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Boris Johnson considera “abrumadoramente probable” que Putin ordenara el ataque al espía

La policía cree que más 130 personas estuvieron expuestas al gas que envenenó a Skripal y su hija

Policías británicos acordonan una zona residencial en la localidad de Alderholt, en Inglaterra, este jueves. En vídeo, declaraciones de un experto que trabajó en la URSS.

Un total de 131 personas podría haber llegado a estar en contacto con el gas nervioso que envenenó el espía ruso Serguéi Skripal y su hija Yulia el pasado 4 de marzo, según reveló la policía británica este jueves. El subdirector de la Policía de Wiltshire, Paul Mills, aseguró que la salud de estos ciudadanos está siendo supervisada y contó que 46 personas han acudido a centros médicos porque estaban preocupados por su salud tras el incidente. Además, agregó que los cordones policiales en las zonas en las que estuvieron los Skripal podrían mantenerse durante meses. Londres ha dado un paso más y acusa de ordenar el envenenamiento directamente al presidente Vladímir Putin.

"Nuestra disputa es con el Kremlin, y con su decisión —y creemos que es muy probable que fuera su decisión del uso directo del agente nervioso en las calles de Reino Unido, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial", ha afirmado este viernes el ministro de Exteriores británico, Boris Johnson. La respuesta del Kremlin no ha tardado en llegar y, según la agencia estatal, asegura que dicha acusación es "imperdonable". El ministro británico, confirmando la versión de la primera ministra, Theresa May —que estimó esta posibilidad como "altamente probable", ha señalado este viernes que es "abrumadoramente probable" que el ataque al espía fuera una decisión directa del presidente ruso, Vladimir Putin.

También este viernes, el político laborista Jeremy Corbyn ha defendido su negativa a culpar abiertamente a Rusia y afirma que el Ejecutivo debe evitar "juicios apresurados". En un artículo publicado en The Guardian, el líder del primer partido de la oposición en Reino Unido pide evitar caer en una nueva Guerra Fría tras la expulsión de 23 diplomáticos rusos y la suspensión de todo contacto de alto nivel con Moscú. La familia real británica no asistirá al mundial de este verano en Rusia.

El pasado martes, la primera ministra, Theresa May, concluyó que la responsabilidad del envenenamiento fue "una acción directa del Estado ruso" contra el país, o bien como consecuencia de la pérdida de la sustancia por parte del Gobierno ruso, lo que permitió que "llegase a manos de otros”. Esta conclusión fue apoyada por los líderes de Estados Unidos, Alemania y Francia, que firmaron el jueves un comunicado conjunto exigiendo al Kremlin respuestas por el caso. Los mandatarios señalaron que el suceso es “un asalto a la soberanía británica” que “amenaza la seguridad de todos”.

Por su parte, Moscú rechazó que las acusaciones británicas sobre el envenenamiento a través de su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov. “En cuanto aparecieron los rumores, aventados prácticamente por todos los representantes de la dirección británica afirmando que en el envenenamiento de Skripal había actuado una sustancia producida en la Federación Rusa, en una nota oficial pedimos acceso a esta sustancia para que los expertos la pudieran analizar”, afirmó el jefe de la diplomacia rusa.

Según publica este viernes el periódico británico The Telegraph, el gas nervioso habría sido colocado en la maleta de la hija del espía antes de que partiera desde Moscú, el pasado 3 de marzo, para reunirse con su padre en la localidad de Salisbury. El periódico asegura, citando fuentes anónimas de la Inteligencia británica, que los investigadores trabajan con la hipótesis de que la toxina fue impregnada en una prenda de ropa, un cosmético o un regalo que fue abierto en la casa de Skripal en el sur de Inglaterra. Por el momento, ambos permanecen ingresados en estado crítico.

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