Frans Timmermans | Vicepresidente primero de la Comisión Europea

“Nadie obligó a Polonia y Hungría a firmar los tratados europeos que consagran el Estado de derecho”

El vicepresidente primero de la Comisión Europea confía en que la UE superará el veto de Varsovia y Budapest a los fondos de recuperación y apuesta por acelerar la transición verde

El vicepresidente primero de la Comisión Europea, Frans Timmermans, en rueda de prensa en Bélgica el 19 de noviembre.
El vicepresidente primero de la Comisión Europea, Frans Timmermans, en rueda de prensa en Bélgica el 19 de noviembre.Delmi Álvarez

A unas horas de la cumbre en Bruselas del jueves y el viernes, en la que la Unión Europea se enfrenta al veto de Hungría y Polonia a los presupuestos europeos y, de rebote, a los nuevos objetivos en la lucha contra el cambio climático, el vicepresidente primero de la Comisión Europea, el holandés Frans Timmermans (Maastricht, 59 años) se muestra confiado en la posibilidad de llegar a un acuerdo. Pero alerta contra la tentación de ceder ante Polonia y Hungría, que persiguen con su veto abortar el nuevo mecanismo de vigilancia sobre el respeto al Estado de derecho en todos los socios de la UE. “Renunciar al Estado de derecho sería renunciar a la UE”, avisa Timmermans durante una entrevista con EL PAÍS y el diario polaco Gazeta Wyborcza, en nombre del grupo de medios europeos LENA.

Pregunta. La cumbre europea de esta semana espera pactar el objetivo para 2030 de una reducción del 55% de las emisiones de CO2 en relación con 1990. ¿Es posible con el veto húngaro y polaco a los presupuestos para frenar el mecanismo del Estado de derecho sobre la mesa?

Respuesta. Los dos asuntos están ligados. Para llegar al 55% de reducción en 2030 tenemos que disponer de los recursos financieros para invertir en la transformación industrial y tecnológica. Pero dicho esto, soy bastante optimista sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo sobre el 55%. Las discusiones previas muestran que hay voluntad en todos los Estados miembros para alcanzarlo.

P. ¿Merecería la pena renunciar al mecanismo de protección del Estado de derecho para salvar el paquete financiero?

R. El compromiso sobre el mecanismo que han alcanzado el Consejo y el Parlamento Europeo es razonable y refleja todos los puntos de vista. Y es aceptable para casi todo el mundo. Renunciar al Estado de derecho sería renunciar a la UE. La UE no se puede mantener en pie si no se apoya en el triángulo de democracia, respeto a los derechos humanos y Estado de derecho.

P. Hungría y Polonia interpretan que la Unión está invadiendo su soberanía con la vigilancia cada vez más intensa del Estado de derecho.

R. Nadie obligó a Polonia o Hungría a firmar y ratificar los tratados europeos. Pacta sunt servanda. Si firmas un tratado, tienes que cumplirlo. Y el artículo 2 del tratado europeo es muy claro sobre el Estado de derecho y sobre la naturaleza de la sociedad europea. Y no es solo el Estado de derecho, es también la independencia de los medios, el respeto por las minorías, el hecho de que nuestras sociedades son multiformes. Estos dos países han firmado libremente el tratado y lo han ratificado, incluso después de un referéndum. Nadie les impone nada. Y los sondeos de opinión indican que tanto en Polonia como en Hungría hay un apoyo masivo a la pertenencia a la UE.

P. Si no levantan el veto, no habrá presupuestos, ni fondo de recuperación ni dinero para el Pacto Verde.

R. Creo que es posible llegar a una solución satisfactoria para todos basada en el acuerdo alcanzado por Consejo y Parlamento. Si se trata de aclarar la interpretación del acuerdo, la canciller [alemana, Angela] Merkel puede ser de mucha ayuda para asegurar que todo el mundo tenga la misma lectura del texto y precisar lo que no está incluido. Esa puede ser la base de una solución. Si no, tendríamos que buscar una alternativa para sacar adelante el fondo de recuperación con 25 Estados miembros, sin Polonia ni Hungría.

P. Incluso si se logra el acuerdo sobre el 55% de reducción de emisiones, ¿cree que bastará para mantener el liderazgo europeo en la lucha contra el cambio climático? El Reino Unido, China y, en breve, los EE UU de Biden han entrado en la carrera.

R. Me gusta ese reto. Es una carrera hacia arriba. Y si alguien puede ganarnos, pues estupendo, aunque no veo que vaya a ocurrir. Pero no me importaría si alguien lo hace mejor y más rápido porque ésta es una carrera en la que nadie puede perder si todos corremos en la dirección correcta.

P. ¿Tiene sentido luchar contra el cambio climático en medio de una pandemia que ya ha provocado un millón y medio de muertos en el mundo y más de 350.000 en Europa?

