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La UE afronta dividida el despliegue del plan de Pekín

Alemania defiende que las grandes economías, salvo Italia, rechazan unirse al programa y reclama actuar bajo el paraguas de Bruselas

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, a su llegada a Pekín.
El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, a su llegada a Pekín. EFE

China ha hallado en las relaciones bilaterales con los socios de la Unión Europea una autopista para desplegar su nueva Ruta de la Seda. Y la facilidad con la que se mueve la diplomacia económica china por esa vía rápida ha puesto en guardia a Bruselas y a varias capitales, sobre todo a París y Berlín, que siguen pugnando por que la UE dé una repuesta unitaria al desafío que plantea la potencia asiática. El ministro alemán de Economía, Peter Altmaier, insistió este viernes en que “la gran mayoría” de los Veintiocho —entre ellos, Reino Unido, Alemania, Francia y España— se mantienen unidos en su convicción de que “solo pueden implementar” sus posiciones “juntos”.

LA DIVISIÓN EUROPEA ANTE EL PROYECTO CHINO

Países de la UE

La Administración de Xi Jinping volvió a demostrar la potencia de la diplomacia económica china cuando no ha transcurrido ni un mes desde la cumbre bilateral entre la UE y China. Entonces, en una declaración conjunta que se cerró in extremis, el país asiático se comprometió a cimentar las futuras relaciones económicas con Europa con criterios de “apertura”, “no discriminación”, “justa competencia”, “igualdad de condiciones” o “transparencia”.

En el foro, China trató de dar continuidad a esos compromisos ante la inquietud de Bruselas y las críticas de varias capitales por la influencia que Pekín sigue ganando en el continente con un programa millonario de infraestructuras y préstamos, suscrito ya por media Europa. El último país en hacerlo fue Italia, no solo una de las cinco grandes economías, sino también un socio fundador y miembro del G7.

Bruselas sigue creyendo que entre los Veintiocho se impone la convicción de que solo si actúan unidos podrá surgir una tercera voz que compita con dos superpotencias como Estados Unidos y China. Sin embargo, también constata que la dificultad de cerrar una posición común despeja el camino para que Jinping siga moviéndose en el terreno en el que se halla más cómodo: el de las cooperaciones bilaterales. “China es impaciente”, aseguraron fuentes comunitarias.

Italia ha sido el último país en incorporarse al programa, pero otros 13 lo habían hecho antes. Entre ellos, Grecia, Portugal y casi todo el Este de Europa. El ministro alemán Altmaier se erigió en el portavoz de las cuatro grandes economías de la UE que han decidido no suscribir, por ahora, esos pactos con China. “En los grandes Estados de la UE hemos acordado que no vamos a firmar memorandos bilaterales”, afirmó Altmaier a la agencia Reuters, dibujando la brecha que existe en el seno de la UE. En lugar de ello, el ministro agregó que había consenso en Berlín, París, Londres y Madrid para que los grandes acuerdos con Pekín se rubriquen en Bruselas.

España, representada en el foro por el ministro Josep Borrell, rechazó entrar en la nueva Ruta de la Seda, mientras que Francia, uno de los países más beligerantes, considera que la política de vía libre a las inversiones chinas que ha predominado hasta ahora ha sido, en palabras de Emmanuel Macron, “ingenua”.

Sin embargo, la posición del Reino Unido no es tan nítida. Pese a la incertidumbre de cuándo y cómo saldrá de la Unión Europea, el Reino Unido quiere empezar a buscar alternativas para andamiar sus futuras relaciones comerciales en el mundo. Y el ministro de Finanzas británico, Philip Hammond, se deshizo este viernes en elogios ante el programa de inversiones chino.

Instrumentos controvertidos

En el último Consejo Europeo, la UE intentó atar de los países miembros el compromiso de poner en marcha varias medidas para abordar las relaciones con un país al que consideran a la vez un socio estratégico y un “rival sistémico”. Se trataba de buscar mecanismos para proteger sectores estratégicos y redes de comunicaciones y asegurar que las empresas compitan en igualdad de condiciones, tanto en la UE como en China.

Tras poner en marcha un sistema comunitario para controlar las inversiones en sectores clave, Bruselas propuso que los países miembros puedan vetar, o al menos penalizar a empresas chinas en sus concursos públicos si el país asiático sigue poniendo obstáculos a las compañías europeas.

Pero ese planteamiento suscita rechazo incluso entre varios países que abogan por plantar cara a China. “¿Cómo vamos a aplicar ese mecanismo cuando socios como Italia solo tienen abierto un 10% de su mercado de contratación pública a empresas extranjeras, incluidas las europeas?”, se queja un diplomático que opina que la UE primero debería seguir eliminando barreras de su mercado interno.

Fuentes diplomáticas añaden que, a su vez, también hay cierta frustración en los países del Este. A pesar de los acuerdos alcanzados con China, estos ven cómo las principales inversiones de ese país van hacia las grandes economías. Y esa tendencia se ha acentuado en los últimos dos años. Según un informe del think tank Merics, Francia, Alemania y Reino Unido se llevaron el 45% de toda la inversión china en la UE en 2018. Los países del norte concentraron el 26% de ese capital; los del Benelux, el 14%, y los del sur, el 13%. En cambio, el este de Europa, que ha sucumbido casi sin excepción al programa chino, solo recibió el 2% de todas las inversiones.

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