Washington y Bruselas temen que Rusia precipite el final de la vía diplomática

Estados Unidos y Ucrania sospechan que Moscú está detrás del ciberataque a páginas web del Gobierno de Kiev

A la izquierda, la subsecretaria de Estado de Estados Unidos, Wendy Sherman, con la presidenta del Comité de Política de Seguridad, Delphine Pronk.
A la izquierda, la subsecretaria de Estado de Estados Unidos, Wendy Sherman, con la presidenta del Comité de Política de Seguridad, Delphine Pronk.JOHN THYS (AP)

Estados Unidos y la Unión Europea sospechan que Rusia solo intenta escenificar falta de flexibilidad por parte de Occidente cuando se siente para negociar una solución al conflicto con Ucrania, justificando así poner fin a la vía diplomática. Esto es, de forma indirecta, lo que hay detrás de las acusaciones de Washington a Moscú cuando achaca al Kremlin urdir un pretexto para invadir de nuevo a su vecino occidental. Y también son las conclusiones que sacan de sus encuentros con los negociadores rusos. “Habrá al menos una ronda más de negociación entre EE UU y Rusia para permitir a [Vladimir] Putin argumentar que ha intentado la vía diplomática. Serguéi [Riabkov, viceministro ruso de Asuntos Exteriores] tenía las instrucciones de dar la impresión de que las conversiones podrían no continuar más”, señala un documento diplomático europeo al que ha tenido acceso EL PAÍS sobre la reunión que mantuvo la subsecretaria de Estado, Wendy Sherman, con los embajadores de los Veintisiete en el Comité Político y de Seguridad del Consejo de la UE para informarles sobre el encuentro del pasado lunes en Ginebra con el citado viceministro.

El pasado martes 11 de enero, un día después de verse con Riabkov, Sherman acudió a Bruselas para preparar con sus socios de la OTAN el encuentro con Rusia que se iba a celebrar el día siguiente en la sede de la Alianza Atlántica en Bruselas. Les contó en privado cómo había ido el encuentro y les informó de las posiciones de Moscú. “Rusia muestra un 100% de rigidez en tres puntos clave de sus demandas subrayadas en los borradores de tratados compartidos en diciembre”, empieza el resumen de dos páginas del encuentro. Los dos primeros puntos, que son rechazados de plano, se refieren a la renuncia de una ampliación de la OTAN y la vuelta a las fronteras militares de 1997. El tercero, “casi imposible”, reclama la garantía de que no habrá armas ofensivas cerca de la frontera. Con esos tres naipes, como en la brisca, volvió a presentarse la delegación rusa en la sede de la Alianza, como esperaba Sherman.

En la base de las demandas rusas actuales, para las que el conflicto de Ucrania juega el papel de punta de lanza, está una interpretación radicalmente distinta a la que se hace de la Carta de París, firmada en 1990, y del acta fundacional de 1997 del Consejo OTAN-Rusia, el órgano que se reunió el pasado miércoles. La primera, todavía suscrita por la URSS, buscaba reforzar la democracia, los derechos humanos y el derecho a la autodeterminación de los Estados, algo que choca ahora con la pretensión de Putin de la vuelta a “esferas de influencia” de la Guerra Fría, como denuncia el alto representante de la UE para la Política Exterior, Josep Borrell y que también apareció en la reunión de la que dio cuenta Sherman. La diplomática estadounidense le habría reiterado a su contraparte en Ginebra que “Rusia no tiene derecho de veto sobre el derecho de otros Estados soberanos a llegar a sus propios acuerdos de seguridad ni sobre esferas de influencia”. Sobre el acuerdo de 1997, fuentes occidentales subrayan que “el único compromiso fue el de no instalar misiles nucleares en los nuevos aliados del Este y se ha cumplido totalmente”.

Las sospechas de Sherman se pudieron reforzar el pasado viernes, cuando el jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov, recalcó que a Moscú se le ha “acabado la paciencia”. “Con buena voluntad siempre es posible encontrar una solución mutuamente aceptable”, añadió, pero a continuación subrayó que Rusia se estaba preparando para cualquier evento.

Esta última opción es la que ya ven como más probable en muchas cancillerías occidentales. “A Putin le va a ser muy difícil no hacer nada ahora. Ha llegado muy lejos”, apuntaba una fuente diplomática este sábado. Y a partir de ahí comenzaría el despliegue de “trucos” con los que buscar excusas para justificar la invasión que se teme desde que Estados Unidos hizo público que Moscú había apostado unos 100.000 soldados en la frontera con Ucrania. La misma fuente señala que la ocupación no es el único escenario que contempla Occidente, también están los ataques cibernéticos.

Precisamente esto es lo que sucedió el viernes pasado. Varias páginas web del Gobierno ucranio fueron atacadas y la Administración de Joseph Biden tiene claro por dónde empezar a buscar al culpable: “Forma parte de las herramientas de Rusia”, ha declarado este domingo una alta responsable del Departamento de Estado, Victoria Nuland, al diario Financial Times. La responsable estadounidense no llega a señalar inequívocamente a Moscú, pero sí recuerda que ya ha hecho cosas similares en el pasado y que forma parte de su modus operandi. Sí da el paso Ucrania, según la agencia AFP, al afirmar que tiene “evidencias” de que su gran vecino oriental está detrás de lo sucedido.

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En la cita de Sherman con sus aliados también se habló de coordinar la comunicación por la “habilidad de Rusia para la desinformación”. Esto llevó a la estadounidense a pedir a los socios que se combata en este campo con “informes, llamadas telefónicas, conferencias de prensa”, incluso “retuiteándose” unos a otros y escenificando una gran unidad. Horas antes, Estados Unidos había emitido un comunicado en el que daba cuenta de, al menos, 100 tipos de contactos (reuniones, llamadas) con sus aliados sobre la crisis actual.

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Sobre la firma

Manuel V. Gómez

Es corresponsal en Bruselas. Ha desarrollado casi toda su carrera en la sección de Economía de EL PAÍS, donde se ha encargado entre 2008 y 2021 de seguir el mercado laboral español, el sistema de pensiones y el diálogo social. Licenciado en Historia por la Universitat de València, en 2006 cursó el master de periodismo UAM/EL PAÍS.

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