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El nacionalismo judío más extremo retorna a las urnas en Israel

Netanyahu promete carteras en el Gobierno a los herederos de un partido racista proscrito

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en un acto en Jerusalén.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en un acto en Jerusalén. REUTERS

El fantasma del extremismo político recorre el mundo, incluso en un país como Israel que ya contaba con una nutrida representación de partidos radicales. Los herederos de la formación encabezada por el rabino racista Meir Kahane, que fue prohibida hace tres décadas por propugnar la violencia y la deportación masiva de palestinos, se presentan en coalición con otros dos grupos de extrema derecha a las legislativas del próximo 9 de abril. El primer ministro, Benjamín Netanyahu ha forjado la alianza en interés propio. Con el objetivo de favorecer el voto útil conservador y garantizarse socios de coalición, les ha prometido carteras ministeriales para que cerraran el pacto.

Netanyahu se ha empleado a fondo en la defensa del flanco derecho de su partido, el conservador Likud, favorito en la campaña. El miércoles canceló un viaje previsto a Moscú, donde iba a intentar reconstruir con el presidente Vladímir Putin los puentes rotos tras el derribo un avión ruso en Siria el pasado septiembre, en un incidente en el que estuvieron involucrados cazas israelíes. El aplazamiento de la reconciliación con el Kremlin estuvo justificado por los cálculos políticos domésticos. Las encuestas electorales que situaban a la coalición de Hogar Judío, (el partido central de los colonos en Cisjordania), y Unión Nacional (ultraderecha nacionalista religiosa) por debajo del umbral del 3,25% de los votos que da acceso a la Kneset (Parlamento).

En la víspera del vencimiento, este jueves, del plazo para presentar candidaturas a las legislativas, el líder del Likud les hizo una oferta que no pudieron rechazar. Si integraban en su lista a Poder Judío, partido heredero del partido Kach del rabino Kahane, además de consolidar su representación parlamentaria recibirían dos ministerios (Educación y Vivienda) en la próxima legislatura. En una Cámara fragmentada por la proporcionalidad y la circunscripción nacional única, superar el listón mínimo fijado por ley electoral implica pasar de cero a cinco diputados dentro de una Kneset de 120 escaños.

Gran coalición de centro-izquierda

Los sondeos asignan ahora al Likud en torno a 30 parlamentarios, en teórico empate con una eventual asociación de los partidos de centro-izquierda encabezados por el exgeneral Benny Gantz, candidato sorpresa en estos comicios, y el exministro de Finanzas Yair Lapid, candidato de los sectores laicos moderados. Ambos han pactado en la madrugada de este jueves la composición de una lista conjunta en la que se integran los también antiguos jefes del Ejército Moshe Yaalon y Gabi Ashkenazi y el líder de Histadrut, la gran federación sindical israelí, Avi Nissenkorn. Gantz y Lapid se turnarán al frente del Gobierno si su candidatura con un programa centrado en los asuntos sociales y de seguridad consige sumar mayoría con otras fuerzas.

El riesgo evidente de desperdiciar votos en el campo conservador ante un bloque opositor unido ha servido de pretexto a Netanyahu –acosado por los casos de corrupción tras una década en el poder– para cortar el cordón sanitario impuesto desde hace más de 30 años a los kahanistas. Este movimiento judío extremista tuvo presencia en la Kneset entre 1984 y 1988, hasta que una reforma electoral vetó que el Kach se presentara a nuevos comicios a causa de su ideario racista. En 1994 el partido quedó definitivamente proscrito.

La exclusión de los no judíos (árabes y cristianos), considerados ciudadanos de segunda clase; el desplazamiento forzoso de población palestina a Jordania, la prohibición de los matrimonios de religión mixta, y el establecimiento de una teocracia conformaban el programa de Meir Kahane. Nacido en Estados Unidos y nacionalizado israelí, sus partidarios se caracterizaron por las acciones violentas. El rabino radical murió asesinado en 1990 en un hotel de Nueva York, adonde había escapado del ostracismo político en el Estado hebreo.

El partido Poder Judío está liderado por el exdiputado de ultraderecha Michael Ben Ari y por discípulos de Kahane como Benzi Gopstein, líder del grupo extremista Lehava. Gopstein fue acusado en 2015 por las comunidades cristianas de Tierra Santa de haber defendido en una yeshiva (escuela rabínica) la quema de iglesias por constituir “centros de idolatría”. Sus palabras se pronunciaron poco después del ataque incendiario sufrido en el santuario de Tabgha, cerca del mar de Galilea, donde la tradición cristiana sitúa el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. “El pacto (de coalición electoral) servirá para impedir el establecimiento de un Gobierno de izquierdas, Dios nos libre”, reza el comunicado difundido por Poder Judío.

Su antecedente político, el proscrito partido Kach, figura en las listas de grupos terroristas de Estados Unidos y de la Unión Europea. Uno de sus seguidores, el colono radical Baruch Goldstein, mató a tiros a 29 palestinos en la mezquita de Ibrahim (la Tumba de los Patriarcas para los judíos) de Hebrón en 1994

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