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Israel y Hamás se enfrentan en el mayor conflicto desde la guerra de 2014

Los grupos palestinos declaran un alto el fuego tras los bombardeos israelíes por el disparo de cohetes

Los dos millones de habitantes de Gaza y las decenas de miles de israelíes asentados en torno a la Franja vivieron en la noche del lunes al martes la peor batalla desde la guerra de 2014. Los primeros sufrieron más de 40 bombardeos de la aviación sobre 160 objetivos sin tener apenas preaviso para resguardarse. Al otro lado de la frontera, los segundos se protegieron apresuradamente en los refugios entre el ulular de las sirenas de alarma, mientras desde el enclave palestino se lanzaban 460 proyectiles, entre cohetes y granadas de mortero, de los que una cuarta parte fueron interceptados por el escudo antimisiles Cúpula de Hierro. Al menos seis personas —cinco milicianos y un civil— murieron en las incursiones aéreas israelíes, en tanto que un civil pereció tras el impacto de un cohete palestino sobre una casa. Los heridos se cuentan por decenas a los dos lados de la frontera, donde la vida se paralizó sin escuelas ni actividad comercial. La escalada bélica ha colocado a ambos bandos a las puertas de una nueva contienda armada, tras las tres guerras que han librado en la última década.

Palestinos inspeccionan los escombros tras un ataque aéreo israelí en una zona residencial de la franja de Gaza este martes 13 de noviembre.

Las calles de Gaza estaban vacías a primera hora de la tarde del martes, mientras los aviones de combate y los drones israelíes efectuaban sus últimas misiones. Los ataques se habían sucedido desde las cuatro de la tarde del lunes, cuando Hamás y otras milicias comenzaron a disparar andanadas de proyectiles contra localidades y kibutz (antiguas granjas colectivas) que rodean la Franja. Ante el amasijo de hierros y escombros de lo que fue sede del canal de televisión Al Aqsa, afiliado al movimiento islamista Hamás, el conserje Samir Atallah, de 34 años, permanecía aún en su puesto entre las excavadoras y los equipos de limpieza. “Primero varios drones lanzaron pequeños explosivos, era la señal de que se acercaba un ataque masivo”, recuerda. “Eran las 21.15 y apenas tuvimos tiempo de ponernos a salvo cuando los misiles de dos F-16 arrasaron el edificio”. Se trata de la tercera vez que la Fuerza Área destruye desde 2012 los estudios del canal de Hamás, que Israel tacha de “órgano de incitación al odio”.

Los grupos palestinos de Gaza, con Hamás a la cabeza, anunciaron la entrada en vigor de un alto el fuego a las 16.45 horas, una hora menos en la España peninsular. El máximo dirigente islamista, Ismail Haniye, aseveró que el cese de hostilidades propuesto por mediadores egipcios y de Naciones Unidas se mantendría en tanto en cuanto Israel lo acatara también. “Si detienen los bombardeos, nosotros mantendremos la tregua”, avisó.

El Gobierno israelí no se pronunció sobre el alto el fuego, cuya propuesta fue también transmitida por diplomáticos noruegos y suizos, y se limitó a dar instrucciones al Ejército a través del Gabinete de Seguridad. Este órgano director de la defensa nacional estuvo reunido ayer durante más de seis horas antes de ordenar que prosigan las operaciones militares en tanto sea necesario. Amparado en el anonimato, un alto cargo de Ejecutivo de Benjamín Netanyahu reveló al diario Haaretz que se tomarán las decisiones “en función de la realidad sobre el terreno” y que sus Fuerzas Armadas se reservan el derecho a seguir interviniendo.

Israel ha emprendido una implacable acción de castigo contra los centros del poder de Hamás en un esfuerzo por doblegar su ardor guerrero. La tensión se multiplicó tras el bombardeo de la sede del canal de televisión Al Aqsa, y del edificio del hotel Al Amal, utilizado por el Ministerio del Interior gazatí. “Cuando escuchamos las primeras explosiones de aviso, mi mujer y yo nos caímos al suelo de puro miedo”, confesaba ayer Daud Sheij, de 47 años, que aún mantiene abierta su pequeña tienda de comestibles junto al solar arrasado del edificio oficial. “No hubo víctimas, pero tuvimos muy poco tiempo para resguardarnos”.

