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El Parlamento prohíbe a May que presente por tercera vez su plan del Brexit si no introduce cambios

La decisión del 'speaker' John Bercow pone en riesgo la estrategia del Gobierno

El presidente de la Cámara de los Comunes británica, John Bercow, este lunes.
El presidente de la Cámara de los Comunes británica, John Bercow, este lunes. House of Commons

Theresa May pensaba que el Brexit era un juego de resistencia en el que debía torcer la voluntad de los euroescépticos y no ha entendido que también era un pulso constitucional entre el Ejecutivo y el Legislativo. El presidente de la Cámara, John Bercow, ha echado mano este lunes de precedentes con siglos de antigüedad para advertir al Gobierno de que no le permitirá presentar por tercera vez su plan, rechazado ya en dos ocasiones, si no introduce “cambios sustanciales” en el texto.

Vías extremas para salvar un plan fracasado

R. de M.

Las opciones que Theresa May tiene sobre la mesa para intentar sortear la decisión del presidente, John Bercow, son de una radicalidad tal que en circunstancias normales ni siquiera serían contempladas. Pero la crisis del Brexit ha dado al traste con la “normalidad” política en el Reino Unido.

El Ejecutivo podría pedir a Isabel II que “prorrogara” el periodo de sesiones del Parlamento. Eso requeriría un nuevo discurso de la reina que pusiera a cero el reloj y diera inicio, formalmente, a un nuevo periodo.

Una segunda opción sería presentar una ley de desarrollo del Brexit que llevara implícita la necesidad de volver a votar el plan. De ser derrotada, añadiría una nueva e innecesaria humillación. Y una tercera sería someter a Bercow a una moción de confianza. Dado el apoyo con que cuenta entre los laboristas y los euroescépticos conservadores, el Gobierno corre el riesgo de hacer el ridículo.

El nuevo golpe a la estrategia de desgaste de May ha llegado de donde menos se esperaba. A primera hora de la tarde del lunes, el presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, quien se ha convertido en la bestia negra del Gobierno británico, ha anunciado su resolución. Respondía a la queja de algunos diputados por la insistencia de la primera ministra en volver a presentar un plan del Brexit que había sido ya rechazado en dos ocasiones por el Parlamento. Bercow, con ayuda de los letrados de la Cámara, buceó en el Erskine May, un manual de usos y procedimientos parlamentarios venerado en Westminster, escrito por el abogado, diputado y constitucionalista del mismo nombre y cuya primera edición data de 1844. Y encontró la respuesta. Una convención parlamentaria que se remonta a principios del siglo XVII, empleada en no menos de 12 ocasiones —la última en 1912— establece que un mismo asunto “no puede ser introducido por segunda vez en un mismo periodo de sesiones”.

Bercow se ha explayado en detallar las razones jurídicas de una decisión que, a ojos del Gobierno británico, es una carga de profundidad con clara finalidad política. “Una de las razones por las que una norma así ha perdurado durante tanto tiempo es porque resulta necesaria para ser respetuosos con el tiempo que la Cámara destina a trabajar y para otorgar también el debido respeto a las decisiones que adopta”, ha explicado el speaker.

Bercow, procedente de las filas conservadoras, elegido hace casi 10 años por los laboristas y que, en su afán por reforzar la importancia del legislativo, no ha dejado de poner en aprietos al Gobierno con sus decisiones, ha apurado al máximo el uso de su autoridad, a sabiendas de que la polémica estaba servida.

En primer lugar, porque los mismos argumentos de su decisión podrían haber sido válidos para impedir la segunda votación del plan de May, que volvió a ser rechazado estrepitosamente el pasado 12 de marzo. Los detractores del texto consideraron entonces que las garantías legales que la primera ministra había obtenido de Bruselas sobre el llamado backstop, la salvaguarda para evitar una frontera dura entre las dos Irlandas, no eran más que un mero maquillaje que no cambiaba el fondo del asunto y que ni siquiera había modificado la literalidad del Acuerdo de Retirada de la UE.

Bercow ha respondido preventivamente a esa crítica con la justificación de que la nueva moción, según el Ejecutivo, sí incorporaba cambios sustanciales. “Si el Gobierno somete de nuevo a votación en esta Cámara un texto que no sea el mismo que presentó a debate el pasado 10 de marzo, literal o sustancialmente, será aceptado a trámite”, ha ofrecido el presidente para justificar su decisión. Pero a preguntas de algunos de los diputados presentes en el Parlamento, Bercow ha indicado implícitamente que la próxima vez —si hay una próxima— no bastarían unos retoques y que el “cambio sustancial” debería proceder de nuevas negociaciones con la UE.

Y en segundo lugar, porque su anuncio se produce justo en el momento en que hay esperanzas —aún mínimas— de que el plan de May obtuviera luz verde del Parlamento si lo expusiera a una tercera votación. “El speaker no nos advirtió de que pensaba hacer esta declaración ni de su contenido”, se quejaba al diario The Times un portavoz de la primera ministra.

Euroescépticos

Los euroescépticos conservadores recibieron con alborozo las palabras de Bercow, porque suponían un cortocircuito al plan con que May pretendía ponerles contra las cuerdas. El Gobierno trabaja estos días en lograr el apoyo de los socios norirlandeses del DUP, que con sus diez diputados sostienen al Ejecutivo, al plan del Brexit. Y por las palabras de los líderes del DUP, el acuerdo parecía muy cercano. Eso hubiera terminado de convencer al ala dura del partido, que comienza a ver cómo su anhelado objetivo de abandonar la UE corre el riesgo de diluirse en el tiempo. “Un Brexit sin acuerdo es mucho mejor que un mal acuerdo, pero un mal acuerdo es mejor que permanecer indefinidamente en la UE”, admitía este lunes el líder de los euroescépticos, el diputado Jacob Rees-Mogg, en la cadena de radio LBC.

Theresa May presentó el pasado jueves una moción en la que se comprometía a pedir a la UE una prórroga en la fecha de salida, fijada oficialmente el 29 de marzo. Pero establecía unas condiciones con las que a duras penas ocultaba su estrategia. Si el Parlamento aprobaba su plan del Brexit antes del próximo Consejo Europeo, a finales de esta semana, la extensión sería de apenas dos meses para dar tiempo a los trámites legislativos internos que requiere el proceso. Si volvían a rechazarlo, sugería implícitamente el texto, May negociaría con Bruselas una prórroga más larga —de hasta dos años— que entrañaría el riesgo de que el Brexit no llegara nunca a producirse. Bercow torció ayer de nuevo los planes de May.

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