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El cementerio más alto del planeta

Algunos cuerpos nunca podrán ser rescatados del Himalaya, otros como los de los islandeses Rúnarsson y Guojónsson, que desaparecieron a 6.600 metros de altitud, han tardado décadas en ser recuperados

Varios alpinistas caminan cerca del Everest.
Varios alpinistas caminan cerca del Everest. AFP

El Himalaya es la cordillera montañosa más admirada del mundo; y sus aledaños, el cementerio a mayor altitud del planeta. Desde que Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzasen en 1953 su cima, el Everest, unas 4.000 personas han seguido sus pasos. Un número que aumenta a medida que el paraje se convierte en una atracción turística por la estabilidad política de Nepal —cuyo Gobierno regula las expediciones—, la multiplicación de agencias que organizan ascensos y el abaratamiento de costes. Y a más visitas, más posibilidades de accidentes como los ocurridos hace días por la concentración de turistas que desean subir a la cima del mundo.

Los rescates en la zona son tremendamente complejos. A la dificultad para que los helicópteros maniobren entre fuertes vientos y escarpadas, se unen las condiciones climatológicas extremas. Así, restos de escaladores siguen casi intactos en cuevas y grutas que salpican el camino a la cumbre.

El cuerpo petrificado de un escalador fallecido en 1999 en el Everest.
El cuerpo petrificado de un escalador fallecido en 1999 en el Everest. Getty

En noviembre del año pasado, sin embargo, un estadounidense halló los restos de dos montañeros que desaparecieron en el Himalaya hace tres décadas. Los islandeses, Kirstinn Rúnarsson y Porsteinn Guojónsson, habían partido hacia Al Pumori, en la frontera entre Nepal y Tíbet, en otoño de 1988 con otros dos compañeros de expedición. El escocés Steve Aisthorpe les vio por última vez a 6.600 metros de altura el 18 de octubre antes de abandonar la marcha por un problema intestinal.

“El hallazgo de los restos de Kirstinn y Porsteinn después de tantos años ha hecho aflorar emociones en quienes conocimos y quisimos a esta maravillosa pareja”, declaró Aisthorpe desde el pueblo de Kincraig en las Highlands escocesas, al conocer la noticia de que había hallado los cuerpos.

Aisthorpe solo tenía 25 años cuando perdió a sus compañeros en la cara occidental del Everest, a 2.248 metros de la cima del mundo. “Grité con todas mis fuerzas y el eco de mi voz resonó entre las rocas y el hielo. Pero el silencio era palpable”, contaba el alpinista escocés a varios medios británicos, recordando su desolación al encontrar los sacos de dormir vacíos.

Aisthorpe había descendido hasta la clínica más cercana para ser tratado junto al cuarto miembro de la expedición. Al regresar al campamento base, esperaron durante cinco días a la pareja, de 27 años, considerados los mejores escaladores de Islandia. Tras el rastreo aéreo de un helicóptero nepalí, la búsqueda concluyó semanas después. Hasta hace un año, cuando un director de cine retomó la batida en busca de los cadáveres como parte de un documental sobre aquella expedición.

“Fue él quien me contactó cuando me encontraba de vacaciones en Marruecos”, explicaba Aisthorpe: “Lo primero que me pasó por la mente fue: '¿Serán realmente sus cuerpos?'”. Los restos de los alpinistas islandeses habían sido localizados en el borde de un glaciar, sobre el que posiblemente cayeron por la hendidura de la montaña y en el que quedaron al descubierto al replegarse este con el paso de los años. Un grupo local de sherpas nepalíes trasladó los cuerpos hasta Kathmandu, la capital de la pequeña nación del Himalaya, donde varios familiares esperaban para la cremación. Entre ellos, el hijo de Rúnarsson, de 30 años. Su esposa estaba embarazada cuando el aventurero desapareció. El descendiente al que nunca conoció llevó sus cenizas y las de Porsteinn a Reikiavik a finales de 2018.

Pero la historia de los montañeros islandeses desaparecidos durante tres décadas en la cima del mundo aún puede tener otro desenlace. Según el diario británico The Independent, Aisthorpe dijo que se podrían tener más pistas sobre lo que ocurrió en los días previos. Al parecer, entre los restos de los escaladores también encontraron dos películas de fotos que se enviaron a un especialista en Australia para su revelado. “Es un cierre de la historia que nos ha reunido a todos de nuevo”, resumió Aisthorpe, quien trabajó como guía de montaña en el Himalaya nepalí durante 12 años.

Al contrario que los restos de los islandeses, los de muchos otros escaladores difícilmente podrán ser rescatados debido a la dificultad del terreno y de las condiciones meteorológicas. Es el caso de Botas Verdes, un famoso montañero desconocido que yace en una gruta a 8.500 metros de altura, donde cualquier intento de rescate que suponga más esfuerzo que el de mover el cuerpo de uno mismo es un suicidio. Aunque se desconoce su identidad, los expertos creen que Botas Verdes es el indio Tsewang Paljor, desaparecido en 1996 durante un ascenso. Hasta 2006, sus coloridas botas eran lo más llamativo para los que se detenían a descansar a su lado, en una cavidad usada como guarida por alpinistas. Ese año, David Sharp hizo un alto junto a él, acurrucándose en posición fetal para recuperar calor. Nunca volvió a levantarse y también descansa en lo que se ha convertido en uno de los mayores cementerios a cielo abierto del planeta.

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