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Una muchedumbre intenta linchar al líder de la oposición turca

Los socialdemócratas tachan el incidente de “acto organizado” y exigen la dimisión del ministro de Interior

Kemal Kiliçdaroglu (derecha) es atacado este domingo en Ankara.
Kemal Kiliçdaroglu (derecha) es atacado este domingo en Ankara. AFP

La polarización política que vive Turquía cristalizó este domingo en la localidad de Çubuk, cercana a la capital, Ankara. Durante el funeral de un soldado “mártir” —caído en combate contra el grupo armado kurdo PKK—, una muchedumbre de hombres atacó al jefe de la oposición, Kemal Kiliçdaroglu, que recibió golpes, un puñetazo en la cara y varias patadas. Escoltado por sus guardaespaldas y algunos miembros de las fuerzas de seguridad, fue alojado en una pequeña vivienda cercana. Los atacantes mantuvieron rodeado el edificio durante una hora, mientras clamaban contra el político socialdemócrata, algunos tiraban piedras y, según se escucha en las imágenes, también hubo gritos de “¡Que quemen la casa!”. Finalmente, fueron despachados numerosos agentes de policía y dos blindados, en uno de los cuales fue evacuado Kiliçdaroglu. La Fiscalía ha abierto una investigación por “provocación organizada”.

“Siempre se ha atacado a quienes dicen la verdad. Me ocurra lo que me ocurra, continuaré defendiendo los derechos, el Estado de derecho y la justicia”, dijo Kiliçdaroglu horas después, ante la sede de su Partido Republicano del Pueblo (CHP). Pese a que algunos medios habían definido lo ocurrido como “protesta espontánea”, los dirigentes de la formación centroizquierdista lo han tachado de “acto organizado” y lo han achacado al clima de odio contra su partido desatado por círculos gubernamentales. “Había mucha gente vestida como guardias de seguridad pero ninguno nos ha protegido. Estaban también el director general de Seguridad y el jefe de Policía de Ankara, pero no tomaron ninguna iniciativa para protegernos”, denunció el vicepresidente del CHP, Yildirim Kaya. El partido ha exigido la dimisión del ministro de Interior, Süleyman Soylu, tanto por la escasa eficacia de la policía a la hora de dispersar a los atacantes, como por considerarlo el instigador del incidente.

“He enviado una directiva a las delegaciones del Gobierno: que no admitan a los dirigentes provinciales del CHP en los funerales de los mártires. Si quieren, que vayan a los funerales del PKK”, dijo el año pasado Soylu, un peso pesado dentro del Gobierno de Recep Tayyip Erdogan. Desde aquellas declaraciones, Kiliçdaroglu ha sido increpado en varios funerales militares y sufrido intentos de agresión.

La campaña para las elecciones municipales del pasado 31 de marzo fue una de las más duras que se recuerdan. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y los dirigentes de su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, islamista) acusaron a los socialdemócratas de estar “aliados con los terroristas” y de “actuar a las órdenes de Kandil” (base central del PKK, grupo incluido en las listas de organizaciones terroristas de Turquía, la UE y EEUU). Sin embargo, el CHP arrebató importantes alcaldías al partido gobernantey a su socio de la ultraderecha nacionalista, entre ellas Ankara y Estambul. Desde entonces, la prensa más fervientemente progubernamental no ha dejado de repetir que se debió a un “golpe de Estado en las urnas” dado por el CHP con la ayuda de la comunidad religiosa de Fethullah Gülen, implicada en el intento de golpe de Estado de 2016.

El Gobierno y todos los partidos políticos han condenado el incidente, aunque algunos, con la boca pequeña y demasiado peros. Devlet Bahçeli, líder del partido ultraderechista MHP y sostén del Gobierno en el Parlamento, lamentó el ataque pero achacó a Kiliçdaroglu que fuese a un lugar como Çubuk, donde su partido solo cosechó el 9 % de los votos en las últimas elecciones: “¿Qué se te ha perdido ahí?”.

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