Scholz amplía su ventaja tras el segundo debate electoral en Alemania

El socialdemócrata aguantó flemático los ataques de Armin Laschet, el candidato conservador que va segundo en las encuestas

Olaf Scholz (izquierda), Annalena Baerbock y Armin Laschet se saludan antes del segundo debate electoral, el domingo por la noche, en la televisión pública.
Olaf Scholz (izquierda), Annalena Baerbock y Armin Laschet se saludan antes del segundo debate electoral, el domingo por la noche, en la televisión pública.MICHAEL KAPPELER (AFP)

Olaf Scholz está en racha. El candidato socialdemócrata a las elecciones alemanas ganó el segundo debate entre los tres aspirantes a suceder a Angela Merkel al frente de la cancillería. Así al menos lo señalaron los telespectadores, que le dieron la mejor puntuación en casi todos los aspectos: les pareció el más competente, el más creíble, el que mejor presentó sus ideas. Y ello pese a enfrentarse a un rival claramente al ataque que en los primeros minutos del debate, celebrado el domingo por la noche, parecía que le dejaba sin palabras al encadenar una acusación tras otra. La ofensiva del conservador Armin Laschet, hundido en las encuestas, fue contundente. Sacó toda la artillería que en el debate anterior ni había mencionado, léase los escándalos financieros de Wirecard y Cum-Ex, ocurridos bajo la supervisión de Scholz como ministro de Finanzas del Gobierno de Gran Coalición de Merkel. Scholz aguantó el chaparrón sin interrumpir y después se explicó con ese tono de voz monocorde que le caracteriza.

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Los sondeos publicados el fin de semana siguen dando un buen margen, de hasta cinco puntos porcentuales, al socialdemócrata. Por eso Scholz salió a no cometer errores y a dar la imagen de solidez, eficacia y estabilidad que tan bien le ha funcionado hasta ahora. Laschet, en cambio, estaba obligado a atacar. La moderación del primer debate, en el que fue mucho menos incisivo, no le funcionó. El conservador trata de dar impulso a su candidatura en la recta final de la campaña con distintos actos. Este lunes presentó un “programa de trabajo” para los primeros 100 días de gobierno cuyas líneas maestras en realidad ya figuran en el programa electoral.

La candidata de los Verdes, Annalena Baerbock, también estuvo a la ofensiva pero contra sus dos contendientes, a los que asocia con el pasado y el statu quo, frente a la renovación que representa su partido. Se centró en reprocharles a ellos su inacción tras ocho años de gobierno conjunto, y en subrayar los planes de los Verdes para combatir la crisis climática. En la última encuesta para el diario Bild, publicada el sábado, el clima es el tema de campaña más importante para los alemanes. A dos semanas de los comicios, el SPD tiene una intención de voto del 25,9%, frente al 21,1% de la CDU-CSU y el 15,8% de los Verdes, según la media de varios sondeos recientes.

El primer cuarto de hora fue el más emocionante. Después, el encuentro perdió completamente el ritmo y se asemejó más a una entrevista por turnos que a un debate. Todos los asuntos desagradables se ventilaron al principio. Por momentos, Laschet parecía incluso demasiado agresivo para los estándares de la política alemana. Además de los escándalos financieros, sacó a relucir el registro de la Fiscalía en el Ministerio de Scholz –y en el de Justicia- de la semana pasada, dentro de una investigación sobre el presunto desinterés de una oficina gubernamental que persigue el lavado de dinero. Pese a que está claro que no afecta directamente al ministro, Laschet insistió en su “responsabilidad de vigilancia” y le soltó una frase que parecía ensayada: “Si mi ministro de Finanzas [Laschet preside el Estado federado de Renania del Norte-Westfalia] trabajara como usted, tendríamos un problema”. Scholz, por supuesto, apenas se inmutó. Flemático, se limitó a decirle que estaba usando “premisas falsas” y que un político responsable no debe comportarse así.

La política exterior estuvo prácticamente ausente del debate. Los moderadores y los candidatos prefirieron centrarse en lo que sucede dentro de las fronteras de Alemania. Se mencionó por encima a Europa y a la OTAN, pero solo cuando Laschet atacó de nuevo a Scholz acerca de una posible coalición entre socialdemócratas, verdes y Die Linke, el partido poscomunista. Como ya hizo en el anterior debate, exigió a Scholz que se pronunciara sobre si pactaría con una formación que quiere que la OTAN desaparezca y que critica varios aspectos de la Unión Europea. Scholz evitó descartar una alianza con Die Linke y dijo que lo primero es que los votantes den su opinión el 26 de septiembre. Los analistas aseguran que los socialdemócratas quieren mantener abierta esa puerta para presionar a los liberales del FDP, el otro partido bisagra con el que Scholz podría conseguir una mayoría para gobernar con los Verdes. A estas alturas, y salvo que las encuestas se equivoquen, está claro que será necesario un tripartito. Y que conseguir un acuerdo a tres bandas podría suponer meses de negociaciones.

