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Suecia prepara a sus ciudadanos para la guerra

Por primera vez desde 1961, el Gobierno envía a sus 4,8 millones de hogares instrucciones en caso de crisis en el país

Un dragaminas sueco en el Báltico, en 2014. REUTERS

Suecia se pone en guardia. El próximo 28 de mayo —y durante una semana, los ciudadanos del país escandinavo recibirán en su casa instrucciones precisas en caso de situaciones de crisis que, llevadas al extremo, podrían derivar "en una guerra", según el propio Gobierno. El Ejecutivo, liderado por el socialdemócrata Stefan Löfven, ha decidido enviar todos los hogares (4,8 millones) un folleto presentado este lunes y titulado "Si llega la crisis o una guerra". En el librito, que se puede descargar ya en Internet, se dan indicaciones para que los ciudadanos puedan seguir abasteciéndose de agua, calefacción y estar comunicados “en caso de que la sociedad no funcione de una forma normal”, explica la Agencia de Contingencia Sueca (MSB, por sus siglas en sueco) en su página web. La última vez que se llevó a cabo esta práctica en el país escandinavo fue en 1961, en plena Guerra Fría, y la primera, durante la Segunda Guerra Mundial.

Como entonces, tampoco ahora el Gobierno identifica ningún peligro específico en su comunicación. “Todos [los ciudadanos suecos] deben saber cómo las crisis pueden afectar a la sociedad, qué responsabilidad tienen los individuos y cómo las personas pueden prepararse para enfrentarse a situaciones difíciles”, dice Christina Andersson, jefa de la campaña de sensibilización. El panfleto, de 20 páginas en tamaño A5 y que afirma que en caso de crisis la ciudadanía debe hacerle frente como resistencia, incluye información y consejos sobre cómo pueden —y deben protegerse, así como indicaciones del lugar de búnkers y espacios de protección como "túneles y sótanos". También indicaciones para hacer frente a las noticias falsas en casos de crisis y guerra.

La MSB describe la situación de seguridad general como "inestable" e "impredecible", por lo que el Gobierno tiene la voluntad de informar a sus ciudadanos en "situaciones de emergencia, crisis del tiempo de paz y en el extremo de la guerra", dice Andersson por correo electrónico. Uno de los puntos estará dirigido directamente a combatir la propaganda y las informaciones falsas en un contexto preelectoral.

El país —que es de los pocos comunitarios con un Ejecutivo de mayoría de izquierdas— celebra elecciones generales en septiembre en un contexto de inestabilidad social en el que la ultraderecha crece como la espuma en parte como reacción a las políticas de puertas abiertas que mantuvo el Ejecutivo sueco durante la crisis de refugiados de 2015. Suecia se convirtió entonces en el segundo destino más popular al que consiguieron llegar alrededor de 160.000 solicitantes de asilo, según Eurostat. El primero fue Alemania.

Los desastres derivados del cambio climático, las amenazas terroristas, los ataques informáticos, y el deterioro de la seguridad son algunas de las amenazas que el Gobierno quiere que conozcan los residentes en el país. Aunque el folletono describe ninguna amenaza de guerra específica proveniente de Rusia, resulta evidente que una de esas posibilidades de invasión pone el dedo acusador directamente sobre Moscú. 

Desde la anexión de la península ucrania de Crimea por parte del presidente ruso, Vladímir Putin, en 2014, Suecia —y en general la región del Báltico y del este de Europa ha ido sacando músculo militar de una forma paulatina. El año pasado, el país nórdico envió tropas a la isla de Gotland (en medio del mar Báltico), y en 2016 acordó restablecer el servicio militar obligatorio para hombres y mujeres. A finales de año, la OTAN iniciará en Noruega ejercicios militares con 35.000 soldados en el Ártico.

Gasto militar

Suecia, junto con Finlandia, no forma parte de la OTAN, y mantener el equilibrio con el gigante del Este es una labor que requiere de una sólida pericia diplomática. Y es que a pesar de la relativa buena relación entre Moscú, Helsinki y Estocolmo, más del 50% de finlandeses rechaza una adhesión a la OTAN, según los últimos sondeos. En el caso sueco, sin embargo, la aceptación de la Alianza Atlántica es mayor: el 47% de la población ve con buenos ojos la adhesión a la Alianza Atlántica y el 39% la rechaza, según un sondeo publicado por The Economist en septiembre de 2017.

Sea como fuere, la cooperación de Suecia con la Alianza Atlántica y con las repúblicas del Báltico (Estonia, Letonia y Lituania) es cada vez más estrecha. Y aunque todo apunta a un aumento de la tensión en el ambiente, lo cierto es que el gasto militar sueco —el 1% del PIB en 2017, según el SIPRI (el Instituto Internacional de Estudios para la Paz)— nunca ha sido tan bajo. 

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