La CDU elige al derechista Merz para liderar la era pos-Merkel

Las bases democristianas han votado abrumadoramente por un giro conservador al elegir con el 62% de los votos al enemigo histórico de la canciller

El futuro presidente de la CDU, Friedrich Merz, entre los otros dos candidatos, Helge Braun (izquierda) y Norbert Röttgen, durante el acto de presentación de los resultados, este viernes en Berlín.
El futuro presidente de la CDU, Friedrich Merz, entre los otros dos candidatos, Helge Braun (izquierda) y Norbert Röttgen, durante el acto de presentación de los resultados, este viernes en Berlín.FILIP SINGER / POOL (EFE)

El fin de la era Merkel también lo es para su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU) alemana, que este viernes ha elegido cerrar el periodo centrista que dominó la excanciller en las últimas dos décadas y virar hacia la derecha. Friedrich Merz, de 66 años —un político liberal en lo económico y conservador en lo social— se convertirá en el próximo presidente de los democristianos tras superar ampliamente a sus dos rivales, los centristas Norbert Röttgen y Helge Braun, en una votación entre las bases del partido.

Con más del 62% de los votos, los afiliados han apoyado masivamente el giro a la derecha que representa Merz, rival histórico de Angela Merkel y que se presentaba por tercera vez para liderar la formación. El resultado de esta inédita consulta deberá ser ratificado en un congreso virtual en enero que se presenta casi como un trámite: nadie duda de que los delegados escucharán la contundente opinión de la militancia. Merz ha tenido que esperar más de 20 años, pero ha acabado derrotando a su eterna némesis. El legado de Merkel ha empezado a desdibujarse apenas una semana después de abandonar el poder.

La estrepitosa derrota en las elecciones del pasado 26 de septiembre obligó a la CDU a replantearse su futuro, tanto en la cuestión del liderazgo como en el rumbo ideológico del antaño partido de masas. Armin Laschet, el desafortunado candidato con el que los democristianos concurrieron a los comicios, anunció poco después de la debacle —24,1% de los votos, el peor resultado histórico de la formación— un golpe de timón. La desconexión con las bases y los simpatizantes se había hecho tan evidente que solo cabía renovar todos los cargos directivos y dar voz por primera vez a los más de 400.000 afiliados del partido.

Dos tercios de los militantes participaron en la consulta, que el partido planteó como unas primarias, con un debate a tres y entrevistas retransmitidas en directo para que los candidatos pudieran presentarse. Un formato muy distinto al de los congresos federales, donde vota un selecto grupo de 1.001 delegados, y que benefició a Merz, muy popular entre los militantes de base y no tanto en las estructuras del partido.

El futuro líder de los democristianos aseguró que escuchará y representará a todas las corrientes. “Realmente, a todas”, subrayó Merz en un breve discurso en la Casa Konrad Adenauer, la sede de la CDU en Berlín. El político hereda una formación que no ha conseguido fijar un liderazgo fuerte desde que en 2018 Merkel anunció su salida de la política. Los dos últimos presidentes han durado en el cargo alrededor de un año en una CDU dividida entre el ala más conservadora y la centrista que representaba la excanciller. Merz deberá integrar las diferentes sensibilidades al tiempo que le da un nuevo rumbo al partido; está por ver cómo de escorado a la derecha.

Segunda vida política

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Esta es la segunda vida política de Merz. Considerado un halcón del ala liberal en la economía de la CDU, millonario de los que viajan en avión privado, en los años noventa era una de las mayores promesas del partido. Se afilió muy joven y fue conquistando puestos hasta llegar a liderar el grupo parlamentario. Su carrera se frenó cuando Merkel se hizo con su puesto en 2002 y le orilló hasta que decidió abandonar la política y pasarse a la empresa privada en 2009. Trabajó en su propio bufete de abogados, como asesor en multitud de empresas y también fue presidente del consejo de supervisión en Alemania de BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo. Cuando en 2018 Merkel anunció que dejaba la presidencia del partido y que no se presentaría a las siguientes elecciones, vio abrirse su ventana de oportunidad.

Intentó llegar a la cima del partido por primera vez en el congreso de Hamburgo de diciembre de 2018, donde perdió en segunda vuelta y por muy pocos votos frente a la protegida de Merkel, Annegret Kramp-Karrenbauer, hasta hace unos días ministra de Defensa. Cuando ella tiró la toalla poco después, incapaz de consolidar su liderazgo, Merz volvió a la carga y se enfrentó al actual presidente, Armin Laschet, en enero de 2021. Una vez más, los delegados se vieron en la tesitura de escoger entre la continuidad merkeliana y el marcado perfil conservador de Merz. Tampoco se rindió en la segunda derrota. Vio perder a Laschet y esperó de nuevo su momento.

