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Francia: la izquierda evanescente

El voto progresista en las elecciones presidenciales francesas no llegará al 30% en la primera vuelta y quedará fuera en la segunda

El líder de La France Insoumise, Jean-Luc Mélenchon, el domingo pasado en Reims.
El líder de La France Insoumise, Jean-Luc Mélenchon, el domingo pasado en Reims.FRANCOIS NASCIMBENI (AFP)

A seis meses de las presidenciales francesas, previstas para el 10 y el 24 de abril del próximo año, las perspectivas electorales de las diferentes candidaturas de izquierda no pueden ser peores. En conjunto, el voto a la izquierda no llegará al 30% de todo el voto válido en primera vuelta, pero la cantidad de candidaturas (hasta siete) hace que el candidato con mejores perspectivas electorales (Mélenchon) no llegue ni al 10% del voto, lo que inevitablemente impedirá que la izquierda, cualquier izquierda, esté presente en la segunda y definitiva vuelta. Nada nuevo, de hecho en las cuatro últimas convocatorias presidenciales en Francia, la izquierda ha estado ausente de la votación decisiva en dos (2002 y 2017), superada por la ultraderecha y por Macron hace cinco años.

La situación es aún más dolorosa para el PS, que las últimas encuestas sitúan en tercer lugar entre las candidaturas de la izquierda, detrás de Mélenchon y del ecologista Jadot. Un mes después de las elecciones federales alemanas, que supusieron el renacimiento de la socialdemocracia, los socialistas franceses se ven abocados a obtener un resultado inferior del catastrófico 6% cosechado por Hamon en 2017.

Para su consuelo, las cosas no pintan mejor a su izquierda. Las estimaciones para el incombustible Mélenchon le sitúan muy lejos del 19% conseguido en la primera vuelta de 2017, cuando su Francia Insumisa casi supera a los conservadores y se quedó a medio millón de votos del pasar el corte. En esta ocasión, una parte importante del voto a Mélenchon parece decidida a votar a los ecologistas, la única opción progresista que mejora sus expectativas respecto a 2017, siguiendo la estela alemana, aunque en ningún caso se prevé que Jadot pueda pasar a la segunda vuelta.

¿Qué ha pasado para que por tercera vez en 20 años la izquierda quedé virtualmente eliminada de la disputa por la presidencia francesa? Básicamente, que el eje del debate político en Francia se viene situando desde hace años en la identidad y la soberanía y no en la tradicional contraposición entre la izquierda y la derecha.

El eje que domina el debate político francés es el que contrapone el repliegue identitario, soberanista, tradicionalista y renacionalizador, con la apertura económica, el europeísmo y el multiculturalismo, lo que beneficia la confrontación de las opciones de derecha dura y de extrema derecha con la posición que encarna el presidente Macron.

Lo que ocurre en Francia ya lo hemos visto en otros lugares: el enfrentamiento urbano/rural de los chalecos amarillos trae reminiscencias del Brexit, mientras que el creciente desplazamiento del voto obrero hacia las opciones de ultraderecha recuerda el voto a Trump del Rust Belt (cinturón industrial) estadounidense. Las encuestas en Francia muestran la paulatina penetración de Le Pen entre los obreros, y el consiguiente debilitamiento del voto de estos a la izquierda.

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Las encuestas muestran un evidente desplazamiento del voto hacia las opciones que mejor representan los polos del nuevo debate, Macron, por un lado, la extrema derecha por el otro. Pero incluso aquí se observa cómo Le Pen se ha visto superada por el irresistible ascenso de la candidatura de Zemmour, más creíble en su crítica a la clase política, brillante y desacomplejado. Según la última encuesta publicada por Ifop, más de dos millones de los que votaron a Le Pen en 2017 optarían hoy por Zemmour, así como 1,7 millones de los que votaron a la derecha tradicional.

Precisamente, la división en el campo de la derecha radical podría acabar permitiendo que el candidato de Los Republicanos se cuele en la segunda vuelta. Eso siempre y cuando los diferentes aspirantes a la candidatura no acaben comiéndose los unos a los otros, algo que ya es habitual en la derecha francesa.

Sin agenda a la que agarrarse, la izquierda francesa se ve abocada a ceder sus votos a las candidaturas mejor situadas en los temas que dominan el debate. Según las encuestas, solo un 30% de los que votaron a Hamon lo harán por Hidalgo. Del resto, la mayor parte va a ir al ecologista Jadot y a Macron. De los votantes de Mélenchon, solo el 37% volverán a confiar en él. Del conjunto de nueve millones de electores que votaron por la izquierda en 2017, solo cinco volverá a votar alguna candidatura de izquierda. Del resto, un millón votará por Macron, 1,7 a Jadot y otro millón a la extrema derecha, ya sea a Le Pen o a Zemmour.

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