Los abogados de Trump se quejan de la “dramática” foto de sus documentos secretos

Los letrados protestan tras el relato incriminatorio del Departamento de Justicia

Algunos de los documentos recuperados en la mansión de Trump el pasado 8 de agosto en una fotografía tomada por agentes del FBI.Foto: AP | Vídeo: PATRICIO ORTIZ

Donald Trump ha acusado el golpe. Los abogados del expresidente de Estados Unidos pidieron que un perito independiente revisase los documentos incautados por el FBI en el registro de Mar-a-Lago, su mansión en Palm Beach (Florida). Con ello, sin embargo, dieron al Departamento de Justicia la ocasión de contraatacar, de acusarle de esconder y mover documentos secretos y, además, de publicar una fotografía que habla por sí misma. Los abogados de Trump se han quejado en un escrito ante el juez de que la foto se ha publicado sin motivo real solo para provocar un efecto “dramático”.

“La respuesta del Gobierno incluyó gratuitamente una fotografía de materiales supuestamente clasificados, sacados de un contenedor y extendidos por el suelo para provocar un efecto dramático”, dicen las alegaciones de los abogados de Trump. En la fotografía se aprecian a simple vista las portadillas de carpetas con documentos clasificados como secreto y alto secreto y con marcas adicionales que señalan un acceso aún más restringido.

Ampliando la vista, se ven algunas fechas y códigos adicionales de clasificación que los expertos en inteligencia subrayan que se corresponden con información altamente sensible y con la posible identificación de fuentes clandestinas de espionaje. Son secretos de Estado. La fotografía es un duro golpe para Trump en términos de imagen.

El propio expresidente se ha quejado en su red social: “Es terrible la forma en que el FBI, durante la redada de Mar-a-Lago, arrojó documentos al azar por todo el suelo (¡quizás fingiendo que fui yo quien lo hizo!), y luego comenzó a tomar fotos de ellos para que el público los viera. ¿Pensaron que querían mantenerlos en secreto? ¡Suerte que los desclasifiqué!”, ha escrito.

Curiosamente, los abogados de Trump han evitado usar en ningún momento el argumento del expresidente de que “están todos desclasificados”. El Departamento de Justicia también aprovechó el martes para explicar que nunca alegaron tal cosa en meses de rifirrafe por los papeles, no hay la más mínima constancia de que Trump hiciera tal cosa y en el nuevo documento no replican a eso.

Quizá los letrados recuperen en el futuro ese argumento, pero es un arma de doble filo. Por una parte, no le libraría de un posible delito. En una nota al pie de la página 22 del atestado, el agente federal del FBI resalta que la ley de espionaje no se refiere a documentos clasificados sino a “información relativa a la defensa nacional”. Por otra, si Trump dice que había desclasificado los documentos, es un reconocimiento implícito de que sabía que los tenía, lo que debilita la línea de defensa de que se los llevó de la Casa Blanca sin darse cuenta, como alegaron sus abogados en otra carta previa remitida al Departamento de Justicia.

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Detalles adicionales

Pero además del golpe que supone la fotografía, el Departamento de Justicia también ha aprovechado su respuesta para dar algunos detalles adicionales sobre la investigación que dejan en evidencia a Trump y que apuntalan una posible acusación de obstrucción a la justicia. Cuando el agente especial del FBI redactó el atestado para justificar el registro no estaba pensando en que se haría público y no pudo separar qué contar y qué no. Ha sido después el Departamento de Justicia el que ha tenido que ir tachando cientos de líneas en las que se entremezclaban pruebas, testimonios y argumentos.

Ahora, la iniciativa de Trump de solicitar un perito ha permitido a la Fiscalía redactar desde cero un nuevo escrito más incriminatorio contra el expresidente midiendo lo que podía contar y lo que no, sin desvelar información confidencial o que comprometa la investigación, pero articulando un relato más completo y coherente que el que se desprendía del atestado. En particular, el Departamento de Justicia señala que cuando los agentes se presentaron en Mar-a-Lago el pasado 3 de junio para hacer cumplir un requerimiento dictado semanas antes por un gran jurado para llevarse los documentos clasificados que siguiesen allí, los abogados de Trump les impidieron comprobar el contenido de las cajas del almacén donde se encontraban.

La investigación posterior llevó al FBI al convencimiento de que se habían “escondido y movido” de ese cuarto de almacenamiento papeles con marcas de clasificación y de que podía haber intentos de obstruir la acción de la justicia. El nuevo escrito desvela que en el registro se encontraron un centenar de documentos clasificados (hasta ese momento se había hablado de 11 juegos de documentos, pero no se sabía cuántos sumaban). Eso es más del doble de los que los abogados de Trump entregaron como consecuencia del requerimiento de junio, pese a que los letrados de Trump declararon que tras una búsqueda “diligente” habían cumplido el requerimiento por completo.

En su nuevo escrito de este miércoles ante el juez, además de quejarse de la fotografía, los abogados de Trump insisten en que un perito independiente revise los papeles y aceptan que se trate de alguien con permiso para revisar documentos clasificados. “Si se deja sin control, el Departamento de Justicia impugnará, filtrará y publicará aspectos selectivos de su investigación sin ningún recurso para [Trump] más que confiar de alguna manera en la autocontención de los investigadores actualmente incontrolados”, alegan los abogados.

Además, cuestionan el origen de la investigación, que fue descubrir que en las 15 cajas que Trump entregó en enero, un año después de dejar la presidencia, había numerosos documentos secretos que no debían estar en su poder. “La idea de que los registros presidenciales contengan información sensible nunca debería haber sido motivo de alarma”, argumentan como si fuera algo natural que los tuviese en Mar-a-Lago.

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Sobre la firma

Miguel Jiménez

Corresponsal jefe de EL PAÍS en Estados Unidos. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS, donde ha sido redactor jefe de Economía y Negocios, subdirector y director adjunto y en el diario económico Cinco Días, del que fue director.

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