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El expresidente de Interpol se declara culpable de corrupción ante un tribunal en China

Meng Hongwei fue detenido el pasado octubre acusado de aceptar cerca de dos millones de euros en sobornos

Meng Hongwei interpol
El expresidente de Interpol, Meng Hongwei, en una imagen tomada en mayo de 2018 en Lyon (Francia). REUTERS

Ocho meses después de su misteriosa desaparición y renuncia al cargo, el expresidente chino de la Interpol, Meng Hongwei, ha reaparecido en público para declararse culpable de corrupción, en un juicio celebrado en la ciudad de Tianjin, a unos 200 kilómetros al este de Pekín. Meng estaba acusado de haberse apropiado de fondos públicos por valor de 14,5 millones de yuanes (casi dos millones de euros). El veredicto sobre Meng se anunciará posteriormente, según ha informado la agencia de noticias china, Xinhua.

El jefe de policía, que hasta el año pasado tenía rango de viceministro en la jerarquía china, había sido designado presidente de Interpol en 2016, en un nombramiento que entonces despertó una fuerte polémica. Las organizaciones pro derechos humanos temían que Meng pudiera utilizar su puesto para promover la búsqueda y captura de fugitivos chinos por motivos políticos.

Su esposa, Grace Meng, denunció en Francia, donde tiene su sede este organismo de coordinación policial, la desaparición del alto cargo en septiembre pasado. Según explicaba la mujer, Meng fue convocado a China por las autoridades de ese país. A su llegada, desde el aeropuerto, le mandó una serie de mensajes instantáneos -incluido el emoji de un cuchillo- en los que le advertía de que se encontraba en peligro.

Ante el escándalo internacional, tras varios días de silencio la Comisión Nacional de Supervisión, el organismo encargado de supervisar el comportamiento de los funcionarios chinos, confirmó a principios de octubre que Meng se encontraba detenido. Interpol recibió por fax una carta de dimisión firmada por él.

En marzo, la Fiscalía china hizo oficial que el ya ex alto funcionario se encontraba en su poder y se le investigaba por delitos de corrupción que se remontaban hasta 2005, cuando Meng se encontraba al frente del Servicio de Guardacostas. Además de prevaricación, también se le acusaba de abuso de poder y de no haber acatado decisiones del Partido Comunista. Ese mes fue expulsado del Partido Comunista de China y despojado de todos sus cargos oficiales.

En mayo, Grace Meng y sus dos hijos obtuvieron asilo político en Francia. La esposa del exviceministro, que ha denunciado un intento de secuestro, asegura que los cargos contra su marido tienen una motivación política.

Según Xinhua, durante el juicio “Meng Hongwei pronunció unas palabras de cierre, admitió su culpa y expresó sus remordimientos al tribunal”.

Meng es el último de cerca de 1,5 millones de funcionarios chinos castigados por delitos de corrupción desde la llegada del presidente chino, Xi Jinping, al poder y el lanzamiento de una dura campaña contra ese tipo de prácticas. En ella han caído tanto “moscas” -funcionarios de bajo nivel- como “tigres”, altos cargos del Gobierno o del partido, según la descripción que hizo Xi en los inicios de esa iniciativa. Según los analistas, la campaña no solo ha granjeado al presidente chino una gran popularidad entre los ciudadanos y le ha permitido limpiar la imagen del Gobierno chino, sino que también le ha facilitado librarse de posibles rivales políticos. Entre ellos figura el antiguo ministro de Seguridad Pública Zhou Yongkang, antiguo jefe directo de Meng y condenado en 2015 a cadena perpetua.

La legislación china permite mantener incomunicados durante un plazo máximo de seis meses a los sospechosos de corrupción o de atentar contra la seguridad del país. En ese periodo, los detenidos permanecen en un lugar no divulgado y sin acceso a abogados defensores.

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