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La nueva mayoría conservadora aprueba el plan del Brexit de Johnson

La ley incluye la prohibición de nuevas prórrogas más allá de diciembre de 2020

Johnson interviene en la Cámara de los Comunes, este viernes en Londres. En vídeo, las intervenciones del primer ministro y del líder laborista Jeremy Corbyn.

El Reino Unido ha tenido ya demasiado drama durante 2019, así que cuando  la nueva mayoría conservadora aprobó este viernes, con 358 diputados a favor y 234 en contra, el plan del Brexit de Boris Johnson en primera lectura, los diputados se desearon felices fiestas e hicieron las maletas. Casi pasó desapercibido que les había costado cinco votaciones y una primera ministra llegar a este punto. El nuevo texto, que consagra la prohibición de solicitar una nueva prórroga, recorrerá aceleradamente el resto de trámites parlamentarios a comienzos de año para que el Brexit sea una realidad el próximo 31 de enero.

Hay una sensación general de que el debate político ha pasado a una nueva fase. “No veamos el resultado electoral como la victoria de un bando sobre otro. Ha llegado el momento de pasar página y de deshacernos de las viejas etiquetas de euroescépticos y defensores de la permanencia”, ha dicho el primer ministro en el debate previo a la votación del Parlamento. “Esos términos están tan muertos como Montescos y Capuletos al final de la obra”, añadió, en referencia Romeo y Julieta de Shakespeare.

 Los siete diputados, de una mayoría conservadora de 365, que no votaron a favor del texto no llegaron a la categoría de anécdota, porque el resultado, a diferencia de las penurias que tuvo que sufrir el Gobierno tory en la pasada legislatura, fue arrollador. El margen de diferencia fue de 124 diputados.

El nuevo texto legal es diferente al que se presentó ante la Cámara de los Comunes el pasado octubre. En primer lugar, porque establece la prohibición de que haya nuevas prórrogas para la salida completa del Reino Unido de la UE. El periodo de transición dura hasta el 31 de diciembre de 2020. Pocos creen que en esos once meses se pueda negociar una nueva relación política y comercial entre Londres y Bruselas. Por eso se mantenía la esperanza de que Johnson echara mano de la posibilidad de extender hasta dos años el statu quo, en el que todo seguirá igual aunque el Reino Unido ya esté fuera del club comunitario. Sin embargo, el primer ministro quiso enviar de inmediato un mensaje de firmeza a todos los euroescépticos que le impulsaron, y a todos los votantes que decidieron darle un margen de confianza con la promesa de que pondría fin a la pesadilla del Brexit.

Downing Street ha decidido además eliminar de la ley el compromiso de que los derechos de los trabajadores británicos mantendrán su equiparación con los de los de la UE. "Se trata de dar a cada cuestión el vehículo legislativo correspondiente", ha asegurado el ministro para el Brexit, Steven Barclay, en la cadena TalkRadio. "Ya hemos anunciado otras leyes en el Discurso de la Reina [el texto con las líneas maestras del nuevo Gobierno, que Isabel II leyó este jueves en el Parlamento] que contemplan los derechos laborales. Y a menudo, el Reino Unido ha ido más lejos en su protección que la propia UE", dijo el ministro, cuya primera tarea va a ser precisamente eliminar su departamento, el Ministerio para el Brexit. Sus funciones serán asimiladas, en la reorganización ideada por Johnson, por el propio gabinete del primer ministro y por el Ministerio de Comercio Internacional.

La oposición laborista, diezmada en las elecciones generales del 12 de diciembre, ha votado en contra de la ley, pero no extendió innecesariamente un debate que no tenía ni fuerzas ni unidad para afrontar. “Esta ley será un ariete que nos empujará hacia el camino de una mayor desregulación, y hacia un acuerdo tóxico con Donald Trump para privatizar nuestro Servicio Nacional de Salud (NHS, en sus siglas en inglés) y encarecer el precio de las medicinas. Seguimos convencidos de que existe un modo mejor y más justo de que el Reino Unido abandone la UE”, ha replicado Jeremy Corbyn. Anunciada ya su retirada una vez que el partido ponga en marcha el proceso de sustitución, que debería concluir el próximo marzo, el veterano político de izquierdas logró una respuesta relativamente compacta de su grupo parlamentario sin esforzarse en cerrar filas. De hecho, 30 diputados laboristas se abstuvieron, y otros seis, como Emma Lewel-Buck, representante de la circunscripción de South Shields (62% a favor del Brexit en 2016), votaron a favor del texto. “Me niego a hacer oposición porque sí. Necesitamos construir un nuevo consenso y detener ya la naturaleza combativa de este debate”, ha dicho.

La fuerza de oposición parlamentaria quedó prácticamente en manos de los independentistas del Partido Nacional Escocés (SNP). Su victoria el pasado 12 de diciembre, que les llevó a aumentar de 35 a 48 el número de escaños y consolidar su posición como tercer grupo parlamentario en Westminster, les ha dado nuevos bríos para reclamar un nuevo referéndum de independencia y combatir el Brexit de Johnson. “Al imponer por ley el plazo máximo del 31 de diciembre de 2020 vuelve a estar sobre la mesa el riesgo de un Brexit sin acuerdo”, ha asegurado su portavoz en el Parlamento, Ian Blackford.

 

 

 

 

 

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