Juegos Olímpicos

La atleta bielorrusa refugiada en Polonia afirma que solo volverá a su país si se garantiza su seguridad

Minsk cierra sus fronteras mientras Varsovia denuncia que el régimen de Lukashenko envía migrantes sin papeles en represalia por acoger a la deportista

La atleta bielorrusa Kristsina Tsimanuskaia saluda al Secretario de Estado de Austria, Magnus Brunner, en Viena el miércoles 4 de agosto. En vídeo, la entrevista de Tsimanouskaia con Reuters en Warsaw este jueves. FEDERAL CHANCELLORY OF AUSTRIA / REUTERS
Javier G. Cuesta

La atleta bielorrusa Kristsina Tsimanuskaia aún no ha recuperado el sosiego, pero se siente más segura desde que aterrizó el jueves en Varsovia y dejó atrás la tensión que vivió hace unos días en Tokio, cuando intentaron devolverla por la fuerza a su país natal por criticar a los entrenadores de su equipo olímpico. La resistencia a regresar a un país atenazado por la represión del régimen de Aleksandr Lukashenko obliga a esta deportista de 24 años a iniciar una nueva vida en Polonia, que le ha concedido un visado humanitario después de que denunciara su caso y pidiera ayuda en el aeropuerto de Tokio. “En Bielorrusia puedes hablar, pero tienes que tener cuidado con lo que dices para evitar las consecuencias. En Bielorrusia todos tienen miedo”, ha afirmado Tsimanuskaia en una comparecencia ante los medios. De momento, tiene claro que solo volverá a su país cuando esté “convencida” de que su seguridad “está garantizada”.

El caso de la deportista ha tensado aún más las relaciones europeas con Minsk, sancionada ya por la represión a la oposición y por desviar en mayo un vuelo de Ryanair para que aterrizara en la capital bielorrusa con el fin de detener al periodista Roman Protasevich. Polonia ha acusado este jueves a Bielorrusia de enviar a un número creciente de migrantes a través de la frontera en represalia por la decisión de Varsovia de dar refugio a la velocista. Maciej Wasik, viceministro del Interior, ha afirmado que Minsk está “librando una guerra híbrida con la Unión Europea con la ayuda de inmigrantes ilegales”. En las últimas semanas, la vecina Lituania ha denunciado una situación similar en su frontera. El régimen de Lukashenko, por su parte, ha ordenado cerrar “cada palmo” de su frontera para evitar la devolución de inmigrantes.

Protagonista de un nuevo incidente con Bielorrusia, Tsimanuskaia quiere centrarse en su carrera deportiva y espera que su caso no sea utilizado con fines políticos. Pero tras la difícil situación que ha vivido se declara “dispuesta a ayudar a la gente que se encuentre en una situación parecida” porque “esto podría pasarle a cualquiera”.

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Tsimanuskaia ha comparecido acompañada por Pavel Lathuska, ministro de Cultura del régimen de Lukashenko hace una década y ahora firme opositor en el consejo que preside Svetlana Tijanóvskaya, exiliada ante las amenazas del régimen tras las elecciones del pasado verano, que desembocaron en masivas manifestaciones de los ciudadanos y denuncias de fraude en las urnas. El político ha apuntado que lo ocurrido con la deportista, que protestó porque sus entrenadores la apuntaron sin consultar a una prueba para la que no se había entrenado, es un ejemplo del clima de terror que sufre Bielorrusia, y ha recordado a los miles de manifestantes pacíficos detenidos en el último año y la muerte de unos 40 activistas en la cárcel “en extrañas circunstancias”, según las cifras opositoras.

La huida de Tsimanuskaia comenzó a fraguarse a finales de la semana pasada, después de que la atleta criticara a los dirigentes de su equipo y de su delegación olímpica, presidida por el hijo del presidente Alexánder Lukashenko. Especialista en 100 y 200 metros, se quejó en las redes sociales porque había sido elegida para correr en la prueba de relevos de 400 metros después de que dos de sus compañeras no presentaran las pruebas suficientes exigidas en un control antidopaje.

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“Me gusta hablar claro”, ha explicado Tsimanuskaia, quien fue apartada tras negarse a competir en una prueba que no había corrido nunca. Varios miembros de la federación se presentaron en su habitación y se la llevaron forzosamente al aeropuerto para regresar a Bielorrusia. “Logré hablar con mi abuela en el coche, me dijo que bajo ningún concepto volviera”, ha contado la deportista, quien logró zafarse de sus acompañantes al mostrar a la policía japonesa un mensaje de socorro escrito con el traductor automático.

Lo que comenzó como una crítica deportiva se tornó en un escándalo político internacional. “Se cometió un error”, sostiene Tsimanuskaia. “Nunca me imaginé que podría pasarme algo así”, ha lamentado la mujer, que planificaba un descanso tras el paso por Tokio y pensaba en sus próximas competiciones. Ahora sus planes son totalmente diferentes. Justo antes de comparecer recibió una llamada del director general del Ministerio de Deportes polaco para abordar este viernes si continúa su carrera deportiva allí. Un plan que cobra fuerza porque su marido también está a punto de llegar a Varsovia y se plantea la opción de que sea su entrenador.

“Me decidí por Polonia tras hablar con mis padres. Es más fácil tener el visado y está cerca de Bielorrusia”, ha señalado Tsimanuskaia, quien también espera allí a sus padres, que eran su gran preocupación al enfrentarse a la decisión de no dejarse llevar a la fuerza a Bielorrusia. Su padre había sufrido problemas cardiacos en las últimas semanas, aunque ahora “está bien”.

La situación ha sido muy difícil para toda su familia. Sus padres le mandaron capturas de la televisión estatal bielorrusa, que la atacó cuando se divulgó su caso. “Mostraban mis publicaciones de Instagram y animaban a criticarme, aunque recibí más mensajes positivos que negativos”, ha subrayado la deportista.

Tsimanuskaia afirma sentirse mejor ahora. “Recibí el apoyo de colegas bielorrusos; de todo el mundo, especialmente de los ucranios”, ha dicho en agradecimiento al mundo del deporte. La excepción es su propio equipo, donde algunos compañeros, como Maksim Nedosekov, han afirmado públicamente que es “muy orgullosa” y “algunos están felices de que se vaya”. Preguntada sobre ello, ha admitido que “no es fácil responder”. “No les deseo que les ocurra una situación como la mía; quizás quieran reducir su riesgo”, puntualizó.

La atleta ha visto frustrados sus primeros Juegos Olímpicos, pero desea que no sean los últimos: “Han sido cinco años de preparación, de lesiones. Este es un evento muy especial y espero que esta no haya sido mi única oportunidad. Espero que haya al menos dos más”.

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