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La defensa del terruño engancha al voto ecologista en Alemania

La urbanización de tierras rurales es en uno de los grandes temas de la campaña electoral bávara

Lydia y Max Strasser junto a Johna Fuxhs (derecha), vecinos de Prassreut.
Lydia y Max Strasser junto a Johna Fuxhs (derecha), vecinos de Prassreut.

En Prassreut huele a vaca y los troncos apilados esperan a un invierno que este año no acaba de llegar. Con su valle, sus praderas y sus típicas casas con balcones de madera oscura, Prassreut es uno de tantos pueblos de la campiña bávara que hasta hace bien poco era la viva imagen de una postal bucólica. Hasta que la entrada del pueblo quedó tapizada por una lengua de cemento, sede de una empresa logística que distribuye vehículos por toda Europa. La obra ha provocado protestas de los vecinos, que como en decenas de rincones de Baviera, reniegan de un urbanismo que sienten amenaza el paisaje y también su muy preciada identidad bávara.

En este próspero land alemán, el cemento se ha convertido en uno de los protagonistas de las elecciones que se celebran este domingo y que suponen un test crucial para la hasta ahora todopoderosa Unión Social Cristiana (CSU), una de las dos patas del bloque conservador que lidera Angela Merkel. Los Verdes, que han sabido redefinir la identidad patriótica vinculándola con la tierra, se perfilan como la gran revelación de estos comicios, según las encuestas.

“Mire, mire el paisaje. Nuestro hogar se destruye; es el fin de nuestra heimat”, se lamenta Max Strasser. Este carpintero jubilado lleva toda su vida viviendo en Prassreut y hace alusión a una palabra en alemán de difícil traducción, a medio camino entre hogar, patria o comunidad y que habla de un sentido de pertenencia a un lugar. En Baviera, el vínculo con la Heimat cobra especial significado y durante décadas ha estado monopolizado por la CSU, considerado el partido-guardián de las esencias bávaras. La heimat no se entendía sin la CSU y viceversa. Pero ya no.

El partido conservador bávaro perderá según todos los sondeos la mayoría absoluta con la que ha gobernado casi ininterrumpidamente durante seis décadas este gran land. Las tornas parecen estar cambiando a pesar de que las cifras económicas y de empleo reflejan un balance muy positivo para la CSU. La batalla electoral se libra en un terreno electoral algo más inasible y por lo tanto más acorde con los nuevos tiempos. Por la derecha, Alternativa por Alemania (AfD) enarbola la bandera de la identidad excluyente y de una Baviera libre de inmigrantes a ser posible. Por la izquierda, los Verdes, amenazan con dar la sorpresa en las elecciones en parte gracias a haber sabido vender otro tipo de vínculo con la heimat, ese que tiene que ver con el miedo a que la Baviera rural pierda su esencia y acabe convertida en una sucesión de polígonos industriales.

Los Verdes habían rondado hasta ahora en Baviera el 8% de los votos, pero desde hace meses, las encuestas indican que han dejado de ser un partido exclusivamente metropolitano y han conseguido superar las fronteras urbanas. Seducen ahora incluso a agricultores, tradicionalmente opuestos a los ecologistas. Los últimos sondeos les conceden un 18% de los votos. Temas como la ampliación del aeropuerto de Múnich, a la que Los Verdes se oponen, podrían resultar clave en las negociaciones para formar Gobierno en Baviera, que previsiblemente seguirán a las elecciones.

“Hay cientos de protestas en toda Baviera contra esos proyectos”, explica Michael Stanglmaier, coordinador de una iniciativa legislativa popular que recogió 50.000 firmas para desacelerar la urbanización y que fue rechazada en los tribunales en julio. Los datos del ministerio de Medio Ambiente bávaro indican que cada día se utilizan para diversos proyectos 9,8 hectáreas de tierra y que al año, 36 kilómetros cuadrados de campo abierto acaban convertidos en áreas residenciales o destinadas al tráfico en el Estado más extenso de Alemania.

