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El presidente de Irán acusa a EEUU de mentir sobre su deseo de negociar

Teherán asegura que las sanciones de EE UU al líder supremo cierran de forma “permanente” la vía diplomática y Trump advierte de represalias brutales si recibe ataques

Hasán Rohaní, presidente iraní, este martes.

Irán ha respondido con dureza este martes a la decisión de Estados Unidos de imponer sanciones al líder supremo y máxima autoridad de la República Islámica, el ayatolá Ali Jamenei. El presidente iraní, Hasan Rohani, ha acusado a Washington de mentir cuando dice que desea negociar con Teherán, e incluso ha abandonado su habitual estilo moderado al achacar la actual crisis al “retraso mental” de la Casa Blanca. La República Islámica responsabiliza a la Casa Blanca de haber cerrado “definitivamente” la vía diplomática.

Rohani trató de minimizar el impacto de las nuevas sanciones, pero las duras palabras con que reaccionó, e incluso el hecho de que se transmitieran en directo por televisión, revelan el malestar que las medidas han suscitado en todos los sectores del régimen iraní. “A la vez que [ustedes] nos invitan a negociar, intentan sancionar al ministro de Asuntos Exteriores. Es evidente que están mintiendo”, dijo el mandatario iraní.

La víspera, el presidente estadounidense, Donald Trump, firmó un decreto que impone sanciones contra el líder supremo, su equipo y ocho altos mandos de la Guardia Revolucionaria. El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, declaró que eso supone congelar “decenas de millones de dólares en activos” y adelantó que planean añadir a la lista al jefe de la diplomacia iraní, Mohammad Javad Zarif, antes de que concluya la semana.

El presidente iraní, un político considerado pragmático que ganó dos elecciones con la promesa de abrir su país al mundo, se refirió a las últimas medidas como un signo de desesperación de Washington. También aseguró que van a fracasar porque el líder supremo no tiene bienes en el extranjero.

“¿Sanciones con qué objetivo?”, preguntó Rohani. “¿Para congelar los activos del líder? Nuestros dirigentes no son como los de otros países que tienen decenas de millones en cuentas en el extranjero para que ustedes puedan incautarse de ellas o bloquearlas”, lanzó Rohani. “Las acciones de la Casa Blanca indican retraso mental. Ya no saben qué hacer”, añadió utilizado un insulto que los ultras ya han usado antes para referirse Trump.

Este respondió al ataque pocas horas después en su cuenta, presumiendo de poderío militar y amenazando de represalias si el régimen iraní ataca a EE UU. Trump calificó la declaración de Rohani de "ignorante e insultante", una muestra, escribió en su cuenta de Twitter, de que "no entienden la realidad", informa Amanda Mars. "Cualquier ataque por parte de Irán sobre cualquier cosa estadounidense será respondido con una fuerza abrumadora. En algunas áreas, abrumador significa erradicar. Ya no están [Barack] Obama y [John] Kerry", alertó el republicano. El mandatario dijo que los líderes iraníes no entienden la "amabilidad" o la "compasión", solo el "poder" y la "fuerza" y, en ese terreno, amenazó, Estados Unidos lleva las de ganar. "Tiene de lejos el mayor Ejército del mundo, con 1,5 billones de dólares invertidos solo en los últimos dos años", apuntó.

En un artículo de opinión publicado el año pasado en la revista Foreign Affairs, el secretario de Estado Mike Pompeo atribuyó al ayatolá Jamenei una fortuna personal de 95.000 millones de dólares (unos 83.400 millones de euros), depositados en un gran fondo de inversión llamado Setad. Esa cifra coincide con el cálculo que hizo seis años antes una investigación de la agencia Reuters tras analizar declaraciones de funcionarios del fondo, datos de la Bolsa de Teherán, sitios web de empresas, e información del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

Poco antes de la intervención de Rohani, el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Abbas Mousavi, recurrió a Twitter para advertir que las nuevas penalizaciones suponen cerrar de manera permanente la vía de la diplomacia con el desesperado Gobierno de Trump". Mousavi acusó a la Administración de Trump de destruir “todos los mecanismos internacionales existentes destinados a garantizar la paz y la seguridad mundial".

Irán también mantiene el plan de reducir sus compromisos con el acuerdo nuclear a partir del 6 de julio, tal como recordó ayer Ali Shamkhani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Shamkhani subrayó que los firmantes europeos de ese pacto no han hecho lo suficiente para salvarlo después de que EE UU lo abandonara unilateralmente el año pasado y empezara a reimponer sanciones a Teherán. Esa decisión ha dejado al régimen iraní sin incentivos para seguir respetándolo, al privarle de los ingresos del petróleo, su principal fuente de ingresos. A principios de mayo el presidente Rohani dio un plazo de 60 días a los europeos para que ofrecieran una salida.

A pesar de la retórica desafiante de sus responsables, la República Islámica se encuentra en aprietos. Tal vez calculen que romper el acuerdo nuclear les dará más fuerza en una eventual negociación, pero también les granjearía la desaprobación de las potencias europeas que hasta ahora le han mostrado su apoyo y podrían actuar de mediadores con EE UU. Muchos observadores insisten en que la diplomacia es la única salida.

Si esa vía estuviera cerrada para siempre como ha advertido Teherán, la alternativa sería la guerra, que tanto dirigentes iraníes como estadounidenses dicen no querer. El problema es que sin relaciones diplomáticas desde hace cuatro décadas, los dirigentes de ambos países tienen una percepción distorsionada de cómo va a responder el otro.

Trump parece convencido de que la presión va a forzar a la República Islámica a renegociar un acuerdo que con su abandono pone en duda la fiabilidad de pactar con Washington. Por su parte, el régimen iraní, que siempre ha desconfiado de EE UU, interpreta las sanciones como una guerra económica que le legitima a defenderse. Al derribar el dron estadounidense la semana pasada es muy posible que no pretendiera desatar un ataque militar estadounidense, sino lanzar un aviso para evitarlo.

Dada la falta de transparencia del sistema iraní, resulta difícil saberlo con certeza. Lo que sí parece claro es que si la política de acoso de Trump llega a convencer al líder supremo de que su única salida es negociar, este tratara por todos los medios de reforzar su posición y, en consecuencia, a volver a jugar la carta nuclear. Entre tanto, el riesgo de guerra se mantiene, sea por un error de cálculo de EE UU o por un exceso de confianza iraní. La última amenaza de Trump de obliterar partes de Irán si sus fuerzas atacan “algo americano”, da una idea del peligro.

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