El misterioso informante con noticias de Al Qaeda

La revelación de la muerte de un veterano yihadista egipcio en agosto en Irán deja a la vieja guardia de Bin Laden prácticamente liquidada. La noticia la hizo circular un internauta sin identificar

Una imagen de 1998 cuando ocurrió un ataque bomba en la Embajada de EE UU en Nairobi (Kenia).
Una imagen de 1998 cuando ocurrió un ataque bomba en la Embajada de EE UU en Nairobi (Kenia).STR / EFE

La historia es de novela de espionaje, quizá de John Le Carré. Unos motoristas israelíes a punta de pistola, un asesinato en un barrio próspero de Teherán, coches agujerados a balazos; dos víctimas ligadas al terrorismo, informaciones falsas, tapaderas, desmentidos… y Estados Unidos en la sombra, en su ya larga guerra contra todo lo que huela a Osama Bin Laden y Al Qaeda. La película fue desvelada el 14 de noviembre por The New York Times en un artículo firmado por cuatro reporteros. Según lo publicado, Abu Mohamed al Masri, de unos 58 años, veterano yihadista egipcio, fiel lugarteniente de Bin Laden, fue abatido junto a su hija, Miriam, de 27 años. Las órdenes vinieron de Washington; la ejecución, de agentes israelíes. La operación tuvo lugar el 7 de agosto, pero nadie, o casi nadie, lo sabía.

El doble asesinato apareció en las noticias de la prensa iraní aquel día de agosto, sí, pero se dijo de las víctimas que eran un profesor de historia libanés y su hija. The New York Times reveló las identidades. Miriam era además la viuda de Hamza Bin Laden, heredero del líder terrorista saudí, también liquidado por EE UU el pasado año. Pero el periódico neoyorquino no fue el primero en desentrañar este asesinato, un golpe casi mortal a la antigua cúpula de Al Qaeda y que se prevé genere división entre sus fieles. La noticia ya estaba en la Red desde hacía casi un mes. Solo había que encontrarla.

Entre los primeros que lo hicieron estuvo el Middle East Media Research Institute (MEMRI), un organismo fundado a finales de los 90 en Washington por los israelíes Yigal Carmon y Meyrab Wurmser. Este instituto de análisis vio lo siguiente: un internauta con usuario @awrakmuhajir había compartido el 19 de octubre en la red social Rocket.Chat −una plataforma de trabajo colectivo, de moda últimamente entre acólitos del Estado Islámico− un artículo en el que contaba que la información dada en la prensa iraní sobre los dos muertos en Teherán no era correcta sino más bien una treta para encubrir la muerte de Al Masri y así evitar acusaciones contra Irán por actuar de aparente refugio para Al Qaeda.

El autor de tal artículo, según decía el texto, contaba con información exclusiva de fuentes en la vieja guardia yihadista de tiempos de Afganistán. Buceando en la Red a partir del usuario @awrakmuhajir, con perfil también en Twitter, se llega al original de esta suerte de exclusiva, un documento pegado en justepaste.it, web que permite subir a Internet material de todo tipo y que, en ocasiones, otras plataformas vetarían. El usuario que subió el 19 de octubre a esta página el artículo que identificaba en primicia a Al Masri y su hija usa como nombre “anbajassam”, que traducido del árabe significaría algo así como Noticias Jassim.

El rastro dejado en la Red a partir del artículo conduce a un perfil de Facebook personal. Ahí es donde se presenta Jassim como reportero independiente, casado y padre de tres hijos, educado y nacido en Emiratos Árabes Unidos, donde aún residiría. En el primer post en el que publica la historia sobre Al Masri y su hija, ese 19 de octubre, dice: “Nuestro más sincero agradecimiento a nuestras fuentes, que contribuyeron a brindar información valiosa para la realización de esta investigación de prensa”. Sube dos versiones diferentes de la noticia, con alguna pequeña variación, pero el contenido es el mismo.

Al margen de misterios, la caza de Al Masri está cerca de poner la puntilla a aquella Al Qaeda que hace casi 20 años hizo temblar al mundo con los atentados del 11-S. Allá por septiembre de 2015, el medio especializado Long War Journal recogía de fuentes en el entorno yihadista que cuatro veteranos de Al Qaeda habían sido puestos en libertad en Irán −aparentemente a cambio de la liberación de un diplomático iraní secuestrado en Yemen−. Entre ellos estaba el egipcio Al Masri, asesinado en agosto, pero también Abu Khayr al Masri y Khalid Aruri, que viajaron después a la trinchera yihadista en Siria, donde los drones de EE UU dieron con sus huesos. Entre los cuatro se encontraba también Saif al Adel, exmilitar egipcio y hombre fuerte en la organización terrorista. Como el resto de sus camaradas, Al Adel, que tendrá unos 60 años según la ficha del FBI, fue un referente en los campos de entrenamiento de Afganistán. Está señalado por los atentados en las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania en 1998. Al Adel, que se sepa, está vivo y es quizá el gran hombre fuerte tras el aún número uno, Ayman al Zawahiri, de 69 años.

Pero hay más. Tras la muerte de Bin Laden en mayo de 2011, la fundación de análisis Jamestown, como muchos otros think tanks, trató de averiguar quién formaba aún parte del Consejo de la Shura, el órgano de gobierno del grupo terrorista: de entre los ideólogos estaban Abu Yahya al Libi y Abdulrahman Attiya al Libi. Los dos acabaron liquidados por drones en Pakistán. Se nombraba también a un tal Abu Khalid al Madani, del que había poca información. También fue alcanzado unos años después por un avión no tripulado en Afganistán. EE UU está detrás de todas estas muertes.

De este ministerio ideológico quedaría vivo el yemení Abdul Majid Al Zindani, de unos 78 años, apuntado en la lista de referentes de Al Qaeda en la Península Arábiga −otros de los que acompañaban en aquellos vídeos de Bin Laden y Zawahiri en torno al 11-S, el kuwaití Abu Gaith, de 55 años, portavoz del grupo, cumple cadena perpetua en una prisión norteamericana−.

Todo esto no quiere decir que Al Qaeda desaparezca. Según establece en cada uno de sus informes el equipo que investiga la amenaza terrorista para el Consejo de Seguridad de la ONU, la red tiene capacidad para atentar. Sus ramas o grupos regionales en el Sahel (AMQI), la Península Arábiga (AQPA), el Cuerno de África (Al Shabab) y, sin duda, Afganistán-Pakistán, mantienen su agenda del terror local, aunque el crecimiento y el trono de la yihad violenta vaya virando hacia el Estado Islámico. Pero la marca, esa Al Qaeda Central a la que se atribuyeron, organizando o inspirando, atentados como el 11-S, 11-M o el 7-J, ha sido machacada, especialmente en la última década.

Y la puntilla la anunció en primicia un internauta desconocido, una muestra más de que la red de Bin Laden quizá no esté muerta, pero sí herida de gravedad.

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