más amplio [en su enfoque] que las otras audiencias. Pero al mismo tiempo será... muy temático. Se centrará en un elemento clave del complot de Donald Trump para anular las elecciones. Y el público ciertamente verá cosas nunca vistas”, dijo uno de los miembros de la comisión, el demócrata Adam Schiff (Massachusetts) el domingo pasado en una entrevista con el programa de la CNN State of the Union.

El comité se disolverá a finales de año. Se espera que de las elecciones del próximo mes de noviembre, en la que están en juego la totalidad de los escaños de la Cámara de Representantes y un tercio de los del Senado, salga un congreso controlado por el Partido Republicano, y se espera que Kevin McCarthy, que se perfila como su presidente en sustitución de Nancy Pelosi, entierre una investigación en la que, cuando se constituyó el comité, los suyos se negaron a participar (los dos que sí accedieron, Adam Kinzinger, representante por Illinois, y Liz Cheney, por Wyoming, tienen ambos un pie fuera del partido).

Antes de eso, el comité emitirá su informe definitivo, que llegará tras la cita en las urnas, aunque, según fuentes del comité consultadas por este diario, es posible que traten de servir un aperitivo antes de noviembre. El principal problema al que se enfrentan, como ha reconocido uno de sus miembros más activos, el demócrata por Maryland Jamie Raskin, es la ingente cantidad de pruebas que tienen a su disposición tras más de un año de trabajo y más de 1.000 entrevistas.

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El matrimonio Virginia 'Ginni' Thomas, activista ultraconservadora, y Clarence Thomas, magistrado del Supremo de Estados Unidos, en octubre de 2021.
El matrimonio Virginia 'Ginni' Thomas, activista ultraconservadora, y Clarence Thomas, magistrado del Supremo de Estados Unidos, en octubre de 2021.DREW ANGERER (AFP)

Esos interrogatorios continúan. A finales de la semana pasada, lograron que accediera a declarar Virginia Ginni Thomas, activista conservadora y esposa del juez del Tribunal Supremo, tal vez el más extremo, Clarence Thomas. Ginni es uno de los personajes más siniestros del vodevil washingtoniano.

El comité busca información sobre su papel en los meses previos al 6 de enero. De momento, está probado que envió mensajes de texto a Mark Meadows, el exjefe de gabinete de la Casa Blanca, entre noviembre de 2020 y enero de 2021, presionándole para que tomara medidas para impedir la victoria de Biden. Después de que el Congreso certificara el triunfo del actual presidente, criticó a Pence en una comunicación con Meadows por negarse a interrumpir el recuento de los votos del 6 de enero. “Estamos viviendo lo que parece el fin de Estados Unidos”, dijo. También están interesados en su relación con el abogado John Eastman, otro conspicuo colaborador de Trump, que presionó al vicepresidente para evitar que echaran al jefe de la Casa Blanca. “Al comité le consta que Eastman trató de armar listas alternativas de electores para detener el recuento del 6 de enero”, le dijeron a Virginia Thomas por carta Bennie Thompson, demócrata de Misisipi, y Cheney, presidente y vicepresidenta de la comisión.

Entre tanto, los medios estadounidenses airean detalles de la montaña de pruebas que manejan los congresistas. Las últimas: hay constancia de que el día de autos una llamada de nueve segundos de contenido desconocido salió de un teléfono de la Casa Blanca con destino a un insurrecto, un tipo de 26 años llamado Anton Lunyk, llegado a Washington desde Nueva York, y se ha conocido este lunes una grabación hecha por un documentalista danés en la que se ve a Roger Stone, unos de los fieles escuderos más radicales de Trump, decir poco antes de las elecciones de 2020: “A la mierda con la votación, vayamos directamente a la violencia”.

Y como en toda serie que se precie, también en esta hay un secundario robaplanos. Se trata de Denver Riggleman, un experimentado oficial de inteligencia militar y excongresista republicano que ha estado trabajando con el comité y habló el domingo con el longevo programa de la CBS 60 minutes para destapar las interioridades de la investigación, que ha plasmado en un libro publicado este martes, The Breach (el asalto). Y no, a sus nueve miembros no les ha gustado el spoiler (o destripe).

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Sobre la firma

Iker Seisdedos

Es corresponsal de EL PAÍS en Washington. Licenciado en Derecho Económico por la Universidad de Deusto y máster de Periodismo UAM / EL PAÍS, trabaja en el diario desde 2004, casi siempre vinculado al área cultural. Tras su paso por las secciones El Viajero, Tentaciones y El País Semanal, ha sido redactor jefe de Domingo, Ideas, Cultura y Babelia.

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