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Laschet subrayó que no pactaría ni con la izquierda de Die Linke ni con el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD), lo que provocó la reacción de los otros dos candidatos, que le recordaron lo “peligroso” que es comparar a una formación democrática con otra que “no respeta la Ley fundamental” alemana. AfD está bajo vigilancia de los servicios secretos alemanes por su radicalismo y por ir en contra del orden democrático y todos los partidos mantienen un estricto cordón sanitario con esta formación. A Laschet también le recordaron durante el debate que la CDU tiene un candidato regional, Hans-Georg Maassen, al que se relaciona con la órbita ideológica de AfD.

Los moderadores preguntaron por la crisis del coronavirus y por lo que se podría haber hecho de otra forma. Laschet dijo mientras se sacaba una mascarilla del bolsillo que la lección más importante es la necesidad de tener una “autarquía europea”, en el sentido de no depender de terceros países en cuestiones estratégicas como la fabricación de mascarillas. Sus oponentes no aprovecharon la ocasión de sacar a relucir el escándalo de las comisiones que presuntamente cobraron varios diputados conservadores por hacer de intermediarios en la compra de tapabocas durante la primera ola de la pandemia. Los tres candidatos animaron a los alemanes a vacunarse. Solo el 62% de la población tiene la pauta completa, frente al 75% de España.

La crisis climática ocupó buena parte del debate. Baerbock insistió en que los alemanes tendrán que decidir entre votar “más de lo mismo” o hacerlo por un partido que quiere acelerar la transición energética, adelantando la salida del carbón, por ejemplo [prevista para 2038]. “Alemania puede hacer mucho más”, subrayó. Una de las cuestiones clave es el coste de esa transición, cuánto dinero va a costar a los contribuyentes. En una de las preguntas el moderador dio por hecho que será “como mínimo igual de cara” que la reunificación alemana, algo que espanta a muchos votantes conservadores. Laschet mantiene que los impuestos bajarán con un gobierno conservador, mientras Baerbock asegura que es necesario hacer inversiones. Scholz se curó en salud con esta frase: “El camino moderado es el camino adecuado”.

Los candidatos hablaron también –por turnos, sin interrumpirse y sin apenas dialogar- de la digitalización, esa asignatura pendiente de Alemania. Baerbock puso de ejemplo a España: “Tenemos que hacer como ellos y decir que es una tarea de Estado”. En la cuestión de la vivienda Scholz y Laschet coincidieron en que el principal problema es que se construye poco. Scholz no se manifestó claramente a favor de un tope de alquiler a nivel federal como piden distintas iniciativas ciudadanas que denuncian el alto precio de los alquileres. En la cuestión de los impuestos volvieron a verse las diferencias entre ambos. Scholz recordó que, según el programa electoral de los conservadores, a alguien como él, con sueldo de ministro, le bajarían los impuestos. Laschet subrayó que subirlos es “el camino equivocado”.

Los candidatos todavía se verán las caras en televisión una vez más antes de las elecciones, el 19 de septiembre.

Laschet presenta un "programa inmediato" para los primeros 100 días

El resto de partidos presentaron sus programas y a sus candidatos y empezaron a hacer campaña para las elecciones alemanas como se he hecho siempre: en mítines, entrevistas en prensa, debates televisivos… El conservador Armin Laschet no. No se lo podía permitir. Presionado por unos sondeos que sitúan su intención de voto en la más baja cosechada nunca por la CDU-CSU (entre el 20 y el 22%, según la encuesta), se ha visto obligado a aparecer más de lo habitual ante los potenciales votantes y a presentarse como un político con iniciativa. Hace unos días presentó a su “equipo para el futuro” compuesto por ocho personas que formarían el núcleo duro de su gobierno si resulta elegido. Este lunes ha vuelto a convocar a los medios para presentar un “programa inmediato” para los 100 primeros días de ese hipotético gobierno conservador.

Quiere “dar más dinero, más tiempo y más peso a las familias”, aseguró durante la rueda de prensa. Pese a la bajada de impuestos es uno de los ejes de su campaña, Laschet propone aumentar las prestaciones por hijo, subir la ayuda a familias monoparentales hasta los 5.000 euros y que los gastos del cuidado de los menores puedan deducirse del impuesto de la renta hasta 6.000 euros. En su plan de seis puntos también figuran los empleos, la seguridad, las pymes, el clima y la mejora tecnológica. “Nuestro mensaje es claro: se puede confiar en la CDU-CSU en tiempos de incertidumbre. Defendemos el crecimiento, la prosperidad, una economía social de mercado climáticamente neutra y buenos empleos”, añadió. La mayor parte de sus propuestas ya figuraban en el programa electoral. Entre otras cosas, Laschet propone aumentar el máximo que se puede cobrar en los minijobs, trabajos por horas que no cotizan a la Seguridad Social. Pasaría de 450 a 550 euros al mes.

 

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Sobre la firma

Elena G. Sevillano

Es corresponsal de EL PAÍS en Alemania. Antes se ocupó de la información judicial y económica y formó parte del equipo de Investigación. Como especialista en sanidad, siguió la crisis del coronavirus y coescribió el libro Estado de Alarma (Península, 2020). Es licenciada en Traducción y en Periodismo por la UPF y máster de Periodismo UAM/El País.

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