Nicola Gratteri, fiscal antimafia: “Hoy es imposible derrotar a mafias como la ‘Ndrangheta”

El fiscal calabrés ha instruido el mayor proceso contra el crimen organizado en Italia desde los años 80 y acaba de imputar a un político que negociaba con el Ejecutivo de Conte la salida de la crisis

El fiscal antimafia, Nicola Gratteri, en Roma el 11 de enero.
El fiscal antimafia, Nicola Gratteri, en Roma el 11 de enero.

Nicola Gratteri (Gerace, 62 años), fiscal antimafia de Catanzaro, vive desde hace décadas en un búnker acorazado. Hace años que no va al cine ni pisa la orilla del mar. Hoy es el azote y objetivo principal de la ‘Ndrangheta, el mayor grupo mafioso de Europa, que ha crecido enormemente en las últimas décadas, factura unos 43.000 millones de euros y tiene filiales en todo el mundo. Gratteri acaba de poner en marcha el mayor juicio de la historia contra esta organización criminal, un maxiproceso solo comparable en número de acusados al que instruyó Giovanni Falcone contra la Cosa Nostra. En 2019 el fiscal ordenó la detención de más de 400 personas en Italia, Alemania, Bulgaria y Suiza, en el marco de la Operación Rinascita-Scott, que lleva el nombre del desaparecido Sieben William Scott, un agente especial de la unidad antidrogas estadounidense, la DEA, en Europa.

Este jueves lideró otra gran operación donde imputaron a 50 personas, entre empresarios, mafiosos y políticos. Uno de ellos era Lorenzo Cesa, histórico dirigente del partido Unión de Centro (UDC), el hombre con quien Giuseppe Conte negociaba estos días el pase de parlamentarios decisivo para que su Ejecutivo sobreviviese a la crisis. Sonaba ya, incluso, como ministro. La operación política se ha ido al traste. Y acusan a Gratteri de hacer justicia de relojero (metafóricamente una justicia calculada, pensada en forma y tiempo para un contexto político determinado). Al teléfono, él lo niega y desgrana el inmenso poder de la organización que persigue.

Pregunta. En su última operación ha imputado a Lorenzo Cesa. Un histórico político que negociaba con Conte estos días el paso de algunos parlamentarios…

Respuesta. Mire, yo creo que Cesa y su partido habían declarado que estarían en la oposición. No sé por qué ahora dicen que estaban entre los que podían apoyar el Gobierno.

P. Sí, pero hay un nivel altísimo de infiltración en la política que llega a interlocutores del propio primer ministro.

R. Eso es cierto, porque la ‘Ndrangheta controla un gran paquete de votos que luego son ofrecidos a los partidos políticos.

P. La operación muestra la horizontalidad de la organización.

R. Sí, lo que nos maravilla es que cada vez encontramos más políticos, empresarios y servidores públicos. Esto quiere decir que se está bajando mucho el nivel ético y moral. El abrazo entre la ‘Ndrangheta, la empresa y la política cada vez es mayor.

P. ¿Usted ha instruido y ha comenzado un maxiproceso hace una semana contra la ‘Ndrangheta en Calabria con 355 acusados, también algunos políticos. ¿Qué significa para la organización?

R. Es la piedra angular de nuestra lucha contra las mafias. Hemos atacado una estructura entera de ‘Ndrangheta que tenía su cuartel general en la provincia de Vibo Valentia, con ramificaciones en 12 regiones de Italia, Sudamérica y Europa.

P. Pero esta mafia trasciende de largo Calabria. ¿Qué es hoy la ‘Ndrangheta?

R. Una mafia que dispara cada día menos, pero que hace negocios enormes. Está muy infiltrada en el mundo de la empresa, el comercio y en la Administración pública. Con el dinero procedente del tráfico de drogas logra corromper, penetrar en la Administración pública y tener relaciones directas con el mundo de la abogacía y del dinero.

“Estos grupos son hoy un problema europeo, no solo italiano”

P. ¿Cómo está organizada?

R. Está estructurada en “locales”, la unidad de medida del territorio sobre el que ejercita su poder. En el vértice está el jefe, que tiene poder de vida y muerte. Luego está el contable, que recauda y distribuye como si fueran sueldos, paga abogados o envía dinero a encarcelados. Luego está el crimine, el ministro de la guerra. Él es quien organiza las acciones militares, tiene las armas y se encarga de las misiones de muerte.

