Bolivia

El oriente boliviano prepara protestas para la toma de posesión del delfín de Evo Morales

El departamento de Santa Cruz, bastión de la derecha radical, se niega a reconocer a Luis Arce como presidente y exige una auditoría sobre las elecciones que devolvieron al MAS al poder

Un grupo de vecinos bloquea una de las principales avenidas en Santa Cruz, Bolivia, el pasado 30 de octubre.
Un grupo de vecinos bloquea una de las principales avenidas en Santa Cruz, Bolivia, el pasado 30 de octubre.Juan Carlos Torrejón / EFE

En una decisión que indica cuál será su actitud frente al nuevo Gobierno de Bolivia, los dirigentes “cívicos” de la región boliviana de Santa Cruz no reconocen la victoria de Luis Arce en las elecciones presidenciales y programan un paro de actividades de 24 horas para el próximo viernes. Los mandatarios piden que la Justicia detenga el juramento de Arce, previsto para el 8 de noviembre, y que se realice una auditoría sobre la fiabilidad de los comicios. Sospechan que estos han sido fraudulentos, aunque no han mostrado pruebas que sustenten esta presunción.

El presidente del Tribunal Supremo Electoral, Salvador Romero, ha declarado que el proceso “está concluido” y que ya se han entregado a los mandatarios las credenciales que legalizan su condición. Ha recordado que todas las misiones de observación, inclusive la de la Organización de Estados Americanos, a la que los cívicos pretenden responsabilizar de la auditoría, han dado su opinión favorable sobre la limpieza de lo realizado el 18 de octubre. Arce obtuvo el 55% de los votos, 26 puntos porcentuales más que su inmediato seguidor, Carlos Mesa.

El Comité Cívico Pro Santa Cruz, que en 2019 dirigió las protestas que llevaron al entonces presidente Evo Morales a renunciar, ha declarado el paro bajo la presión de grupos juveniles radicales que han estado agitando y movilizándose desde que se supo que el candidato de Morales había ganado y el Movimiento al Socialismo (MAS) volvería a dirigir la marcha del país. Ciertos sectores de la población, generalmente de clase media, que viven en los barrios más acomodados de las ciudades y son mayoritarios en Santa Cruz, rechazan apasionadamente al MAS y a Morales. Los acusan de haber hecho fraude en las elecciones de 2019 y muchos otros delitos. Los representantes más radicales de estos sectores insistieron en que no se permitiera participar al MAS en las nuevas elecciones, pero fracasaron. Ahora le reprochan amargamente eso al Tribunal Electoral y a los partidos de centroderecha que se opusieron al veto y postularon la necesidad democrática de ganarle al MAS en las urnas.

Algunos cientos de personas llegaron a congregarse en torno a cuarteles policiales para pedir un golpe que librara a Bolivia del retorno del MAS. En 2019, la policía se amotinó, contribuyendo al derrocamiento de Morales. Estos manifestantes combinaban las arengas dirigidas a los uniformados con rezos en la calle, de rodillas y con la manos extendidas hacia el cielo.

Tanto el gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, como el excandidato Luis Fernando Camacho, el más votado en esta región, respaldan la demanda de una auditoría. Camacho tampoco ha reconocido la victoria de Arce, aunque los parlamentarios de su partido están ocupando los cargos para los que fueron elegidos.

Los dirigentes del Comité Cívico fueron tomados como rehenes por unas horas por los grupos radicales, hasta que la policía tuvo que intervenir sus oficinas y rescatarlos. Los jóvenes les demandaban declarar un paro indefinido de labores, tal como esta institución hizo el año pasado después de rechazar igualmente las elecciones de entonces.

El presidente del Comité, Rómulo Calvo, declaró a la prensa que no podía poner al Comité al servicio de intereses partidarios, que no identificó. Así que concedió únicamente un día de paro en el interior de la región y otro, el del viernes, en la capital, Santa Cruz de la Sierra. A diferencia del año pasado, esta vez algunos ciudadanos cruceños rechazaron la idea de volver a la huelga, en especial al encontrarse con los bloqueos de calle que los activistas realizan desde hace varios días. Bolivia vive una muy grave situación económica. Desde octubre de 2019 no ha podido trabajar de forma normal más que tres meses, perjudicada primero por la crisis política y luego por la pandemia. Por eso, Luis Arce ha tuiteado: “Después de casi un año de crisis económica y social, es tiempo de reconstruir la Patria”, y ha concluido: “Las movilizaciones solo retrasan la reactivación, generación de empleos e ingresos”.

Archivado En:

Más información

Te puede interesar

Lo más visto en...

Top 50