Galápagos: la joya de la corona no da de comer

El turismo, congelado por la pandemia de coronavirus, es el único sustento de unas islas que son el principal atractivo internacional de Ecuador

Turistas en la isla Isabela, en Galápagos. En vídeo, imágenes del archipiélago.FOTO: GETTY | VIDEO: AFP

Galápagos se ha convertido en una isla. Es un archipiélago propiamente dicho, pero la pandemia de la covid-19 ha convertido a la joya de la corona del turismo de Ecuador en una isla aislada en medio del Pacífico. No llegan los vuelos, no llegan los visitantes, no llegan los recursos económicos y la crisis sanitaria y económica es también para los locales una crisis social y emocional. “La población está deprimida, no salen de casa porque no saben qué hacer, se ha disparado la violencia, hay hambruna”, describe André Obiol, presidente de la Asociación Hotelera de Ecuador y propietario de un establecimiento en ese paraíso que inspiró a Charles Darwin a elaborar su teoría de la evolución.

”La vida es muy dura en Galápagos si no tienes ingresos. Aquí, el salario básico está fijado en el doble de lo que recoge la ley para Ecuador continental debido al alto costo de la vida. Todos los productos y servicios vienen del continente en barco o en avión”, explica el empresario ecuatoriano. “Este confinamiento ha supuesto la peor crisis de la historia”, lamenta, justificando sus palabras en que el 95 % de la población del archipiélago depende del turismo. “Todas sus industrias viven de los visitantes: los transportistas, los alimentos, los supermercados, los guías, los operadores, los negocios pequeños… Todos dependen del flujo walk in. Es decir, de los turistas que se hospedan y consumen en las islas, teniendo en cuenta que una buena parte de los casi 275.000 visitantes que tuvo el archipiélago en 2019 vienen en cruceros. Entre marzo y mayo, el agujero es de 200 millones de dólares, según los cálculos de la Cámara Provincial de Turismo de Galápagos.

”Que ambos tipos de turismo se reactiven es muy importante, pero, especialmente, el de tierra porque de eso depende la dinámica local”, precisa Norman Wray, delegado del Ejecutivo en el Consejo de Gobierno del Régimen Especial de Galápagos. El titular de la Gobernación de Galápagos asegura, en cambio, que las islas han conseguido enfrentar el coronavirus desde un punto de vista sanitario de forma satisfactoria.

Hubo contagios en tres de las cuatro islas habitadas - Galápagos tiene 13 islas grandes y nueve medianas además de un centenar de islotes-, pero nunca cruzó la línea de los contagios comunitarios. En Santa Cruz, fueron 32 pacientes y se han recuperado 20; en San Cristóbal, 13 casos con 12 recuperados; en Isabela, 19 y todos han superado la enfermedad. No hubo ninguno en Floreana. Además, se detectaron 70 contagiados embarcados y de ellos, 61 ya están sanos. De los 136 positivos totales, murieron dos. “Todos los casos estuvieron controlados”, defiende Wray, explicando que Galápagos no tenía ni laboratorio para hacer pruebas ni camas para cuidados intensivos. Ahora tiene seis plazas de UCI, con personal específico y seis respiradores, además de un convenio con la Universidad de Las Américas para poder hacer pruebas PCR en las islas.

”Podríamos haber estado en una situación muy compleja, si no fuera por la responsabilidad de la sociedad. Se lo tomaron en serio”, reconoce Wray por videoconferencia desde Quito. Ahora, indica, “es el momento de arrancar el proceso de apertura hacia el turismo. Galápagos se reabrió oficialmente para los visitantes el pasado 1 de julio, pero falta voluntad para viajar”, diagnostica la autoridad.

Esa falta de impulso tiene dos razones principales: no hay vuelos que lleguen a las islas debido a que las dos operadoras de la ruta, Latam y Avianca, se han acogido a la regulación de quiebra y solo fletan vuelos cuando están completos; y que hasta ahora estaba en el aire si quienes pretenden visitar las islas, declaradas Patrimonio de la Humanidad, debían hacer la habitual parada técnica en Quito o en Guayaquil y, por tanto, cumplir con una quincena de cuarentena. Se propuso facilitar la llegada directa de vuelos internacionales a las islas, pero esa opción fue descartada. Ni hay capacidad para abastecer de combustible a los aviones en el archipiélago, ni pistas de aterrizaje para grandes aeronaves, ni logística para establecer un puesto migratorio o de aduanas.

”Ya se ha tomado una decisión y los turistas podrán venir a Galápagos, haciendo una noche o dos en Quito o en Guayaquil como hasta ahora, pero sin necesidad de cumplir la cuarentena. Sí se exigirá una prueba PCR con resultado negativo realizada hasta 96 horas antes del viaje”, aclara el titular de la Gobernación del archipiélago. “A las aerolíneas les digo que, en lugar de exigir vuelos completos o de coordinar operaciones charters, definamos dos, tres o cuatro vuelos a la semana y ahí veremos cómo es el flujo de turistas”.

Ante la falta de conexiones aéreas y de definir los protocolos de seguridad, la reapertura oficial del 1 de julio se pospuso en la práctica a este miércoles 8. Pero, según Obiol, la realidad es que nadie espera poder arrancar hasta inicios de agosto en una fecha incierta. “Fíjese que nuestra reserva más cercana la tenemos para diciembre cuando antes había que separar espacio con un año o dos de antelación para venir en esas fechas”.

El presidente de la Federación nacional de cámaras de Turismo de Ecuador, Holbach Muñetón, es más tajante en sus críticas. “Esta pandemia ha evidenciado el abandono del turismo. Ninguno de los Gobiernos ha creído en esta industria pese a sus anuncios. Ahora permitirán meter el consumo en turismo entre los gastos deducibles de impuestos, pero eso es un premio de consolación. Llevamos años pidiéndolo. No hay ayudas como en otros países y hay marcas de hoteles que se están yendo del país”, resume el empresario sobre el panorama de la industria nacional que genera 2.200 millones de dólares en llegada de divisas. “Ocurre igual en Galápagos. Ningún Gobierno ha aprovechado Galápagos para poner a Ecuador en los ojos del mundo, como hizo Perú con Machu Pichu”. Las islas, reconoce, son el principal punto de atracción del país, pero no funcionan como ancla para el resto del país. “Es la joya de la corona, sí, pero debería servir para potenciar al resto de Ecuador. No solo una isla aislada”.

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