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Muere Miguel Obando, feroz enemigo del sandinismo reconvertido en aliado de Ortega

El cardenal “emérito” de Nicaragua falleció a los 92 años la madrugada del domingo, mientras Ortega desataba una violenta represión que dejó cinco muertos

Ortega (centro), en 2009, escoltado por Murillo y Obando.
Ortega (centro), en 2009, escoltado por Murillo y Obando. AP

La madrugada del domingo, mientras las huestes del presidente Daniel Ortega desataban un violento asedio contra Masaya –ciudad localizada a 37 kilómetros de Managua– que dejó al menos cinco muertos, incluido un chico que 15 años, el Gobierno anunciaba el fallecimiento de Miguel Obando, cardenal “emérito” de Nicaragua, nombrado prócer de la paz por el presidente Ortega, quien lo tenía como uno de sus principales aliados. Obando, feroz opositor al sandinismo durante el Gobierno revolucionario de los años ochenta, se convirtió desde 2005 un leal de Ortega. Al conocer su fallecimiento, el presidente nicaragüense, reconvertido al catolicismo, dijo que tenía al prelado en sus “oraciones”.

Obando (La Libertad, Nicaragua, 1926) es un personaje importante de la historia reciente del país centroamericano. Jugó un papel clave contra la dictadura de Somoza, a la que se opuso con firmeza. Criticó la corrupción del régimen y las violaciones a los derechos humanos en aquella Nicaragua convulsa. Y asumió un rol importante como mediador entre la guerrilla sandinista y la dictadura, principalmente en 1978, cuando un grupo de guerrilleros liderados por Edén Pastora y Dora María Téllez tomaron el Congreso de los Diputados.

Tras la caída de la dictadura y el triunfo de la Revolución Sandinista, Obando se convirtió en uno de los principales críticos del nuevo régimen, a medida que este se alineaba con la Cuba de los Castro y buscaba apoyo en la Unión Soviética. El cardenal pasó a ser un enemigo interno del régimen, acosado por una cruenta guerra civil que dejó decenas de miles de muertos y por las presiones de Estados Unidos, que financiaba la guerrilla armada para tratar de derrocar al primer Ejecutivo de Ortega. El Gobierno sandinista acusó entonces al religioso de mediar con Washington para obtener ayuda a favor de los contrarrevolucionarios.

El cardenal mantuvo sus críticas a Ortega tras la derrota del sandinismo, en 1990, cuando Violeta Chamorro, esposa del héroe nacional Pedro Joaquín Chamorro –asesinado por el somocismo– ganó unas elecciones supervigiladas. En las homilías dominicales que Obando ofrecía hacía uso de supuestos pasajes bíblicos en los que comparaba a Ortega con serpientes. Esos mensajes, a decir de analistas consultado en Managua, tenían un efecto importante en el electorado nicaragüense, profundamente católico, y ayudaron a las derrotas electorales de Ortega en 1995 y 2001.

En ese contexto, a los nicaragüenses les tomó por sorpresa la inesperada “reconciliación” de Obando con Ortega en 2004, cuando el cardenal ofreció una misa para conmemorar el aniversario de la revolución sandinista. El presidente, en un guiño claro a los sectores más conservadores del país, se convirtió al catolicismo y en 2005 Obando lo casó con su compañera de toda la vida, Rosario Murillo, poeta bohemia que durante la dictadura somocista leía como protesta versos en las escalinatas de las iglesias de Managua y la postre vicepresidenta en el Gabinete del propio Ortega.

Fue un día abril de 2005, a las 3.30 de la madrugada, cuando a Obando le avisaron desde Roma que el papa Juan Pablo II había aceptado su renuncia como jefe de la Archidiócesis de Managua, la principal del país. Obando, como estipula el Código de Derecho Canónico, al acercarse a sus ochenta años había planteado su renuncia, pero nadie se esperaba la respuesta positiva del Vaticano. El primero en solidarizarse con el otrora feroz enemigo del sandinismo fue Ortega, quien aspiraba a regresar al poder en las elecciones presidenciales de 2006.

Tras su triunfo electoral con apenas el 38% de los votos –Ortega había logrado un acuerdo para reformar la Constitución y reducir el porcentaje necesario para lograr la presidencia, que era del 45%– el caudillo del Frente Sandinista nombró a Obando como líder de la Comisión de Paz y Reconciliación, una organización fantoche que no ha tenido ninguna relevancia en Nicaragua, aunque Ortega ha dicho que ha sido fundamental para mantener un sistema basado en el “diálogo” en Nicaragua.

Algunos analistas nicaragüenses aseguran que Obando fue “secuestrado” por Ortega, debido a los escándalos de corrupción que salpicaron al cardenal en la década del noventa. La Universidad Católica de Managua, que Obando fundó, se vio beneficiada con millones de córdobas (la moneda local) en pago de becas por parte de la Administración del expresidente Arnoldo Alemán, más tarde acusado y procesado por corrupción. Además, en ese mismo periodo, la Pastoral Social de la Archidiócesis de Managua (conocida como Coprosa) recibió una frecuencia de radio e introdujo en el país camionetas de lujo exentas de impuestos. Al frente de estas operaciones estaba Roberto Rivas, hasta hace una semana presidente del Tribunal Electoral de Nicaragua, señalado de fraguar los fraudes electorales que desde 2008 le han dado seguidas victorias electorales a Ortega. Rivas, hijo de la eterna asistente de Obando, era protegido del cardenal y se convirtió en presidente de la corte electoral por recomendación de él. El presidente los destituyó de su cargo la pasada semana, presionado por los cientos de miles de nicaragüenses que exigen democracia en las calles del país.

El Gobierno prepara las honras fúnebres de su prócer en un momento crítico para Nicaragua. Así como Somoza en los años setenta del siglo pasado, Ortega está acosado por una rebelión popular, aunque en esta ocasión no armada. El mandatario ha respondido con una violenta represión que ya superó los cien muertos y es ahora, nuevamente, la iglesia católica la que ha dado la cara para encontrar una salida a la crisis. Una iglesia que se había distanciado de Obando por su papel comprometido con el régimen, pero que tras su fallecimiento debe honrar la figura del “prócer” que intentó darle una imagen de legitimidad Ortega, el exguerrillero sandinista reconvertido en gobernante autoritario.