La violencia negacionista irrumpe en la recta final de la campaña electoral alemana

El asesinato del empleado de una gasolinera durante una disputa por el uso de la mascarilla conmociona al país

Angela Merkel y Olaf Scholz, en el último Consejo de Ministros de la legislatura antes de las elecciones del domingo.
Angela Merkel y Olaf Scholz, en el último Consejo de Ministros de la legislatura antes de las elecciones del domingo.HENNING SCHACHT / POOL (EFE)

El brutal asesinato de un empleado de gasolinera en una ciudad al oeste de Alemania ha despertado los temores a una radicalización entre los movimientos negacionistas del coronavirus. Un hombre que según la policía actuó “movido por la ira” mató el sábado pasado de un tiro en la cabeza al joven trabajador de 20 años que le había pedido que usara mascarilla dentro del establecimiento. El suceso, ocurrido pocos días antes de las elecciones que se celebrarán el próximo domingo, ha conmocionado a la sociedad alemana y aviva el miedo a que los grupos que protestan contra las restricciones estén virando hacia la violencia.

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Los servicios secretos y la policía llevan meses alertando sobre la radicalización del entorno de los negacionistas del coronavirus. Ya se han producido algunos ataques violentos, sobre todo contra periodistas que cubrían las manifestaciones contra el Gobierno de Angela Merkel, al que acusan de recortar las libertades individuales con la excusa de la pandemia. Los candidatos a canciller se han mostrado consternados por lo sucedido. “Estoy conmocionado por que alguien sea asesinado por querer protegerse a sí mismo y a los demás”, aseguró el candidato socialdemócrata, Olaf Scholz. “Como sociedad, debemos oponernos al odio”. Los temas de campaña han dejado paso al debate sobre la proliferación de teorías conspiratorias y del discurso del odio en redes sociales. El asesino participaba en foros extremistas y seguía en redes a líderes de la ultraderecha, según han publicado varios medios.

Flores en la gasolinera de Idar-Oberstein, donde fue asesinado un joven de 20 años.
Flores en la gasolinera de Idar-Oberstein, donde fue asesinado un joven de 20 años. ANNKATHRIN WEISS (Reuters)

“Estoy muy preocupada por la radicalización de los Querdenker [pensadores laterales o transversales]. Tenemos que enfrentarnos todos juntos a este odio creciente”, dijo en su cuenta de Twitter la candidata de Los Verdes, Annalena Baerbock. “Este odio en nuestra sociedad debe acabarse”, aseguró también el candidato democristiano, Armin Laschet, el martes durante un acto electoral en Hesse. A la CDU le han llovido las críticas por un vídeo de campaña en el que aparece un miembro de los Querdenker interrumpiendo un mitin de Laschet mientras la voz en off asegura que la CDU se caracteriza por hablar con todo el mundo, “también con los que tienen una actitud crítica”, “especialmente con ellos”. El expresidente del Consejo de Ética alemán Peter Dabrock criticó que el partido conservador siga promocionando el vídeo electoral en el que Laschet “se jacta de hablar con un extremista Querdenker después del terrible asesinato terrorista”.

Los expertos han alertado desde el inicio de la pandemia del creciente extremismo de esos grupos que protestan contra las restricciones, que el año pasado protagonizaron protestas de varias decenas de miles de personas en Berlín y otras ciudades alemanas. Consideran que el Gobierno ha suprimido sus derechos fundamentales con la excusa de una pandemia en la que muchos no creen. Entre quienes se manifiestan en estos encuentros hay todo tipo de perfiles: desde negacionistas de la covid-19, antivacunas, esotéricos y personas que se creen y difunden todo tipo de bulos sobre las mascarillas o sobre los efectos de la inmunización, hasta miembros de grupos de extrema derecha.

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El Gobierno reconoció el miércoles que el número de participantes en estos grupos está menguando, pero que su núcleo “se está radicalizando”. Una portavoz del Ejecutivo calificó el asesinato de “insoportable” y lamentó que se esté “utilizando en redes sociales y servicios de mensajería como una oportunidad más de dividir a la sociedad y generar más odio e incitar públicamente a la violencia”. El Gobierno ha detectado que la escalada de violencia “va acompañada de una ola de desinformación y de ideologías conspirativas que se han extendido en los últimos meses, especialmente en cuanto a las medidas gubernamentales por la pandemia de coronavirus”, añadió.