En la lluvia de proyectiles lanzada desde territorio palestino contra Israel, un misil antitanque teledirigido impactó contra un autobús de transporte militar cerca del kibutz de Kfar Aza. Un soldado de 19 años se encuentra hospitalizado en estado crítico tras ese ataque de represalia.

Fuerzas infiltradas

El trabajador palestino de la construcción Mahmud Abu Asba, de 48 años y originario de Hebrón (Cisjordania), fue hallado muerto entre los escombros de su casa de Ashkelon, a apenas 12 kilómetros de la Franja, que quedó destruida por un cohete. Una mujer de 60 años fue rescatada en estado grave por los servicios de emergencia en el mismo inmueble que, según declararon los vecinos a la prensa hebrea, carecía de refugio antiaéreo subterráneo.

Una operación de fuerzas especiales del Ejército infiltradas en Gaza se saldó el domingo con siete milicianos palestinos muertos —entre ellos un comandante de las brigadas Ezedin al Qasam, brazo armado de Hamás— y un oficial israelí de los comandos abatido. El imprevisto incidente armado ha desencadenado la peor crisis desde el conflicto que enfrentó a Hamás con el Ejército en el verano de 2014 durante 51 días, en los que perdieron la vida 2.200 palestinos, dos terceras partes civiles, y 74 israelíes, 67 de ellos militares.

Las autoridades hebreas han pedido a la población de las localidades próximas que se mantenga cerca de los refugios antiaéreos. Las actividades educativas están suspendidas desde el lunes, así como el servicio de trenes que circula por la zona entre Ashkelon, Sderot y Beersheba. El Ejército ha efectuado un masivo despliegue de refuerzos con carros de combate e infantería.

Un ministro israelí, citado por el portal informativo Mako, ha asegurado que el jefe del Gobierno “no está buscando una confrontación abierta con Hamás, y se limita a recabar la aprobación de los miembros del Gabinete de Seguridad a sus decisiones”. Entre los miembros del Gabinete partidarios de declarar una nueva guerra a Hamás se encuentran el titular de Defensa, el ultraconservador Avigdor Lieberman, y el de Educación, el nacionalista religioso Naftalí Bennett. Ambos rivales electorales de Netanyahu en el concurrido campo de la derecha israelí.

El Ejército israelí no es partidario tampoco de un conflicto abierto, pero estima que Hamás ha atravesado una “línea roja” con el lanzamiento masivo de proyectiles y necesita una respuesta contundente. El Estado Mayor, entre tanto, ha ordenado abrir una investigación sobre la fallida operación de comandos que desencadenó en la noche del domingo el actual embrollo.

Mediación de Egipto y la ONU

Mediadores de Egipto y de Naciones Unidas tienen previsto viajar este miércoles a Gaza para reunirse con los dirigentes islamistas que gobiernan de facto el enclave desde hace 11 años. El objetivo es verificar el cumplimiento de la oferta de cese de hostilidades de las facciones palestinas. El Cairo ha llamado a reabrir el diálogo indirecto con Israel. El enviado especial de la ONU para Oriente Próximo, Nikolái Mladenov, afirmó el lunes que la franja de Gaza se había colocado al “borde del abismo (...) en una escalada extremadamente peligrosa”.

Desde hace más de siete meses la tensión no deja de crecer en el enclave. Cerca de 230 palestinos, manifestantes en su gran mayoría, han muerto por disparos israelíes. Mientras tanto, solo dos militares y un civil han perdido la vida en ataques relacionados con la violencia en la Franja.

Las milicias palestinas han advertido en un comunicado conjunto de que si Israel no acata el alto el fuego ampliarán el alcance de sus cohetes hasta grandes ciudades del sur de Israel, como Ashdod o Beersheba. Fuentes militares israelíes reconocen que los grupos armados de Gaza cuentan con más de 20.000 cohetes y proyectiles, algunos capaces de atacar Tel Aviv o Jerusalén.

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