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ANÁLISIS

Riesgo y victoria de la democracia

Era obligado que los militantes del SPD compartieran una decisión que corregía una promesa de campaña y que sitúa a la extrema derecha como principal fuerza de la oposición

Olaf Scholz, líder interino del SPD, y Dietmar Nietan, tesorero del partido, en una rueda de prensa este domingo en Berlín.
Olaf Scholz, líder interino del SPD, y Dietmar Nietan, tesorero del partido, en una rueda de prensa este domingo en Berlín. AFP PHOTO

Sin riesgo no hay victoria. La socialdemocracia alemana acaba de demostrarlo. El ejercicio de transparencia y de democracia interna que ha ocupado al partido pionero del movimiento obrero durante los últimos meses tenía un potencial destructivo enorme. Si el resultado de este domingo hubiera sido negativo, la crisis habría descabezado el actual SPD, promovido una salida tipo Corbyn en la figura de Kevin Kühnert, el presidente de las juventudes de la formación, impedido la Gran Coalición y probablemente obligado a Merkel a convocar unas elecciones letales para los dos grandes partidos, pero más todavía para la socialdemocracia.

El SPD ha arriesgado y ha ganado. Su apuesta por la Groko, de entrada. También afiliados: unos 24.000 impulsados sobre todo por la oposición a la coalición representada. También ha ganado el Gobierno, en el que se integran con seis carteras, tres de ellas muy relevantes para las políticas europeas y sociales que se propone (Finanzas, Exteriores y Trabajo y Asuntos Sociales). Siendo la fuerza menor de la coalición, el pacto de gobierno y las carteras le convierten en la componente ideológicamente determinante. Un Ejecutivo más rojo y negro que negro y rojo, en este caso el orden de los factores puede alterar el producto.

El riesgo no ha sido un capricho de Martin Schulz, el dirigente ahora arrumbado que encabezó la campaña electoral con su oposición a la Gran Coalición y su promesa de no sentarse en el gobierno de Merkel. Consultar a las bases puede ser fruto de una posición populista, pero no es este el caso. Era obligado que los militantes compartieran una decisión que corregía la promesa de campaña y que sitúa a la extrema derecha de AfD como la fuerza de oposición, con preocupantes posibilidades de crecer como alternativa de gobierno.

El peligro de una rápida decadencia no desaparece con la votación de este domingo, por supuesto, pero al menos hay un respiro y la posibilidad de recuperación con un programa más social y más europeísta en comparación con lo que Merkel intentó negociar con los liberales y los verdes. De los socialdemócratas dependía la capacidad de coordinación entre Merkel y Macron, de cara a superar las políticas de austeridad y a reforzar la unión bancaria con la creación del Fondo Monetario Europeo.

En pocas ocasiones como este domingo se diluyen las fronteras convencionales que delimitan la vida política, desde lo más local hasta lo más global. De una decisión democrática de un partido político, como la socialdemocracia alemana, dependía la formación del gobierno de coalición en Alemania y como consecuencia la posibilidad de que se ponga en marcha de nuevo el motor de la Unión Europea, compuesto por los ejecutivos de Berlín y de Paris. Merkel y Macron estaban esperando esta decisión para ponerse manos a la obra.

La derrota hubiera desencadenado una crisis seria y en serie, pero la victoria contiene la esperanza de que también sea el detonante de una recuperación en cadena, desde Alemania hasta el conjunto de Europa, una oportunidad única que los europeos no debieran desaprovechar.

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