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La UE rechaza renegociar el Brexit, pero busca fórmulas de apoyo a May

La primera ministra británica se embarca en una gira europea para pedir socorro a los Gobiernos más cercanos y las instituciones comunitarias

En la foto, Angela Merkel, a la derecha, recibe a Theresa May en Berlín. En el vídeo, declaraciones del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker.

La primera ministra británica, Theresa May, se embarcó este martes en una desesperada gira europea para pedir socorro a los Gobiernos más cercanos y a las instituciones comunitarias ante el riesgo de colapso del acuerdo del Brexit. La búsqueda de apoyos en el exterior coincidió con la creciente presión en Londres para forzar una moción de censura contra un Ejecutivo marcado por la errática negociación sobre la salida de Reino Unido de la UE. Los Veintisiete se mostraron firmes en rechazar una renegociación, pero abiertos a buscar alguna vía para ayudar a May.

El patético periplo de May le llevó a La Haya, Berlín y Bruselas, donde la primera ministra imploró una reformulación del acuerdo de salida que le permita ganar apoyos en el Parlamento británico. La líder británica se ha topado, como a lo largo de los 20 meses de negociación del Brexit, con un bloque comunitario que cierra filas en torno a la posición pactada en Bruselas y que quedó plasmada en el acuerdo de salida cerrado el 25 de noviembre.

May no halló fisuras, pero, inasequible al desaliento, la primera ministra logró, al menos, el compromiso de buscar fórmulas “con valor jurídico” que calmen las inquietudes expresadas por los parlamentarios británicos y que la obligaron a aplazar la votación del acuerdo prevista para este martes. La Comisión Europea y el Ejecutivo británico ya negocian bilateralmente una solución de compromiso que se espera concretar en una declaración que confirme la voluntad de la UE de evitar un anclaje permanente de Londres a las estructuras comunitarias.

La declaración reclamada por May debe dejar claro que la llamada salvaguarda para evitar una frontera física entre Irlanda e Irlanda del Norte solo será una solución de último recurso. Y que, en todo caso, esa salvaguarda (que supone la permanencia de Reino Unido en la unión aduanera) tendrá alguna vía de escape si el futuro pacto comercial entre ambas partes se atasca o descarrila por causas ajenas a Londres.

May necesita convencer a los parlamentarios situados entre los extremos de un Brexit duro y los que desean seguir en la UE. En ese grupo intermedio figuran todos los que aceptan o se resignan al Brexit, pero temen que el acuerdo condene a Reino Unido a permanecer de manera indefinida en una unión aduanera que impida a Londres desarrollar su propia política comercial.

“Lo que he visto en mis encuentros es que hay una firme determinación para abordar este asunto y afrontar este problema”, resumió May en Bruselas tras haber desayunado en La Haya con el primer ministro holandés, Mark Rutte; haber almorzado en Berlín con la canciller alemana, Angela Merkel, y reunirse a media tarde con el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

El texto ofrecido a Londres sería similar a las declaraciones que el 25 de noviembre arrancaron España o Francia para zanjar sus dudas sobre el acuerdo en relación con Gibraltar y el acceso de los pescadores europeos a los caladeros británicos, respectivamente. “Tendría su aquél que ahora sean los británicos quienes tengan que jurar y perjurar que una declaración tiene valor jurídico”, ironizó en Bruselas el secretario de Estado español para Asuntos Europeos, Marcos Aguiriano, en relación con los intentos que Londres hizo en su día de minusvalorar las declaraciones sobre Gibraltar.

“Está claro que los 27 socios de la UE quieren ayudar. La cuestión es cómo”, tuiteó el siempre lacónico y directo Tusk tras reunirse con May. “Hay margen si se usa inteligentemente”, señaló el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, horas antes de reunirse con la primera ministra en la última cita de su ronda por el continente.

“Hay margen suficiente para dar más clarificaciones y más interpretaciones”, añadió Juncker. El luxemburgués advirtió de que, en todo caso, esas concesiones jamás pasarán por la reapertura de las 585 páginas del acuerdo de salida negociado durante tantos meses.

“Todo el mundo tiene que entender que el acuerdo no se va a reabrir”, zanjó Juncker en un mensaje dirigido a las fuerzas que tanto en el partido conservador de May como en la oposición laborista de Jeremy Corbyn exigen que se retome la negociación con Bruselas. Las palabras de Juncker no calmaron el zafarrancho de combate en Westminster, donde la marea contra el Gobierno de May siguió subiendo.

En el debate de emergencia impulsado en el Parlamento por el Partido Laborista en protesta por la decisión del Gobierno de retrasar la votación del texto, prevista en un principio para este martes, muchas voces reclamaron a Corbyn que presente ya una moción de censura. El líder laborista, de momento, pide paciencia: “No confiamos en este Gobierno. Necesitamos hacer lo que sea apropiado y en el momento apropiado antes de presentar una moción de censura”.

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