El laborismo británico se reconcilia con el Brexit y promete que el Reino Unido no regresará a la UE

El líder de la oposición, Keir Starmer, supera el tabú de la salida de la Unión Europea y presenta su alternativa para mejorar las relaciones con Bruselas

El líder del Partido Laborista, Keir Starmer, saluda a una votante en Osset el pasado 24 de junio
El líder del Partido Laborista, Keir Starmer, saluda a una votante en Osset el pasado 24 de junioPHIL NOBLE (REUTERS)

Hubo un tiempo no muy lejano en que el Brexit era materia tóxica en la política interna del Reino Unido. Keir Starmer, el líder del Partido Laborista, evitaba hablar del “asunto que empieza con B”, la coletilla usada estos años en la jerga política, consciente de las profundas divisiones que provocó entre los votantes de izquierda, y cómo un buen número de ellos, partidarios de la salida del Reino Unido de la UE, acabaron dando su apoyo a Boris Johnson en las elecciones de 2019. Optó por permanecer agazapado, y comprobar cómo el Gobierno conservador era incapaz de lograr la Arcadia feliz que había prometido, una vez rotas las cadenas con Bruselas.

Starmer ha presentado este lunes sus cinco propuestas para que “el Brexit funcione” (Make Brexit Work) en el Centro para la Reforma Europea, la organización que más ha hecho por mantener vivo y riguroso el debate en el Reino Unido sobre el abandono de la UE. El líder laborista ha sido tajante al afirmar que su partido, en el caso de llegar al Gobierno, no intentará reincorporar al Reino Unido al Mercado Interior o al espacio aduanero comunitario, ni buscará recuperar la libertad de movimiento de personas. Era el modo de cerrar una discusión interna que aún mantienen vivas figuras relevantes del laborismo, como el alcalde de Londres, Sadiq Khan. “Volver a estas discusiones no ayudaría a estimular el crecimiento económico, ni rebajaría los precios de los alimentos, ni mucho menos ayudaría a las empresas británicas a competir en el mundo moderno. Sería simplemente la receta para más división interna”, ha dicho Starmer.

Disipada la niebla de la pandemia, y sus efectos económicos, las consecuencias negativas del Brexit son ya difícilmente disimulables. El comercio exterior se ha reducido notablemente, por culpa de unas fricciones aduaneras que el propio Gobierno de Johnson ha hecho poco por aliviar. El enfrentamiento en torno al Protocolo de Irlanda del Norte, y la amenaza de Londres de desguazarlo unilateralmente, ha reavivado la amenaza de una guerra comercial entre los dos bloques. Y la inflación desatada en el Reino Unido, de un 9% (y la previsión del Banco de Inglaterra de que llegue casi al 11% a finales de año), obedece a causas globales como la invasión de Ucrania y el alza del precio de la energía, sí, pero el Brexit también ha contribuido a que los precios en los supermercados estén en niveles insostenibles, y así lo defienden estudios rigurosos como el elaborado recientemente por el Instituto Peterson de Economía Internacional. Si el 30% de los británicos culpaban en junio de 2021 a la salida de la UE de que su nivel de vida hubiera empeorado, ahora la cifra supone casi la mitad (un 45%), según la reciente encuesta de Ipsos UK.

Con todos estos datos, ha llegado el momento para Starmer de superar el tabú del Brexit y utilizarlo como arma electoral laborista para enfrentarse al Gobierno de Johnson.

Las propuestas laboristas

El Partido Laborista ha criticado con especial dureza la decisión del Gobierno de Johnson de impulsar en el Parlamento una ley que anula de manera unilateral gran parte de las disposiciones del Protocolo de Irlanda del Norte, el delicado texto negociado entre Londres y Bruselas para encajar a esa conflictiva región británica en la era surgida tras el Brexit. Starmer propone buscar soluciones prácticas como un nuevo acuerdo en materia agrícola-ganadera que permita homologar la normativa y controles entre ambos bloques y que elimine gran parte de los controles actuales. Y algo similar en materia de exportaciones, con esquemas comerciales de confianza mutua que ayuden a reducir el papeleo. En realidad, las propuestas de Starmer no difieren mucho de las presentadas recientemente por Downing Street. La diferencia reside en la insistencia del laborismo en reducir los problemas a través de la negociación con Bruselas, y no a través del incumplimiento unilateral de las obligaciones internacionales. “La diferencia clave está en que el Reino Unido debe volver a ser un agente negociador respetado y en quien se confíe”, ha asegurado Starmer.

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El mismo acuerdo para coordinar la normativa sanitaria entre Londres y Bruselas, asegura Starmer, podría extenderse a todo el Reino Unido. Se someterían a un proceso de reconocimiento mutuo que facilitara las cosas a las empresas, del mismo modo que los estándares de calidad entre el Reino Unido y la UE, ha asegurado el líder laborista. Algo parecido propuso en su momento la ex primera ministra conservadora, Theresa May, cuando intentaba sacar adelante su propio acuerdo del Brexit. En su caso, tuvo que acceder a que productos clave se sometieran directamente a la normativa comunitaria. Y Starmer haría frente, en su caso, al mismo problema de falta de confianza de Bruselas, a la que difícilmente convence una propuesta basada exclusivamente en la buena fe.

Las propuestas de Starmer, que se completan con la idea de facilitar el reconocimiento mutuo de capacitaciones profesionales (que un abogado de la UE o uno del Reino Unido tengan más fácil el acceso mutuo a sus respectivos mercados), el incremento de los convenios de investigación científica, y un nuevo pacto en materia de seguridad, no difieren mucho de todo lo que persigue el Gobierno de Boris Johnson. Pero marcan una aparente diferencia de talante, con la voluntad de negociar y entenderse con la UE en vez de utilizar constantemente el Brexit como arma arrojadiza y excusa para disipar los problemas políticos internos. Sobre todo, sirve para poner sobre la mesa el asunto del que nadie quería hablar, y que sigue afectando intensamente el día a día de los británicos.

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Sobre la firma

Rafa de Miguel

Es el corresponsal de EL PAÍS para el Reino Unido e Irlanda. Fue el primer corresponsal de CNN+ en EE UU, donde cubrió el 11-S. Ha dirigido los Servicios Informativos de la SER, fue redactor Jefe de España y Director Adjunto de EL PAÍS. Licenciado en Derecho y Máster en Periodismo por la Escuela de EL PAÍS/UNAM.

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