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El Papa proclama santos al obispo salvadoreño Óscar Romero y a Pablo VI

Miles de personas acuden a la canonización en la plaza de San Pedro de El Vaticano

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Varios asistentes a la canonización del arzobispo de San Salvador Óscar Arnulfo Romero, este domingo en la plaza de San Pedro, en el Vaticano. EFE

En la fachada de la basílica de San Pedro colgaban desde hacía tres días las imágenes de los rostros de los siete nuevos santos que han entrado este domingo en la Iglesia. En el centro, se encontraban el papa Pablo VI y Óscar Romero, el obispo que defendió a los pobres y denunció ante el mundo miles de asesinatos de los escuadrones de la muerte en El Salvador. El salvadoreño terminó asesinado por un francotirador de ultraderecha que le disparó el 24 de marzo de 1980 mientras levantaba el cáliz de la eucaristía en plena misa. Este domingo ambos han sido canonizados por el papa Francisco junto a la monja española Nazaria Ignacia March, que conoció a Bergoglio realizando su labor en las villas miseria de Buenos Aires.

La canonización de un papa, el hecho de que empiece a producirse ya como algo automático (Pablo VI es el tercero que canoniza Bergoglio), siempre es algo polémica. Suele bromearse que quien ejerce su Pontificado ya se encuentra en la lista de espera de los santos, como si el mérito fuera solo haber sido papa. Pero en el caso de Pablo VI, para muchos una de las referencias más claras para  el papa Francisco a la hora de ejercer su Pontificado, la Iglesia tenía fundadas razones.

Juan Bautista Montini nació en 1897 y el 21 de junio de 1963 fue elegido como el 262º papa de la Iglesia Católica adoptando el nombre de Pablo VI y comenzando un Pontificado en el que llevó a término el Concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII. Una complicada misión que llevó a cabo con éxito y que permitió instaurar nuevas herramientas de diálogo como el sínodo de obispos, que se celebra estos días en la Santa Sede. Su etapa estuvo marcada por la defensa de los pobres y por algunos capítulos que han tenido que revisarse para canonizarle, especialmente el que se refiere a su relación con la dictadura, a la que se opuso —se llegó a decir que era antifranquista— y pidió repetidas veces terminar con condenas a muerte.

Montini, cuando era arzobispo de Milán, envió un telegrama a Franco pidiendo el indulto para el dirigente comunista Julián Grimau, que se ignoró y acabó fusilado. Dos meses más tarde, el 21 de junio, fue elegido papa. "Por ello, tras su elección, en la prensa española, afín al régimen, sacaron el telegrama famoso y se montó una campaña de desprestigio sobre Pablo VI y comenzó una época muy confusa que en la Congregación para la Causa de los Santos quisieron aclarar y me encargaron un estudio", explicaba esta semana Vicente Cárcel Ortí a Efe. Puede que Montini no fuera antifranquista, pero sí se opuso a que la Iglesia se mezclase con el régimen en sus últimos tiempos.

Pablo VI, el primer papa viajero y también el primero en pisar Tierra Santa, fue un reformista e introdujo grandes cambios que modificaron el curso de los procesos internos. Instauró la edad de 80 años como límite para participar en la elección del siguiente papa o la renuncia de la lujosa tiara pontificia para dar ejemplo de austeridad, muy en la línea del actual Pontífice. Montini fue también el autor de la controvertida Humanae Vitae, que incluía la postura de la Iglesia respecto al aborto, el control de la natalidad o la prohibición de los métodos anticonceptivos.

Poco después de empezar la ceremonia, el papa Francisco ha pronunciado la fórmula de canonización: “En honor a la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica y crecimiento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro señor Jesucristo, de los santos apóstoles Pedro y Pablo y la nuestra, después de haber reflexionado largamente, invocando muchas veces la ayuda divina y escuchado el parecer de numerosos hermanos en el episcopado, declaramos y definimos santos a los beatos y los inscribimos en el catálogo de los santos, estableciendo que en toda la Iglesia sean devotamente honrados”.

El acto de canonización, abarrotado por el interés que despertaba (70.000 fieles, según la Gendarmería vaticana) y porque, además, se celebraba en pleno sínodo de obispos, ha contado también con una delegación española encabezada por la reina emérita, Doña Sofía, y compuesta por el ministro de Cultura y Deporte, José Guirao Cabrera; el embajador ante la Santa Sede, Gerardo Bugallo Ottone; la subsecretaria de Justicia, Cristina Latorre Sancho; y la directora general de Cooperación Jurídica Internacional, Ana Ortega Torres, entre otros.

Durante la ceremonia de este domingo también se celebraron las canonizaciones de la que es considerada la primera santa boliviana, aunque nacida en Madrid (España), Nazaria Ignacia March; de los sacerdotes italianos Francesco Spinelli, Vincenzo Romano y el laico Nunzio Sulprizio y de religiosa alemana María Katharina Kasper.

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