A Stanglmaier, representante municipal de Los Verdes en una localidad próxima a Múnich, no le sorprende que el uso de la tierra se haya convertido en uno de los grandes temas de esta campaña, porque “a la gente le da miedo cómo va a quedar Baviera en 15 años, qué Estado van a heredar sus hijos y sus nietos”. Además del vínculo con el paisaje, Stanglmaier explica que la pérdida de superficie agrícola y el deterioro ambiental, incluido el aumento del riesgo de inundaciones por el asfaltado son otras de las principales preocupaciones de muchos votantes.

Esa preocupación se vuelve especialmente presente en las zonas rurales, precisamente donde la CSU gozaba hasta ahora de mayor predicamento. El matrimonio Strasser son la viva ilustración de este fenómeno. “La CSU destroza la tierra. Esperemos que pierdan muchos votos. No pienso votarles más”, dice el carpintero jubilado. “Esto es muy triste”, suspira Lydia Strasser. “Una ya no tiene ganas ni de salir a pasear los domingos. Se sale de paseo para relajarse, no para cabrearse”. En el parking, una hilera de furgonetas relucientes, listas descansan antes de proseguir su periplo globalizador hasta llegar a su destino final.

Peter Mayer, miembro de la Federación para la Protección de la Naturaleza en la zona explica que este valle se encuentra pegado al parque nacional del Bayrische Wald y que es una zona por la que ahora desfilan muchos turistas en bici, con todoterrenos y hasta montados en Segway, los vehículos de dos ruedas eléctricos: “No estamos en contra del desarrollo, pero en las ciudades, no en las zonas rurales. La gente ya no se siente dueña del destino de sus tierras”. Sostiene que en Prassreut el daño ya está hecho, y que ahora quieren evitar que triunfen otros proyectos en Baviera. Y piensa que estas elecciones pueden suponer un punto de inflexión. “Hasta ahora, todo estaba en sus manos [de la CSU] la gestión, la aprobación de los proyectos ... pero saben que a partir de ahora puede cambiar, que van a tener que sentarse a negociar”.

Pleno empleo

El alcalde de Röhrnbach, la cabeza de partido a la que pertenece Prassreut se llama Josef Gutsmiedl y es miembro de la CSU. Lleva 18 años al frente del Ayuntamiento y en las últimas regionales obtuvo el 55% de los votos. Él es muy consciente del cambio que se avecina. “Esto se ha acabado. Cuando hay pleno empleo como en Baviera, los temas son otros, la gente piensa que la industria ya no es tan necesaria y la preservación de la naturaleza se ha convertido en un gran tema”, explica en una sala del Ayuntamiento.

Gutsmiedl defiende la construcción del proyecto logístico de la discordia, por el que asegura desfilan Skoda de República checa, Renault de Eslovenia, BMW o autocaravanas que se distribuyen a toda Europa. “Buscamos superficies alternativas pero no había otra”, y recuerda que cuando se votó en el consejo comunal, obtuvieron 10 votos a favor y 5 en contra.

La infraestructura tiene el problema añadido de que la gente del pueblo apenas se beneficia porque la mano de obra que requiere una infraestructura de este tipo es mínima, pero sobre todo, porque aquí como muchas zonas de Baviera, lo que faltan son trabajadores, no trabajo.

Pero Gutsmiedl reconoce que él se forjó como político en los años del desempleo y le resulta difícil romper esa inercia. “Para mí buscar puestos de trabajo siempre ha sido lo más importante. La gente dice que no hay problemas económicos, pero eso puede cambiar de un día para otro”. Y reflexiona en voz alta. “Nosotros somos un partido mayoritario y AfD y Los Verdes se especializan en ciertos asuntos, pero también es verdad que lo temas hoy son otros. El medio ambiente, los refugiados… tal vez no seamos capaces de conectar tan bien con la gente joven como antes”.

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