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Una multitud rechaza en Argelia las presidenciales de diciembre impulsadas por el general Gaid Salah

Jóvenes activistas se desplazan hasta Argel en pateras después de que el jefe del Estado Mayor ordenase cerrar la capital al paso de vehículos con manifestantes

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Manifestantes en las calles de Argelia rechazan el anuncio electoral, el pasado 17 de septiembre. REUTERS

Cientos de miles de personas han salido este viernes a las calles de las principales ciudades de Argelia para protestar contra el régimen y, en concreto, contra el general Ahmed Gaid Salah, jefe del Estado Mayor. A sus 79 años, Gaid Salah es el hombre fuerte del país desde que forzó en abril la dimisión del anterior presidente, Abdelaziz Buteflika, tal como reclamaban millones de manifestantes. Desde entonces, las calles se vienen llenado los viernes de gente que pide la marcha del general. Pero Gaid Salah solo contempla como salida a la crisis unas elecciones presidenciales para el próximo 12 de diciembre.

Los activistas se niegan a acudir a unas elecciones controladas por las mismas autoridades que gestionaron las presidenciales durante los 20 años que Buteflika estuvo en el poder. Además, exigen la liberación de los “presos de opinión”, decenas de personas detenidas por manifestarse desde el pasado febrero. El problema es que el régimen no solo se niega a esa pretensión, sino que cada vez detiene a más activistas destacados.

El miércoles de la semana pasada fue encarcelado el carismático opositor Karim Tabú, de 46 años. Dos días después, decenas de miles de personas volvían a manifestarse en las principales calles del país por 30º viernes consecutivo. Esta semana han sido apresados otros dos hombres muy populares en las protestas, Samir Berlabi y Fodil Bumala. Se les acusa de atentar contra “la moral del Ejército” y la unidad nacional. Ellos se suman así a otros 23 detenidos en las manifestaciones del viernes pasado.

El abogado Mustafa Buchachi, otro de los activistas con más carisma, visitó este viernes en la cárcel a Tabú, Berlabi y Bumala. Y declaró: “La moral de ellos es alta. Insisten en que mantengamos la paz y en que tengamos paciencia para conseguir una Argelia libre y democrática”.

Después de 31 viernes consecutivos de manifestaciones en Argelia, la historia puede parecer repetitiva, pero no lo es: cada viernes es más difícil salir a la calle. Y cada viernes, decenas de miles de ciudadanos siguen saliendo. El pulso que se está desarrollando desde hace siete meses entre el Ejército argelino y millones de ciudadanos pacíficos es titánico.

El jefe del Estado Mayor ordenó esta semana a la gendarmería que detuviera en las entradas de la capital a todos los vehículos que llevaran manifestantes. En las redes sociales comenzaron a circular fotos de jóvenes que llegaban a Argel a través del mar, en pequeñas pateras. “entrado en la capital como jarragas (emigrantes clandestinos, en árabe)”, coreaban cientos de jóvenes ante los furgones de la policía.

Los vídeos difundidos en las redes mostraban a decenas de ciudadanos coreando: “¡Qué vergüenza, una capital en estado de sitio!”. A la una de la tarde, el sitio digital más leído de Argelia, TSA, informaba: “Las calles del centro han sido invadidas por un número importante de manifestantes, a pesar de un dispositivo policial impresionante y del cierre de acceso a la capital”. De nuevo, como cada viernes, el lema más difundido fue, según diversos testimonios: “El pueblo quiere la caída de Gaid Salah”.

En otras ciudades como Orán, Chlef, Tizi Ouzou, Constantine, Bouira, Tlemcen, Mostaganem o Bejaia las manifestaciones también fueron multitudinarias, a juzgar por los vídeos difundidos en las redes. Pero la más numerosa fue la de Argel. Y el rechazo a las llamadas “elecciones del régimen” o "elecciones de la banda" también fue rotundo en las calles.

Tras la dimisión forzada del presidente Buteflika, el general Gaid Salah promovió una purga entre quienes él denominó como “una banda” de personajes del régimen de Buteflika. El jefe del Estado Mayor animaba a la Justicia a actuar y la Justicia fue metiendo en prisión a personajes intocables hasta entonces como Said Buteflika, hermano del presidente o el general en la reserva Mohamed Mediene, Tufik, jefe de los poderosos servicios secretos durante un cuarto de siglo (1990-2015) o varios empresarios amigos del clan Buteflika.

Los activistas que salen a la calle cada viernes vieron en esas purgas un afán de revancha antes que un deseo de impulsar un cambio de régimen. Tras la dimisión de Buteflika, el Parlamento, con el apoyo explícito de Gaid Salah, nombró presidente interino a quien hasta entonces era presidente del Senado, Abdelkáder Bensalá. Los manifestantes pidieron la dimisión de Bensalá, pero sigue ahí, apoyado por el jefe del Ejército.

Bensalá tenía un mandato interino de tres meses. Convocó unas elecciones para el 4 de julio, pero las tuvo que aplazar porque los manifestantes la boicotearon al entender que no se daban las condiciones democráticas necesarias para celebrar elecciones. La semana pasada, el general Gaid Salah emplazó a las autoridades a convocar elecciones en el plazo más breve posible. Y las elecciones han sido inmediatamente convocadas para el 12 de diciembre. El problema es que millones de argelinos siguen boicoteándolas.

El diario TSA se preguntaba al final de la jornada, tras dejar constancia de que "cientos de miles de personas" salieron a las calles: "¿El poder va a mantenerse en sus trece y se arriesgará a organizar unas presidenciales mientras que el Hirak (Movimiento de protestas, en árabe) ha tomado un nuevo impulso? ¿O cambiará de estrategia?"

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