P. ¿Y la base?

R. Partiendo desde abajo encontramos al contrasto onorato, el que aspira a ser ‘ndranghetista, y hace una especie de beca para ser puesto a prueba. Los ritos de afiliación se hacen con una vela encendida, caen dos gotas de sangre sobre una imagen del arcángel San Miguel y se dice: “Te quemarás como esta imagen si traicionas a la organización, y si es necesario deberás matar a tu padre, hermano o hermana”. Más arriba está el camorrista, que jura con la imagen de Santa Nuncia: él puede organizar estafas, extorsiones… Luego, la figura superior, el sgarrista, que tiene como protector a Santa Liberata ...

P. Pero esa no es la ‘Ndrangheta de los grandes negocios, ¿no?

R. En los setenta los jóvenes se rebelaron y dijeron que no querían pertenecer más a una organización que se ocupaba de transporte, estafas… Querían entrar en la política y la Administración pública. Y crearon la Santa. Ahí los protectores eran personajes del Risorgimento, como Mazzini, Garibaldi, Cavour… que eran masones. Entrar en la Santa es tener la doble afiliación, también con la masonería desviada. Y así tuvieron el contacto directo con la burguesía y la clase dirigente.

P. ¿Nunca ha habido un solo hombre al mando?

R. No, no es como Cosa Nostra. Solía haber una reunión anual en el Santuario de la Virgen de Polsi, en plena montaña, donde se ratificaban los nombramientos. Ahora se hace a distancia porque la zona está muy controlada.

P. ¿El origen del dinero que luego se lava en otros negocios sigue siendo la cocaína?

R. La actividad principal es el tráfico de cocaína. Importan toneladas de Colombia. En Italia entra a través de los puertos de Gioia Tauro, Livorno o Génova. Pero también en Europa a través de Rotterdam o Amberes.

P. ¿Qué impacto ha tenido la pandemia en sus negocios?

R. A medio y largo plazo las reforzarán. Están presentes en el territorio siempre y no tienen las trabas del sistema burocrático del Estado. Cientos de miles de personas que trabajaban en negro no tienen ahora nada. Si el Estado tarda en dar los subsidios o no llega Caritas, se encarga el capo de turno. Y se mostrarán muy agradecidos cuando necesiten esconder a un fugitivo o haya que votar al candidato de la ‘Ndrangheta.

“La pandemia los reforzará. Cuanto más tarden las ayudas, peor”

P. ¿Cuántos afiliados tiene?

R. En Calabria más de 30.000. Pero luego miles de cómplices y encubridores.

P. Esta última operación y algunas otras nacen de arrepentidos. Es algo nuevo en la ‘Ndrangheta, que siempre fue impermeable a ese tipo de traición.

R. Es algo raro hasta ahora, sí. Pero estamos dando golpes muy duros y eso genera colaboradores. Pero aun así el número de arrepentidos es menor que en la Cosa Nostra o la Camorra. La estructura de la organización es patriarcal. Un local se compone de dos o tres familias siempre muy herméticas, el lazo siempre es de sangre.

P. ¿La política se ha tomado en serio el problema?

R. Tengo gran relación con los vértices de las fuerzas del orden. Pero para combatir a la mafia hace falta una revolución sobre el plano judicial, cultural y de la educación. El sistema judicial italiano es muy duro. Pero eso no basta. Tenemos que modificar el código tanto como haga falta hasta que no convenga delinquir.

P. ¿La coordinación internacional funciona?

R. El problema es que los otros sistemas son más blandos que el italiano y, a menudo, los ‘ndranghetistas se trasladan a España, Suiza, Bélgica... Necesitamos un sistema judicial igual en este sentido para afrontarlo de manera unida. Las mafias son un problema europeo, no italiano.

P. ¿En España está muy difundida?

R. Sí. Y muchas familias de colombianos con toneladas de depósitos de cocaína a punto para ser vendida en Europa. España es un país de tránsito de la cocaína y los sudamericanos se quedan ahí con gusto, porque tienen facilidad por la lengua, la cultura y porque no tiene un sistema duro.

P. Lo pinta muy crudo. ¿Se puede derrotar a la ‘Ndrangheta?

R. No, con el sistema judicial actual, no. Podemos redimensionarla, pero no derrotarla.

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