A la tercera fue la vencida, su victoria póstuma sobre Merkel. Desde que volvió a la arena política, Merz promete recuperar lo que él llama “las esencias del partido”, es decir, bascular de nuevo hacia la derecha para tratar de recuperar al casi un millón de votantes que fueron seducidos en 2017 por la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD). Pero también deberá tener en cuenta que en septiembre más de dos millones y medio de antiguos votos conservadores fueron a parar al actual tripartito (socialdemócratas, verdes y liberales). Sin el centro difícilmente se ganan elecciones.

Abogado de profesión, buen orador, Merz siempre fue muy crítico con la excanciller, especialmente con su política migratoria. Incluso cuando no estaba en política lo llamaban para participar en tertulias políticas como contrapeso a lo que algunos consideraron la “deriva socialdemócrata” de su rival. En esta campaña, sin embargo, ha sido mucho más moderado y ha evitado criticar abiertamente la etapa de Merkel, que se ha despedido después de 16 años en el poder, invicta en cuatro elecciones consecutivas.

Por ahora se desconoce si integrará a sus rivales en su equipo más cercano. Röttgen, de 56 años, exministro de Medio Ambiente de Merkel y presidente de la Comisión de Exteriores del Bundestag, obtuvo el 25,8% de los votos. Era su segundo intento. Compitió contra Merz y Laschet en el congreso de enero pasado. Con un 12,1%, el también centrista Helge Braun, de 49 años, era el único de los candidatos que aportaba algo de novedad al trío que aspiraba al liderazgo conservador. Más joven, del Estado de Hesse (los otros candidatos y Laschet proceden de Renania del Norte-Westfalia) y médico de formación, ha sido hasta hace unos días la mano derecha de Merkel en el Gobierno de gran coalición como ministro de la Cancillería.

Nadie quiere sentarse junto a la ultraderecha en el Bundestag

Los operarios del Bundestag tendrán más trabajo estos días prenavideños. Antes de la próxima sesión deberán tener lista la nueva disposición de los grupos parlamentarios, que exige desmontar y montar sillas, redibujar los pasillos y volver a conectar micrófonos y teléfonos. Los liberales se han salido con la suya y podrán mudarse al centro del hemiciclo, como llevaban intentando desde 2017. No se trataba solo de sentirse mejor representados simbólicamente justo en el medio de los grupos que consideran a su izquierda y a su derecha ideológicamente; sobre todo les pesaba tener que sentarse al lado de los 82 ruidosos diputados del partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD). 

Su lugar lo ocupará ahora el grupo que forman la CDU y su partido hermano bávaro, la CSU, conocido como la Unión. Visto desde la presidencia, los democristianos se mueven hacia la derecha, mientras que los liberales pasan a sentarse al lado de los verdes. Así, los tres socios del tripartito (socialdemócratas, verdes y liberales) quedan agrupados. Varios diputados liberales se quejaron la anterior legislatura de sus vecinos de bancada, que insultan y hacen comentarios impropios a un volumen lo suficientemente alto como para que les escuche el grupo de al lado, pero demasiado bajo para que les oiga la presidenta y les amoneste. 

Los conservadores votaron en contra del cambio este jueves en una sesión bronca. Tampoco querían quedar arrinconados al lado de los ultraderechistas, pero se impuso la mayoría de los partidos de la coalición gobernante. La presidenta del Bundestag, Bärbel Bas, del SPD, había advertido al inicio de la sesión de que no se puede estar discutiendo la disposición de los escaños cada vez que haya elecciones. “El tripartito quiere montar un bloque gubernamental monolítico en el medio”, criticó el diputado de la CDU Thorsten Frei, que se quejó de que su grupo queda “marginado” al lado de AfD. 

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Sobre la firma

Elena G. Sevillano

Es corresponsal de EL PAÍS en Alemania. Antes se ocupó de la información judicial y económica y formó parte del equipo de Investigación. Como especialista en sanidad, siguió la crisis del coronavirus y coescribió el libro Estado de Alarma (Península, 2020). Es licenciada en Traducción y en Periodismo por la UPF y máster de Periodismo UAM/El País.

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