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El pulso entre las dos almas del progresismo radical

Euroescépticos y reformistas se disputan el control de un grupo que batalla por mantener su representación actual

Nico Cué, candidato de la izquierda europea, frente a la Comisión Europea.
Nico Cué, candidato de la izquierda europea, frente a la Comisión Europea. AFP

La izquierda radical europea tendrá el reto de fijar un solo rumbo tras las elecciones del 26 de mayo. Ahora navega hacia varias direcciones. Casi tantas como partidos hay en su seno. En ella conviven los comunistas con la izquierda alternativa, euroescépticos con eurocríticos e incluso populistas con pragmáticos. El Grupo de la Izquierda Unitaria Europea (GUE/NGL) acude a las elecciones con cuatro de sus partidos disputándose ser la primera delegación nacional en Bruselas: Unidas Podemos (España), Syriza (Grecia), La Francia Insumisa (Francia) y Die Linke (Alemania). De la composición final de ese rompecabezas y de sus liderazgos podría incluso depender la correlación de fuerzas en la Cámara si acabara fracasando un pacto entre las tres principales fuerzas y acabara imponiéndose la lógica de progresistas frente a conservadores.

Los sondeos no señalan grandes cambios para el grupo parlamentario, que estaría alrededor de los 50 escaños (ahora tiene 52). Tras ondear la bandera de la batalla contra la austeridad en los comicios de 2014 con Alexis Tsipras como cabeza de cartel, esta vez la formación ha optado por presentar dos candidatos. Las caras del partido son Nico Cué, un histórico sindicalista belga nacido en Asturias que fue secretario general de los trabajadores siderúrgicos de Valonia y Bruselas, y Violeta Tomic, exactriz y diputada de la Asamblea Nacional de la República de Eslovenia.

La izquierda radical acude a las elecciones con un programa que incluye la reforma del Banco Central Europeo para que en sus objetivos esté también la creación de empleos, poner fin a las políticas de austeridad y al Pacto de Estabilidad y Crecimiento, fijar controles a los mercados financieros y acabar con la OTAN y dar un portazo al deseo de un Ejército europeo expresado, entre otros, por la canciller alemana Angela Merkel.

Sin embargo, cada partido en su país pone diferente énfasis a cada una de esas medidas. Eso ocurre con casi todas las formaciones, pero las diferencias son más acentuadas en el caso de la Izquierda Europea. La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon llega a hablar en su programa de una “retirada” del país “de los tratados” comunitarios, mientras que algunos sectores del partido alemán Die Linke coquetean con el discurso xenófobo e incluso con cerrar fronteras dentro de la UE para frenar la hemorragia de votantes que van hacia Alternativa para Alemania (AfD).

La posición soberanista y euroescéptica de Mélenchon lo aleja de otros de sus socios, como Syriza o Unidas Podemos. En España y Portugal, la izquierda radical ha decidido pactar con los socialdemócratas. “Entiendo las decisiones de Podemos. Pero nosotros no estamos en la misma situación”, afirmó el líder de la izquierda radical francesa en una entrevista con EL PAÍS.

Dos posiciones ante la UE

“En la izquierda europea hay desde eurocríticos como Syriza o Podemos, que quieren reformar la UE, hasta euroescépticos como La Francia Insumisa”, explica Héctor Sánchez Margalef, investigador del CIDOB. La “clave”, añade, estará en ver quién tomará las riendas del grupo parlamentario para observar la dirección que toma el grupo.

Syriza ya ha dejado clara su preferencia por formar una mayoría progresista que vaya desde el partido de Emmanuel Macron hasta el suyo. “Hemos estado trabajando en ello en el Parlamento Europeo desde 2016 y también en el contexto del Consejo, construyendo alianzas entre los partidos de izquierdas, los socialdemócratas y Los Verdes”, sostiene el vicepresidente del Parlamento Europeo y candidato de Syriza para eurodiputado, Dimitris Papadimoulis.

El partido de Tsipras ha ido virando desde la oposición radical a las normas comunitarias hasta la cooperación con la Comisión Europea, cuyo presidente, Jean-Claude Juncker, se disculpó en enero con Grecia por el trato que se le dispensó durante la crisis. Tsipras, además, se ha acercado a la familia socialdemócrata al haber acudido a las reuniones previas a los consejos. “Su recorrido natural es acabar en las filas socialistas”, explican desde el Partido Popular, su principal rival en Grecia.

Tsipras es ahora el único miembro en el Consejo Europeo de la izquierda radical, aunque podría perder esa silla si no remonta los sondeos de sus elecciones nacionales. Y pronto tendrá, con toda probabilidad, un representante en el Colegio de Comisarios nombrado también por el primer ministro griego. La estrategia de la izquierda en esas dos instituciones está por ahora en manos griegas. El GUE/NGL está en disposición de tener más poder. Y, en el Parlamento, deberá decidir a qué alma se lo entrega.

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