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El aeropuerto de Lisboa al avión de Air Astana: “¿Quiere aterrizar en el mar o en el río?”

Durante dos horas, una aeronave de Kazajistán sobrevoló Portugal sin mandos electrónicos de control. Aterrizó en tierra gracias a la asistencia de dos F-16

Avión Embraer de Air Astana. En vídeo, el momento del aterrizaje.

¿Mar o río? La pregunta no era sobre el tipo de pescado para almorzar, sino sobre las dos únicas opciones de un aterrizaje de emergencia. Durante largos minutos, llenos de silencios, el piloto de un avión de la aerolínea kazaja Air Astana y los responsables de la torre de control del aeropuerto de Lisboa estuvieron barajando cómo aterrizar sin mandos de control y en medio de una terrible tormenta de agua y viento.

El incidente ocurrió a primera hora de la tarde del domingo y se alargó durante dos dramáticas horas, durante las cuales la nave volaba con rumbo errático entre los aeropuertos portugueses de Alverca, Lisboa y Beja, donde finalmente pudo tomar tierra sin grandes daños.

El avión, modelo Embraer de la aerolínea Air Astana, viajaba con dos pilotos y cuatro técnicos. Su destino era Minsk (Bielorrusia) —inicialmente se dijo que era Kazajistán—, pero había realizado una parada técnica en el aeropuerto militar de Alverca, apenas a 30 kilómetros de Lisboa, en el estuario del Tajo. De allí despegó sin novedad, pero decidieron aterrizar en el aeropuerto civil de Lisboa para comprobar las reparaciones. Después de varios intentos y más de media hora sobrevolando la ciudad, el piloto lanzó el aviso de socorro: "Mayday, Mayday". Eran las 13.32 de la tarde hora local (las 14.32 en las España peninsular). Al avión le fallaban los mandos electrónicos de aterrizaje.

La dramática —aunque extraordinariamente fría conversación entre la torre de control y el piloto de la nave ha sido desvelada por el diario Público. En ella se oye que a los problemas técnicos del aparato —solo se volaba con control manual se añadían problemas atmosféricos, con nula visibilidad, en medio de una infernal tormenta de lluvia (el domingo cayó en Lisboa el 10% de la lluvia anual). 

"¿Tiene contacto visual con Alverca?", pregunta la torre de control al piloto, que ya había perdido su orientación. El consejo desde la torre, no tranquiliza: "Gire a la derecha o a la izquierda", como quiera. Por el consejo, el aparato se debía encontrar atravesando el Tajo, cerca ya de su desembocadura en Lisboa.

Seis minutos después, el piloto parece desistir de más consejos y pide autorización para amerizar. "¡En el agua! Mayday. Precisamos de un vector para el mar, lejos de tierra".

La torre de control aconseja el río. "Tiene el río por la derecha o por la izquierda; es lo más cercano". Ante las dudas, insiste la torre: "¿Prefiere el mar o el río?". En esos momentos, el piloto no puede elegir porque no ve nada, ni agua ni tierra.

El piloto decide entonces preguntar a la torre por el cielo, más que por la superficie: "¿Dónde están los cielos más limpios?". Control le responde que por el sur la visibilidad es algo mayor, ¿pero dónde está el sur?

Dos aviones F-16 de las Fuerzas Aéreas portuguesas despegan de Montijo para guiar al aparato de Air Astana. El destino elegido es el aeropuerto de Beja, 180 kilómetros al sureste de Lisboa, uno de esos aeropuertos construidos en los años dorados del crecimiento económico (inaugurado en 2009) y absolutamente infrautilizado. En las circunstancias del Air Astana, es un milagro en forma de pistas modernas, amplias, largas, bien señalizadas y sin grandes construcciones para la población.

Hacia las tres de la tarde, los servicios del aeropuerto, habitualmente sin uso comercial, se pusieron en estado de alerta con los bomberos voluntarios y las ambulancias del INEM. Pero, entretanto (dos horas volando), el avión había recuperado parte del sistema electrónico de control, y, al tercer intento de la tarde, aterrizó sin apenas daños materiales —unas luces de la pista rotas— ni físicos —un poco de ansiedad de dos pasajeros—. Los seis tripulantes, finalmente, y tras muchas resistencias, no habían tenido que elegir entre el mar o el río. A las 15.28 pisaban tierra y lo podían contar.

"Fue el mayor susto de su vida", según reveló el comandante de Bomberos Voluntarios de Beja, Pedro Barahona, que habló con uno de los dos pilotos. Después del aterrizaje, miembros del Instituto Nacional de Emergencia Médica (INEM), entraron en el aparato para comprobar el estado físico del pasaje. De los seis, dos de ellos se encontraban con signos de estrés y ansiedad; fueron trasladados al hospital de Beja, donde se les dio el alta médica tres horas después.

Según los datos recogidos por los servicios de auxilio, uno de los pilotos tenía 37 años de edad y era natural de Kazajistán; el otro, inglés de 54 años, llevaba volando más de 30 años, aunque solo un par de meses con Air Astana. "Estaban un poco ansiosos", cuenta el bombero, que acompañó al piloto inglés en la ambulancia. Los seis podrán contar que sobrevivieron a un "fallo crítico en los sistemas de navegación y control de vuelo", a un Mayday.

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