R. Las vacunas están a punto de llegar a los Estados miembros y las campañas de vacunación empezarán pronto, de modo que en la covid-19 se ve la luz al final del túnel. Pero no existe vacuna contra la crisis climática. No hay vacuna para la crisis de la biodiversidad. Y esas crisis son una amenaza aún mayor para la humanidad que esta pandemia. Así que no hay elección. Debemos actuar ahora. Porque si queremos la neutralidad climática en 2050 hay que empezar ahora, dada la duración de los ciclos de inversión y los plazos necesarios para reestructurar una economía.

P. ¿En qué se traducirá el Pacto Verde para el ciudadano de a pie?

R. De entrada, dejarían de morir 400.000 personas al año de forma prematura por culpa de la mala calidad del aire. Eso ya sería un gran éxito. Tendríamos también energía limpia a un precio asumible. Tendríamos empleos de nuevo cuño, para los que podríamos formar al nuevo personal o a las plantillas actuales. Podemos también ser líderes en economía circular, en movilidad más limpia, en agricultura con menos pesticidas. Es la Europa que podemos lograr en una generación. 2050 parece que queda muy lejos. Pero son solo 30 años. Voy a cumplir 60 años en 2021 y ahora el mundo de hace tres décadas me parece que está a la vuelta de la esquina. A mis hijos les pasará lo mismo dentro de 30 años.

P. Pero la gente afectada por la crisis actual quizá no esté en condiciones de aceptar el cambio. ¿Cómo va a convencerles?

R. Por supuesto, todo el mundo en Europa está ahora pensando en su salud y en su trabajo. Pero la pandemia no va a frenar la revolución industrial que se está produciendo a nivel mundial. La tecnología ha dado un gran salto adelante y eso hace imparable la revolución industrial. Nuestra tarea es que se haga de una manera justa y que nadie se queda atrás.

P. Los partidos populistas de extrema derecha o eurófobos parecen dispuestos a explotar los miedos que genera esa transición, exacerbados por la crisis de la pandemia.

R. Lo que llamamos populismos o movimientos reaccionarios son el resultado de dos cosas. Primero, que mucha gente se siente abandonada y considera que se queda atrás. Eso es lo más urgente que hay que resolver. Y para ello no basta con criticar a los populistas, aunque se lo merezcan. El problema seguirá ahí. El liberalismo ha dejado en la cuneta a demasiada gente en los últimos 20 años. El segundo problema, relacionado con el primero, es que estamos en medio de una revolución industrial que va a transformar las sociedades. Y sabemos por anteriores revoluciones industriales que en esta situación todas las instituciones, sean políticas o económicas, son cuestionadas. Y eso es lo que vemos hoy día. Y hay dos opciones. O te adaptas y das forma a la revolución en beneficio de toda la sociedad. O la revolución industrial te adapta. O te redefines o algo nuevo surge para afrontar el nuevo contexto. Pero Europa tiene una admirable capacidad de resistencia y de adaptación. Y la UE también. Siempre vamos hasta el precipicio y cuando todo el mundo piensa que vamos a caer, se llega a una solución.

P. Pero, ¿cómo explica que en países tan ricos como el suyo, Austria o Alemania también triunfe el populismo?

R. El éxito de los populistas siempre depende de la reacción de los otros partidos. Y creo que alguien que viene de España entenderá bien a lo que me refiero. El ejemplo es Baviera. Cuando surgió AfD, la reacción conservadora fue moverse en la misma dirección y utilizar el mismo lenguaje. Y el único efecto que lograron fue el crecimiento de AfD. Hasta que una persona como Markus Söder, el presidente de Baviera, empezó a distanciarse de la extrema derecha. Y creó espacio para un nuevo centro conservador, con políticas sociales, medioambientales, como parte de una visión conservadora. Y tuvo éxito. Los extremistas dependen mucho de la voluntad de otros para trabajar con ellos. No creo que los radicales de derecha puedan lograr la mayoría por sí solos en casi ningún país. Pero en combinación con otras fuerzas conservadoras, sí lo pueden conseguir.

P. ¿Y en los Países Bajos, donde los populistas ganan enteros a tres meses vista de las elecciones?

R. A pesar de que mi país es considerado rico y que disfruta de un éxito económico y goza de una buena política de redistribución, hay una parte de la ciudadanía que no se siente partícipe de ese éxito y se considera abandonada. Para las clases medias, desde un oficial de policía al personal sanitario o educativo, la situación es mejor que antaño, pero en términos relativos no se están beneficiando tanto del crecimiento como otros. Tenemos, por ejemplo, carencia de profesores en algunas ciudades. Y no es por falta de personal. Es porque el profesorado ya no puede permitirse vivir en algunas ciudades por culpa del elevado precio de la vivienda. Ese es el tipo de problemas que debemos resolver.

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