Sudán

Histórico acuerdo de paz entre Gobierno y grupos armados en Sudán

La firma intenta poner fin a 17 años de guerra civil, aunque la ausencia de dos relevantes milicias de Darfur obliga a seguir negociando

El general Mohamed Hamdan Dagalo y el jefe del Movimiento Kush de Sudán, Mohamed Dawood, se dan la mano tras la firma del acuerdo, este lunes en Yuba (Sudán del Sur). En vídeo, la firma del acuerdo de paz.(REUTERS)

El Gobierno de Sudán y cinco movimientos rebeldes agrupados en el Frente Revolucionario Sudanés (SRF) firmaron este lunes en Yuba, capital de Sudán del Sur, un histórico acuerdo de paz que trata de poner fin a 17 años de guerra civil que ha costado al menos 300.000 muertos y millones de desplazados de sus hogares. Esta firma afecta a dos conflictos diferentes, el de Darfur y el de Kordofán del Sur y el Nilo Azul. Por primera vez y tras varios acuerdos fallidos, autoridades y rebeldes abordan las raíces profundas de la violencia, como la propiedad de la tierra, el reparto de poder, la reforma del Ejército o la regulación del pastoreo. Sin embargo, la paz sigue siendo frágil: dos relevantes grupos armados se negaron a firmar.

El ambiente era festivo este lunes en Yuba, con cantos y bailes incluidos. La ceremonia oficial estuvo presidida por las dos autoridades más relevantes en Sudán tras la caída de Omar al Bashir en abril de 2019: el general Abdelfatah al Burhane, presidente del consejo de transición, y el primer ministro Abdalá Hamdok. Sin embargo, la persona encargada de firmar el acuerdo por parte gubernamental fue el general Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemeidti, vicepresidente del consejo de transición a quien se considera responsable de numerosas matanzas en Darfur. Su imagen estrechando la mano a sus históricos enemigos fue la más simbólica de la jornada.

“Este acuerdo es mucho más que un primer paso. Tiene un enorme potencial de generar resultados positivos porque aborda las causas fundamentales del conflicto en Sudán, desde la cuestión de los desplazados o la distribución de la riqueza y el poder hasta la emergencia en las zonas más impactadas o la reforma del Ejército, punto que consideramos clave en este acuerdo y en la transición que vive este país”, asegura Jonas Horner, analista senior sobre Sudán del International Crisis Group (ICG). El documento establece que los grupos rebeldes deben desaparecer e integrarse en unas Fuerzas Armadas que representen mejor la diversidad étnica sudanesa.

El Alto Representante de Política Exterior de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, mostró su satisfacción por la firma del histórico documento. “Es un importante hito en la transición democrática y económica en marcha en Sudán y allana el camino a una paz duradera en el país”, aseguró mediante un comunicado. Por su parte, los Gobiernos de Estados Unidos, Reino Unido y Noruega hicieron pública una declaración conjunta en la que se felicitan por el acuerdo. “Es un paso importante en la restauración de la seguridad, dignidad y desarrollo de la población sudanesa afectada por este conflicto”, explica la nota.

Dos acuerdos de paz fracasados, los de Abuya en 2006 y Qatar en 2010, obligan a la prudencia. Sin embargo, algo ha cambiado desde entonces: Omar al Bashir, el dictador que gobernó Sudán durante tres décadas y que está acusado de crímenes de guerra y contra la humanidad por su implicación en las masacres de Darfur, ya no está en el poder. Su derrocamiento a manos de su propio Ejército tras una intensa ola de protestas populares en abril de 2019 fue la primera piedra del camino hacia este acuerdo. El Gobierno de transición se fijó la paz como primer objetivo y la declaración de Yuba de septiembre del año pasado, en la que los grupos armados y el Ejecutivo anunciaban su intención de dialogar, sentó las bases del largo proceso de negociación.

Sin embargo, dos de los grupos armados con mayor capacidad militar y presencia en el terreno no se sumaron a esta iniciativa: el Movimiento de Liberación de Sudán (SLM) y el Movimiento Popular de Liberación de Sudán del Norte (SPLA-N). “El Gobierno y todos los otros actores deben trabajar duro a partir de ahora para permitir que estos dos grupos firmen también. Pero el consejo de transición no podía esperar por ellos, tenía que dar pasos adelante”, añade Horner. La presencia como firmante del acuerdo del general Dagalo, cuyas milicias árabes conocidas como Yanyauid son presuntas responsables de decenas de miles de muertes en Darfur, no facilitó las cosas.

El acuerdo de paz deberá hacer frente, en primera instancia, al repunte de la violencia en los últimos meses en Darfur y en cuyo origen, paradójicamente, están las negociaciones que precedieron al pacto. Una de las grandes quejas de ciertas comunidades ha sido su exclusión del proceso de diálogo, protagonizado por los grupos armados y la parte militar del consejo de transición, y las dudas generadas respecto al retorno de desplazados y refugiados a sus tierras. A finales de julio, en plenas negociaciones, unos 500 hombres armados atacaron la localidad de Masteri, en Darfur Occidental, y asesinaron a unas 60 personas de la comunidad massalit.

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