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Primero hablemos de Polonia, y luego de Europa

Los temas nacionales han marcado la campaña de las elecciones europeas de este domingo, que suponen un plebiscito para el Gobierno ultraconservador del PiS de cara a las legislativas de este otoño

Jaroslaw Kaczynski durante un acto de campaña el 19 de mayo en Cracovia.
Jaroslaw Kaczynski durante un acto de campaña el 19 de mayo en Cracovia. Getty

“Europa queda muy lejos de aquí”, dice Slawomir Dron, dueño de un café de la localidad de Bialowieza, a pocos kilómetros de la frontera con la vecina Bielorrusia. Aquí, en este rincón de la provincia oriental de Podlaskie, una de las regiones más rurales de Polonia, bastión del partido ultranacionalista Ley y Justicia (PiS), parece no tener mucho impacto la propaganda de los comicios de este domingo. Pero tampoco en Varsovia, la capital, donde los carteles electorales pasan inadvertidos. Esta semana se han convocado algunas marchas contra las políticas del Gobierno y la opinión pública sigue hablando sobre el documental Tell no one, que revela varios casos de pedofilia en el seno de la Iglesia católica polaca. El debate europeo ha quedado relegado a un segundo plano en unas elecciones en las que tradicionalmente ha imperado la baja participación. En los comicios de 2014, no alcanzó ni el 24%.

Pero estas elecciones son cruciales en Polonia, la antesala a las legislativas de este otoño. Un plebiscito para el PiS, que intentará revalidar la mayoría absoluta que consiguió en 2015. El partido que lidera en la sombra el ultracatólico Jaroslaw Kaczynski comprobará si los ciudadanos apoyan su mensaje euroescéptico que ha alejado al país más que nunca de Bruselas, o si se decantan por las formaciones más europeístas, representadas por Coalición Europea (KE). Un conglomerado de cinco formaciones liderado por Plataforma Cívica (PO), el principal partido de la oposición, que hasta ahora no ha sido capaz de frenar a su rival ultraderechista. “Lo que busca el KE es unir fuerzas contra el PiS. Si no hubieran creado este grupo, PO no tendría opciones de ganar”, explica Jakub Urbanik, profesor de Derecho de la universidad de Varsovia y activista proeuropeo.

Según la última encuesta del instituto Kantar publicada esta semana en el diario Gazeta Wyborcza, el PiS conseguiría un 36% de los votos, mientras que la Coalición Europea alcanzaría el 34%. La tercera posición, con el 8% del escrutinio, sería para Wiosna (Primavera, en polaco), la formación liberal progresista que se estrena en estos comicios capitaneada por Robert Biedron. Apodado el Macron de Polonia, Biedron aspira a levantar tabúes en la tradicional sociedad polaca con un partido anticlerical, proeuropeo y que defiende los derechos LGTB. Para muchos, Wiosna es un soplo de aire fresco; otros recelan de su carácter populista. “Pero los principales partidos han copiado algunas de sus promesas electorales, como la reforma de la salud pública”, sostiene Urbanik.

La pederastia en la Iglesia entra en campaña

Tell no one. No se lo digas a nadie. Ese es el nombre del documental del que todo el mundo habla en Polonia. Desde el 11 de mayo, más de 20 millones de usuarios se han descargado este vídeo de Internet para ver algunos casos de pederastia en la Iglesia católica polaca. Los durísimos testimonios de las víctimas y las propias confesiones de algún sacerdote han levantado muchas ampollas en el país empañando el debate electoral, sobre todo en las filas del PiS, muy defensor del clero. El Gobierno presentó hace dos semanas una reforma del Código Penal para endurecer las penas por pederastia hasta los 30 años de prisión.

Agnieszka Lada, del Instituto de Asuntos Públicos de Varsovia, destaca que el Gobierno promete más ayudas para obtener más votos, en línea con lo que han hecho hasta ahora. “Han hablado de otorgar una paga extra a los pensionistas en mayo, de aumentar las ayudas para fomentar la natalidad o bajar los impuestos de los jóvenes”. “El PiS ha cumplido con la mayor parte de sus promesas de 2015, por eso la gente sigue confiando en ellos”, asegura Lukasz Warzecha, del semanario ultraconservador Do Rzeczy. Este analista ha echado en falta más debate europeo. “El PiS habla de una Europa de Naciones, y Coalición Europea, de más Europa. Pero, ¿cómo lo piensan llevar a cabo?”, lamenta.

Un detalle de la campaña ha sido cómo el PiS ha suavizado el tono bélico con la UE. Después de haber estado desoyendo las advertencias de Bruselas por los recortes en derechos, la injerencia del Gobierno en el sistema judicial, su rechazo a los refugiados, parece que el varapalo de las últimas elecciones locales (en las que el partido de Kaczynski fue incapaz de hacerse con las principales ciudades del país) y las protestas a favor de la UE han tenido su efecto. Polonia es el Estado miembro que más fondos recibe de la UE. Y desde su integración en 2004, el país excomunista (con casi 40 millones de habitantes) ha vivido una gran transformación. Hoy es la sexta economía de la Unión y la deriva autoritaria preocupa mucho en Bruselas. Esta semana han viajado hasta Varsovia Manfred Weber, líder de los populares europeos y Frans Timmermans, candidato socialdemócrata a presidir la Comisión. El primero mostró su apoyo a Coalición Europea. El segundo, ha intentado cortejar al carismático Biedron. El que todavía no se ha pronunciado sobre su vuelta al ruedo político polaco ha sido Donald Tusk, actual presidente del Consejo Europeo. “Muchos lo esperan, pero creo que ni él tiene claro incorporarse a Plataforma Cívica. Todo depende del resultado de estas elecciones”, considera el analista Lukasz Warzecha.

El PiS hasta ahora integra las filas del grupo de Conservadores y Reformistas Europeos. Pero en unas declaraciones publicadas en el diario Polska Times, el primer ministro Mateusz Morawiecki reconoció “estar preparado para hablar con el partido de Salvini [que aspira a liderar la extrema derecha europea] y también con Vox”. Habrá que esperar a los resultados de mañana para ver si los ultras polacos, quizá embriagados por el posible éxito de Salvini, cambian de bando.

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