La maldición electoral fractura a la derecha en un Israel ingobernable

Netanyahu y Gantz empujan a los israelíes sin remedio hacia los cuartos comicios en dos años a pesar de la pandemia

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu y el entonces ministro de Educación, Gideon Saar, en 2012 en Jerusalén.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu y el entonces ministro de Educación, Gideon Saar, en 2012 en Jerusalén.Reuters

Mientras los contagios alcanzan las tasas más altas desde el fin de la segunda ola de la pandemia en octubre, Israel se dirige en rumbo de colisión hacia las cuartas legislativas en menos de dos años. La maldición electoral ha fracturado ya a la derecha y por primera vez en más de una década los sondeos auguran un frente alternativo a la hegemonía en el poder del conservador Benjamín Netanyahu. Si un improbable pacto de última hora para aprobar los presupuestos de 2020, u otra maniobra dilatoria, no lo remedia antes de la medianoche del martes, su coalición con el centrista Benny Gantz saltará por los aires y los israelíes volverán a ser llamados a las urnas en marzo.

El bloqueo político entre el jefe del Ejecutivo y su socio y ministro de Defensa ha sido más fuerte que las promesas del pacto que ambos suscribieron en mayo para poner fin al desgobierno y afrontar las crisis sanitaria y económica derivadas de la covid-19. Netanyahu y Gantz ya no se hablan. Ni el Consejo de Ministros ni el Gabinete que gestiona la pandemia se han reunido en las últimas fechas, y el líder centrista parece haberse enterado por la prensa del reciente acuerdo de normalización de relaciones con Marruecos.

Cuando los dos líderes se disponían a instalarse en la coexistencia para capear el temporal de la previsible reimposición de restricciones para contener la propagación del coronavirus, un antiguo delfín de Netanyahu en el Likud amenaza con dinamitar el castillo de naipes del centroderecha israelí. El exministro y diputado Gideon Saar, que hace ahora un año retó sin éxito al primer ministro en las primarias del partido conservador, ha abandonado su escaño para crear otra formación política —Nueva Esperanza-Unidad por Israel— seguido por varios parlamentarios.

“Si los sondeos (favorables a Saar) no detienen la loca carrera hacia una nueva elección, ya nada podrá detenerla”, vaticina el columnista Ben Caspit en las páginas de Maariv. La última encuesta del Canal 12 de televisión sitúa al Likud todavía en cabeza, con 27 de los 120 escaños en la Kneset (Parlamento), pero predice 21 diputados para el partido liderado por Saar, que se beneficiaría así de una sangría de votos sufrida tanto por Netanyahu como por Gantz.

De cumplirse estas previsiones, una eventual alianza con el resto de las fuerzas de centroderecha —de los exministros Yair Lapid, Naftali Benet y Avigdor Lieberman— y de centroizquierda —de Gantz y el movimiento pacifista Meretz— sumaría por primera vez desde 2015 una mayoría alternativa al bloque de la derecha nacionalista–religiosa del Likud y los partidos ultraortodoxos judíos. El llamamiento a la unidad frente a Netanyahu lanzado por el nacionalista laico Lieberman ha caído por el momento en saco roto.

“Para que los partidos del centro y las escisiones de la derecha puedan formar un Gobierno sin Netanyahu, el Likud debe caer por debajo de los 25 escaños”, explica el analista político Daniel Kupervaser, quien recuerda que el primer ministro cuenta con el respaldo incondicional de los ultrarreligiosos. “Si se convocan elecciones anticipadas en marzo es muy difícil predecir resultados”, advierte sobre la volatilidad de la política israelí.

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“Cualquiera menos Bibi”

“Al margen de una Administración un poco más limpia, no cabe esperar cambios significativos (si se produce la alternancia)”, concluye Kupervaser. “La ciudadanía se ha dejado arrastrar por el debate entre ‘solo Bibi (apodo familiar de Netanyahu)’ o ‘cualquiera menos Bibi’ mientras cierra los ojos (a los demás problemas)”.

La izquierda tradicional —que hace tres décadas pilotó desde la mayoría parlamentaria el proceso que condujo a los Acuerdos de Oslo con los palestinos— casi ha desaparecido de la escena electoral en Israel. Los sondeos sitúan ya al Partido Laborista como fuerza extraparlamentaria, mientras Meretz bordea el umbral mínimo de sufragios que da acceso a la Cámara (3,25%).

Después de haberse visto desbordado por la arrolladora victoria de Netanyahu (más del 70% de los votos), en las primarias del Likud, Gideon Saar desafía de nuevo a su antiguo jefe de filas, quien en las próximas semanas tendrá que enfrentarse a un juicio bajo las acusaciones de fraude y cohecho. Hijo de un médico de origen argentino, Saar (Tel Aviv, 54 años) se presenta como un nacionalista conservador de rostro humano. Fue sucesivamente ministro de Interior y de Educación entre 2009 y 2014, hasta que el primer ministro le condenó al ostracismo por haberse aliado en su contra con el presidente del Estado de Israel, el también dirigente del Likud Reuven Rivlin. Ahora se define en solitario como “defensor de los derechos históricos sobre el Gran Israel (que incluye Jerusalén Este y Cisjordania)” y de su “identidad como Estado nación judío”.

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