El G-7 acuerda elevar la presión sobre Rusia y lanza advertencias a China

Las potencias democráticas activan el diseño de un mecanismo de tope del precio del crudo y el gas rusos y reclaman a Pekín que frene la guerra rusa en Ucrania

Los líderes del G-7, con el presidente Joe Biden y el canciller Olaf Scholz en primer plano, este martes durante su reunión en la localidad alemana de Elmau.
Los líderes del G-7, con el presidente Joe Biden y el canciller Olaf Scholz en primer plano, este martes durante su reunión en la localidad alemana de Elmau.Liesa Johannssen-Koppitz (Bloomberg)

Las conclusiones de la cumbre anual del G-7 celebrada desde el domingo en la localidad alemana de Elmau son el retrato de un orden mundial en estado de peligrosa convulsión. Los líderes de las grandes democracias industrializadas aprovecharon la cita para advertir de que seguirán imponiendo “costes económicos inmediatos y graves” al régimen de Putin y, a la vez, para tratar de afinar su estrategia ante la guerra rusa en Ucrania. En ese sentido, acordaron explorar vías para establecer límites al precio de las exportaciones de combustibles fósiles rusos, un giro con respecto a las insatisfactorias estrategias utilizadas hasta ahora.

Pero el comunicado final de este martes también reserva una amplia serie de advertencias a China con respecto a sus actividades de proyección de influencia en el sudeste asiático, sus prácticas económicas y el trato a la minoría uigur. Los Siete reclaman además a Pekín que presione a Moscú para frenar su guerra. En conjunto, las conclusiones describen un mundo en creciente polarización entre el bando de las democracias y el núcleo autoritario conformado por Rusia y China, un cuadro que probablemente seguirá definiéndose en esas mismas líneas en la cumbre de la OTAN que se celebra esta semana en Madrid.

Frente a Rusia, el aspecto más novedoso es la disposición a explorar mecanismos para aplicar topes de precios en las exportaciones de gas y petróleo. Se trata de una tarea sumamente compleja, y las conclusiones apuntan a ella de forma muy genérica, anunciando el inicio de estudios técnicos para implementarla e invitando a otros países a sumarse. La constatación de una dinámica por la que, con las actuales sanciones, Rusia sigue logrando altos ingresos mientras los precios se desbocan para los consumidores ha propiciado el giro. El G-7 aspira a ampliar al máximo el potencial de funcionamiento de estos mecanismos, y en el caso del crudo se contempla la posibilidad de prohibir el recurso a servicios financieros, de transportes o de aseguradoras occidentales a quienes no respeten el eventual tope.

Las dificultades en materia energética también han convencido a los Siete a abrir algunas excepciones al compromiso de evitar inversiones públicas en el sector de los combustibles fósiles. Bajo la presión de Alemania e Italia, especialmente expuestos a la dependencia del gas ruso, el comunicado final recoge la idea de que en las actuales “circunstancias excepcionales” puede ser adecuado promover inversiones en el sector del gas con apoyo público. Este mensaje político ha causado malestar entre los partidarios de proceder con decisión en la senda de la lucha contra el cambio climático.

La cumbre ha exhibido otras iniciativas para elevar la presión sobre Rusia, como la próxima entrega por parte de EE UU de sistemas avanzados de defensa antiaérea de medio-largo alcance, un tipo de armamento con mayor calado estratégico con respecto al suministrado hasta ahora, o la voluntad manifestada por varios miembros del G-7 de establecer una prohibición de las importaciones de oro ruso —activada este mismo martes por Washington—, otra significativa fuente de ingresos para Moscú.

Los resultados insatisfactorios del actual régimen de sanciones energéticas, la muy precaria componenda entre superar los problemas actuales de suministro mientras se mantiene la ambición climática y la necesidad de escalar el apoyo armamentístico a Kiev demuestra la enorme complejidad del reto planteado por Rusia.

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El canciller alemán, Olaf Scholz, insistió en que las sanciones contra el régimen de Vladímir Putin se prolongarán todo el tiempo que sea necesario: “Todas las que impusimos tras Crimea siguen ahí. Las que siguieron al levantamiento instigado por Rusia en Donbás siguen ahí. Y lo mismo ocurrirá con las que tomamos ahora, que son mucho más graves”. “Solo hay una salida: que Putin acepte que sus planes en Ucrania no tendrán éxito”, ha asegurado este martes en una comparecencia de cierre de la cumbre.

La cita de las siete mayores potencias democráticas en el castillo de Elmau, en los Alpes bávaros, se ha cerrado con “un mensaje de unidad”, subrayó Scholz, el anfitrión del encuentro, frente a la “guerra brutal” de Putin. Del mismo modo que las sanciones “se incrementarán y se mantendrán” en el tiempo, también el apoyo a Ucrania será “ilimitado”, aseguró el canciller, que empezó su intervención condenando el ataque ruso con misiles a un centro comercial en Ucrania el lunes.

Los líderes del G-7 seguirán hablando a partir de mañana en la cumbre de la OTAN en Madrid, a donde se desplazan directamente desde este paraje montañoso de Baviera cercano a la frontera con Austria. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se marchó antes de lo previsto y antes de la última sesión plenaria para evitar el mal tiempo. La lluvia empezó a caer durante la rueda de prensa de Scholz, celebrada en un prado con el castillo de Elmau de fondo.

Las consecuencias de la guerra no se limitan al sector energético. La desestabilización avanza en múltiples sentidos, entre ellos una inquietante crisis alimentaria global. Los países del G-7 han anunciado un desembolso de 4.200 millones de euros para apoyar a los segmentos de la población mundial más golpeados por la subida de precios y la escasez de productos. Las grandes democracias industrializadas también manifestaron su intención de reforzar la producción de fertilizantes, otro producto cuyo mercado se ha visto alterado por el conflicto.

Reproches a Pekín

Sin embargo, pese a la absoluta centralidad de la emergencia ucrania, los Siete no pierden de vista el reto representado por el auge de China. El comunicado final contiene una elocuente serie de reproches y advertencias a Pekín.

El G-7 reclama a Pekín que se abstenga de intimidaciones, amenazas y uso de la fuerza en su región; le advierte de que trabajará para contrarrestar lo que considera prácticas que distorsionan del mercado; llama a respetar los derechos humanos en las regiones chinas de Xinjiang y Tibet; y reclama que China se alinee con las resoluciones de la Asamblea General de la ONU y de la Corte Internacional de Justicia contra la invasión rusa en Ucrania.

El canciller Scholz, que ha ejercido la moderación frente a los intentos de Estados Unidos de endurecer todavía más en el comunicado final en lo que respecta a China, aseguró que confía en que Pekín “no socave” las sanciones que han impuesto las potencias occidentales.

Estas turbulencias globales marcarán sin duda la cumbre de la OTAN de Madrid y otros importantes foros de cooperación internacional. La presencia de Vladímir Putin en la reunión del G-20 que se celebrará en noviembre en Indonesia no debería ser motivo para que los líderes occidentales boicoteen la cita. Ese es el parecer, al menos, de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y del canciller Scholz, que este martes ha confirmado que acudirá a la cumbre aunque el presidente ruso también esté allí. Países como el Reino Unido no han descartado ese posible boicot. Sin embargo, no está claro que la participación de Putin vaya a ser presencial. Según el primer ministro italiano, Mario Draghi, el presidente indonesio —una de las naciones invitadas al G-7 junto con Argentina, India, Senegal y Sudáfrica— ha asegurado en Elmau que intervendrá por videoconferencia.

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