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La tregua sobre Libia alcanzada en Berlín se vuelve papel mojado

La ONU denuncia bombardeos indiscriminados en Trípoli, la muerte de cuatro niños y ataques del General Hafter en las afueras de Misrata

Partidarios del Gobierno de unidad reconocido internacionalmente, durante una celebración el pasado 31 de enero.
Partidarios del Gobierno de unidad reconocido internacionalmente, durante una celebración el pasado 31 de enero. AFP

La foto de la conferencia de Berlín, el pasado 20 de enero, quedó muy bien. Ahí se citaron buena parte de los grandes líderes de la comunidad internacional sonrientes alrededor de la anfitriona, la canciller Angela Merkel. Todos ellos se comprometieron a frenar la injerencia militar y política de las potencias extranjeras en Libia. Vladímir Putin (Rusia), Recep Tayyip Erdogan (Turquía), Emmanuel Macron (Francia) y Mike Pompeo (Estados Unidos), entre otros, pactaron también hacer efectivo el embargo de armas que el Consejo de Seguridad declaró en 2011. Pero el representante especial de la ONU para Libia, Ghassan Salamé, afirmó el pasado jueves que de la tregua pactada solo queda el nombre.

Trípoli sufre un asedio desde el mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte asentado en el este del país, lanzara en abril una ofensiva con el fin de descabalgar del poder al Gobierno de Acuerdo Nacional, reconocido por la ONU. Así que el compromiso de los líderes en Berlín alcanzado el 12 de enero supuso un respiro necesario para los habitantes de la capital.

Pero el respiro quedó sofocado enseguida. Los enfrentamientos de artillería provocaron en la capital la muerte de 21 civiles desde el 6 de enero. Y la semana pasada murieron cuatro niños tras unos bombardeos en la zona de Al Hadhba de Trípoli. Además, en las inmediaciones de Misrata, en la zona de Abu Grain, el autodenominado Ejército Nacional Libio (que en realidad es una suma de alianzas tribales), comandado por Jalifa Hafter, atacó a las fuerzas del Gobierno de Acuerdo Nacional y se registraron decenas de víctimas en ambos bandos.

El libanés Ghassan Salamé expresó la frustración que supone negociar treguas con líderes que no cumplen lo pactado. “Hay actores sin escrúpulos dentro y fuera de Libia que cínicamente asienten y guiñan el ojo a los esfuerzos por promover la paz y afirman devotamente su apoyo a la ONU. Mientras tanto, continúan redoblando la apuesta por una solución militar, levantando el espantoso espectro de un conflicto a gran escala y más miseria para el pueblo libio, más refugiados, la creación de un vacío de seguridad y más interrupciones en el suministro mundial de energía”.

Sin la intervención de terceros países sería casi imposible para ambos bandos mantener una la guerra civil. Los principales aliados de Hafter son Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto. También le apoya Jordania. Francia le ha ofrecido también cobertura diplomática y militar. Y en los últimos meses, Hafter ha contado con la presencia de mercenarios rusos que han inclinado la balanza de la guerra a su favor. También han sido clave los drones de fabricación china aportados por Emiratos Árabes Unidos.

En cuanto al Gobierno de Acuerdo Nacional, sus principales socios son Qatar y Turquía. En los últimos meses, el apoyo de Turquía ha sido clave. Y dentro de la Unión Europea, su principal aliado es Italia. Desde 2011, el embargo de armas se viene rompiendo de forma regular por parte de los principales aliados de ambos bandos.

Todos los líderes reunidos en Berlín eran conscientes de que la única forma de frenar un conflicto que ya se ha cobrado más de 1.100 víctimas mortales es poner freno a la intervención de terceros países. Sin embargo, las acusaciones mutuas no han tardado en llegar. El presidente de Francia, Emmanuel Macron, acusó el miércoles a Turquía de enviar mercenarios sirios al país, algo que casi todos los observadores internacionales venían comentando desde hace semanas. Y acusó al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, de “no respetar la palabra dada”.

A Macron le replicó el portavoz del ministerio turco de Exteriores, Hami Aksoy: “El principal responsable de los problemas en Libia desde la crisis de 2011 es Francia. No es un secreto para nadie que este país está prestando un apoyo incondicional a Hafter a cambio de un derecho de control sobre los recursos naturales de Libia.

Tanto Italia como Francia extraen grandes beneficios petroleros en Libia. El grupo italiano ENI es el de mayor presencia en el país, seguido del francés Total. Sus intereses enfrentados explican por sí solo hasta qué punto es difícil alcanzar un consenso fiable. Añádanse las intervenciones de otros países exteriores a la Unión Europea, como Emiratos Árabes Unidos y Rusia por un lado más Turquía por el otro, y se tendrá el dibujo perfecto de un panorama que se va pareciendo cada vez más al de Siria.

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