Protestas en Paraguay

El presidente de Paraguay evita ser destituido ante la petición de un juicio político por el manejo de la pandemia

Tras dos semanas de protestas, el partido en el poder rechazó el intento de la oposición de enjuiciar al mandatario Mario Abdo Benítez

Una protesta en contra del Gobierno de Mario Abdo Benítez, a las afueras del Congreso en Asunción, este 17 de marzo.
Una protesta en contra del Gobierno de Mario Abdo Benítez, a las afueras del Congreso en Asunción, este 17 de marzo.CESAR OLMEDO / Reuters

La mayoría en el Congreso de Paraguay ha rechazado la solicitud para destituir en un juicio político al presidente, Mario Abdo Benítez, por su gestión de la pandemia. La oposición paraguaya, que pidió enjuiciar al mandatario, han asegurado que el manejo de la crisis sanitaria ha sido “corrupto e inoperante”.

Las manifestaciones en contra de Mario Abdo Benítez, en el poder desde agosto de 2018, se concentraron este miércoles fuera del Congreso paraguayo. La policía cargó contra algunos manifestantes con balas de goma, gases lacrimógenos y chorros de agua. El centro de Asunción volvió a convertirse en un apocalipsis, visto hace un par de semanas cuando inició el estallido de las protestas. Vidrios de comercios rotos, algunos saqueos y una veintena de detenidos y heridos fue el saldo de una noche que los jóvenes manifestantes concluyeron con la quema de la sede de la Asociación Nacional Republicana (ANR), el nombre oficial del Partido Colorado, la formación conservadora que gobierna Paraguay desde 1954, con la excepción del Gobierno progresista de 2008-2012. Las llamas fueron sofocadas por los bomberos y la policía.

Un país que vive en crisis

Pese a los datos macroeconómicos que el Gobierno difunde y que los organismos internacionales aceptan sin cuestión, como el crecimiento medio y sostenido del PIB al 4% anual o una inflación contenida en el 5%, la inmensa mayoría del país, siete de cada 10, gana menos del salario mínimo de dos millones de guaraníes (un dólar equivale a 7.000 guaraníes) y el 46% de la población vive de trabajos irregulares sin alta en la seguridad social y por tanto sin seguro médico.

Antes de que comenzará la pandemia de la covid-19, Paraguay ya sufría dos epidemias: el dengue con más de 200.000 contagios, y que incluso el presidente Mario Abdo Benítez sufrió en enero de 2020; y la otra: la corrupción.

Paraguay es el país con el índice de autopercepción de la corrupción más alta en América del Sur después de Venezuela, según el estudio anual elaborado por Transparencia Internacional. El país lleva desde 1954 gobernado por la misma formación política, el Partido Colorado, excepto entre 2008 y 2012, cuando el presidente fue el exobispo “de los pobres” Fernando Lugo del Frente Guasu (izquierda), que ganó sorpresivamente, aliado con el tradicional opositor Partido Liberal (centro-derecha). El Gobierno de Lugo terminó un año antes de lo que correspondía porque fue sometido a un juicio parlamentario que duró 48 horas y fue destituido.

La crisis sanitaria ya existía antes de la covid-19. Es tan habitual que los hospitales públicos de Paraguay no tengan medicamentos que muchas familias, sean de clase media o baja, los cuales tiene que recurrir a la venta de comida conocida como “polladas” o “hamburgueseadas” para sacar recursos.

“A la gente que no tiene medicamentos en los hospitales les obligan a conseguirlo en un mercado ilegal que domina el mismo partido de Gobierno”, cuenta a EL PAÍS Julio Benegas Vidallet, escritor y periodista paraguayo que acaba de publicar La Cuarentena de Ñasaindy, una novela sobre la pandemia en Paraguay. “La gente está muy sensible, vemos a pacientes en terapia intensiva y que sus familias buscan dinero para que no mueran. Todos tenemos un primo, una hermana o un sobrino con el virus, cosa que hace dos tres meses era solo algo de terrorismo mediático”, añade Benegas Vidallet.

Paraguay fue de los primeros países de América en cerrar sus fronteras, decretar cuarentenas y cancelar clases cuando la pandemia de la covid-19 comenzó. Pero cada vez había más denuncias de desvío de medicamentos, las camas de terapia intensiva al límite y ninguna perspectiva de llegada masiva de vacunas para la covid-19.

En la calle y en las redes sociales emergen escenas como la de un hombre mayor acercándose al presidente en un acto público para suplicarle medicinas para su hermano convaleciente de la covid-19, los padres de una niña que necesita una cirugía protestando frente al hospital o cientos de madres que piden cannabis medicinal para la epilepsia y las enfermedades degenerativas de sus hijos.

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