El diario Tagesspiegel ha publicado mensajes de foros extremistas en Telegram en los que varios participantes celebran el asesinato. Se trata de canales en los que habitualmente se comparten mensajes contra la inmigración, los activistas climáticos y los medios de comunicación públicos, según este medio. “Una garrapata menos”, dice un mensaje en Telegram recogido por el diario.

El último informe de la Oficina federal para la protección de la Constitución, el servicio secreto alemán, alerta de que la ultraderecha alemana se ha vuelto más radical y violenta durante la pandemia, aprovechando el caldo de cultivo de las protestas contra las medidas de restricción. Varios sectores dentro de este grupo están bajo vigilancia de los servicios secretos desde abril, ya que hay sospechas de su peligrosidad. Algunos de sus miembros cuestionan la legitimidad del Estado. El asesino de Idar-Oberstein no estaba en el radar de la policía.

La vacunación contra el coronavirus se ha estancado en las últimas semanas, para preocupación de las autoridades, que ya no saben cómo convencer a quienes tienen dudas o se niegan a inmunizarse. El 63,4% de los alemanes tiene la pauta completa, frente al 76,5% de España. El ministro de Sanidad, Jens Spahn, acordó el miércoles con sus homólogos de los Estados federados dejar de pagar compensaciones a los trabajadores alemanes que no están vacunados y deban guardar cuarentena.

Críticas de AfD

Solo uno de los partidos con representación en el Parlamento ha criticado las medidas restrictivas que durante la pandemia ha ido aprobando el Gobierno de gran coalición de Angela Merkel. Alternativa para Alemania (AfD), formación de ultraderecha también bajo vigilancia de los servicios secretos por su radicalización, ha tratado de sacar rédito político del descontento de una parte de la población por medidas como la obligatoriedad de la mascarilla o el toque de queda que durante un tiempo estuvo en vigor en Alemania. Sus dirigentes han calificado las medidas de “antidemocráticas”.

El asesinato se produjo el sábado por la noche en Idar-Oberstein, en el Estado occidental de Renania Palatinado. Los investigadores han podido reconstruir lo sucedido revisando las cámaras de seguridad de la gasolinera. El asesino, Mario N., de 49 años, llegó a la caja para pagar unas cervezas poco antes de las ocho de la tarde. No tenía mascarilla y se enzarzó en una discusión con el empleado, un estudiante de 20 años, que se negó a atenderle. Hora y media más tarde, el hombre se presentó de nuevo frente a la caja con la cerveza. Esta vez llevaba mascarilla, pero no le cubría la cara, según relata la Policía de Trier en un comunicado. Tras otro breve intercambio de palabras, Mario N. sacó un revólver del bolsillo y disparó en la cabeza al estudiante, que murió en el acto.

El agresor huyó a pie. A la mañana siguiente fue detenido frente a la comisaría de Idar-Oberstein, a donde había acudido acompañado de una mujer supuestamente para entregarse. En los primeros interrogatorios, el hombre reconoció que había actuado “por ira” tras la negativa del cajero a venderle cerveza por no llevar mascarilla y que rechazaba las medidas de protección contra el coronavirus. El Frankfurter Allgemeine recoge el testimonio de una vecina de su barrio a la que había insultado y amenazado. “Era muy agresivo y tenía la mecha muy corta”, dijo al diario. Otros vecinos confirmaron que no creía en la pandemia y que les consideraba “locos” por llevar mascarilla. Los investigadores encontraron en su casa la pistola con la que cometió el crimen y más armas de fuego y municiones que no se sabe de dónde sacó; no tenía permiso de armas.

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Sobre la firma

Elena G. Sevillano

Es corresponsal de EL PAÍS en Alemania. Antes se ocupó de la información judicial y económica y formó parte del equipo de Investigación. Como especialista en sanidad, siguió la crisis del coronavirus y coescribió el libro Estado de Alarma (Península, 2020). Es licenciada en Traducción y en Periodismo por la UPF y máster de Periodismo UAM/El País.

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