Opinión
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El populismo vuelve a ganar

El resultado de las últimas elecciones polacas confirma una agenda contraria a las instituciones democráticas

Aleksandra Sojka
El presidente polaco Andrzej Duda se reúne con simpatizantes después de ganar las elecciones, este lunes en el pueblo de Odrzywol, en el este de Polonia.
El presidente polaco Andrzej Duda se reúne con simpatizantes después de ganar las elecciones, este lunes en el pueblo de Odrzywol, en el este de Polonia.Leszek Szymanski

El domingo en Polonia concluyeron las primeras elecciones de ámbito nacional en la UE desde la pandemia. Esta segunda vuelta de las presidenciales era un plebiscito entre el populismo nacional-conservador y reaccionario del partido gobernante, y el liberalismo económico y social proeuropeísta de la oposición, el dilema clave de los tiempos de globalización de la demarcación o integración, personificado. Su resultado es crucial para el futuro de Polonia y sus relaciones con el resto de Europa: continuar destruyendo instituciones democráticas, seguir politizando los tribunales y amenazar las libertades con el actual presidente Andrzej Duda, o poder retornar a un Estado democrático donde el presidente, con capacidad de veto legislativo, restablezca el sistema de controles y equilibrios, si ganaba el candidato de la oposición Rafal Trzaskowski.

Finalmente, Duda ha logrado imponerse, la victoria electoral más ajustada en Polonia desde el fin del comunismo en 1989, con una participación muy alta, consecuencia directa de la intensa polarización de la sociedad polaca. La victoria del actual presidente significa que el partido gobernante Ley y Justicia (PiS) puede seguir con su particular programa de contrarrevolución populista hasta las próximas elecciones parlamentarias dentro de tres años.

El declive institucional en Polonia comenzó cuando este partido ganó las elecciones generales de 2015, el mismo año en que Duda fue elegido presidente por primera vez. Desde entonces, Polonia ha sufrido una importante merma de sus instituciones democráticas. Entre ellas destaca la reforma del sistema judicial, apoyada por Duda y denunciada por la Comisión Europea por quebrantar la separación de poderes. Las elecciones del domingo se consideraban como la última oportunidad para revertir este retroceso. La combinación de políticas culturales de derecha con un mayor gasto social por parte del Estado sigue siendo una combinación ganadora para el PiS.

La clave está en las pequeñas ciudades y pueblos, donde Duda se mostraba como el garante directo de la continuación de las políticas sociales de estos años. Duda también se ha comprometido a defender los ”valores familiares” con una campaña llena de retórica homófoba. Además, la televisión pública, controlada por el PiS, se convirtió en un canal de la campaña a favor de Duda, atacando a Trzaskowski como un “extremista” supuestamente respaldado por oscuros intereses extranjeros. A pesar de tener el aparato público en contra, Trzaskowski ha logrado una movilización importante de la oposición, tradicionalmente fragmentada y diversa. Intentó distanciarse de su propio partido liberal Plataforma Cívica (PO) para atraer un electorado más amplio, incluyendo los votantes antisistema que piden el fin de la eterna rivalidad PiS-PO.

Trzaskowski, actual alcalde de Varsovia, también destacaba la importancia de los Gobiernos locales, unas instituciones que aún disfrutan de confianza social en Polonia a pesar de haber sido atacadas por el PiS en estos últimos años. Finalmente, Duda logró un resultado solo ligeramente mejor que Trzaskowski, a pesar de una campaña negativa y un amplio apoyo institucional. No son buenas noticias para la democracia. Lo que más preocupa ahora es un muy posible ataque a medios independientes con el pretexto de deshacerse de la influencia extranjera. Esta será una batalla clave, tan importante como la del Estado de derecho. El reto principal será seguir defendiendo los medios de comunicación independientes, reforzar el autogobierno local, la sociedad civil y tratar de mantener una oposición unida. La presión internacional sobre Polonia debe mantenerse, sobre todo por parte de la UE.

Aleksandra Sojka es investigadora Juan de la Cierva en el Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid. Este artículo ha sido elaborado por Agenda Pública para EL PAÍS.

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