Letta dimite como líder socialdemócrata tras las críticas a su estrategia de no pactar con el Movimiento 5 Estrellas

“Haremos una oposición dura e intransigente. No permitiremos que Italia se separe de los valores europeos”, asegura el secretario del Partido Democrático, que convocará un congreso al que no se presentará

El líder de los socialdemócratas italianos, Enrico Letta, comparece este lunes en la sede del partido en Roma.
El líder de los socialdemócratas italianos, Enrico Letta, comparece este lunes en la sede del partido en Roma.ALBERTO PIZZOLI (AFP)

Enrico Letta, secretario general del Partido Democrático (PD), decidió no comparecer la noche del domingo. Era tarde, y el resultado, demasiado confuso para un análisis urgente. Profesor y estudioso de la política, el líder de los socialdemócratas italianos esperó hasta la mañana siguiente. Su partido había mejorado ligeramente los resultados obtenidos por Matteo Renzi en 2018. Pero no había motivos para la alegría. Pasaban a ser irrelevantes. Y, sobre todo, se hacía evidente que si no hubiese renunciado a formar una coalición con el Movimiento 5 Estrellas, habría podido configurar un artefacto electoral competitivo. El problema, sin embargo, viene de lejos. El PD, desde su fundación en 2007, ha hecho malabarismos para mantenerse en el poder. Como los organismos unicelulares, lo único que ha conseguido es reproducirse hasta el infinito a través de la escisión. De nuevo, su líder dimitirá. Letta anunció en una rueda de prensa que convocará un congreso y no volverá a presentarse: “Mi liderazgo terminará ahí”.

El PD no ha obtenido un mal resultado (19%). Será la principal fuerza de la oposición. Pero la sangría de votos por la opción uninominal en las papeletas electorales ha sido tremenda, incluso en lugares como el centro de Roma o Livorno, bastión inexpugnable de la izquierda. La travesía en el desierto que le espera aumentará todavía más el desgaste que ha sufrido en los últimos años y que Letta intentaba corregir con una profunda renovación del partido. El lunes por la mañana, con las ideas más claras, compareció ante la prensa. “Vamos a la oposición con una gran determinación. Haremos una oposición dura e intransigente. No permitiremos que Italia salga del corazón de Europa, donde es justo que esté. No permitiremos que Italia se separe de los valores europeos y de los valores constituyentes”, proclamó.

A Letta se le reprochará la incapacidad para llegar a acuerdos con aliados. La ley electoral italiana, una mezcla entre el sistema mixto y el proporcional, premia enormemente las coaliciones fraguadas a priori. Siendo plenamente consciente de ello, el secretario del PD no quiso pactar con el M5S. “Si hemos llegado al Gobierno de [la líder de Hermanos de Italia, Giorgia] Meloni desde el Ejecutivo de Draghi es por culpa de Giuseppe Conte, que lo hizo caer”, señaló justificando su decisión. “Muchos partidos han trabajado contra nosotros y no contra la derecha. El resultado no nos satisface, pero somos el segundo partido del país y el segundo grupo parlamentario”.

La izquierda italiana no encuentra su lugar en el escenario político italiano. Desde hace más dos décadas, el espectro progresista agoniza lentamente. Matteo Renzi, a quien muchos ni siquiera consideraban que perteneciese realmente a esa órbita, constituyó un extraño paréntesis con su próspero Gobierno. Pero ni siquiera había ganado las elecciones. Su ascenso al poder fue fruto de otro juego de palacio a los que la izquierda se ha habituado en los últimos años para mantener su poder. Aunque fuera a costa de aparecer ante su electorado como una fuerza cada vez más antipática y apegada a la moqueta de los salones de Roma.

El último candidato socialdemócrata salido de unas urnas fue Romano Prodi en 2006, cuando configuró la gran coalición que bautizó como Olivo. Desde entonces, todas las aventuras del PD han pasado por las estrategias postelectorales. Ahora el partido deberá acelerar el rejuvenecimiento de su clase dirigente, empezado ya con Letta. Cuando se convoque el congreso se mirará hacia figuras emergentes como la vicepresidenta de la región de Emilia Romaña, la popular Ely Shlein (la prensa internacional se empeña en compararla con Alexandria Ocasio-Cortez). Pero también habrá que reformular el mensaje, la estrategia y las futuras alianzas.

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Sobre la firma

Daniel Verdú

Nació en Barcelona en 1980. Aprendió el oficio en la sección de Local de Madrid de El País. Pasó por las áreas de Cultura y Reportajes, desde donde fue también enviado a diversos atentados islamistas en Francia o a Fukushima. Hoy es corresponsal en Roma y el Vaticano. Cada lunes firma una columna sobre los ritos del 'calcio'.

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