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Estados Unidos adelanta a mayo el traslado de su Embajada a Jerusalén

El cambio de sede coincidirá con el 70 aniversario del Estado de Israel

Una vista de la ciudad vieja de Jerusalén
Una vista de la ciudad vieja de Jerusalén

Estados Unidos trasladará el próximo mayo su Embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, según anunció este viernes el Departamento de Estado. La apertura de la nueva sede diplomática tendrá lugar mucho antes de lo esperado después de que el pasado diciembre el presidente Donald Trump anunciara el cambio de ubicación tras reconocer a Jerusalén como la capital de Israel.

La inesperada rapidez del traslado manda un contundente mensaje de Trump a aliados y críticos después de que su reconocimiento de Jerusalén como capital rompiera el statu quo y desatara una ola de indignación en el mundo árabe y una reprobación masiva en la Asamblea General de la ONU. Con el traslado de la Embajada en escasos tres meses, el republicano alarga su luna de miel con el Gobierno israelí de Benjamin Netanyahu y agranda su brecha con la Autoridad Palestina de Mahmud Abás.

La fecha tiene un enorme poder simbólico. La inauguración de la nueva Embajada en Jerusalén coincidirá con el 70 aniversario de la declaración de independencia de Israel, que tuvo lugar el 14 de mayo de 1948. El traslado de la Embajada era una promesa electoral de Trump. El Congreso estadounidense acordó en 1995 el cambio de sede pero por “seguridad nacional” lo habían postergado desde entonces todos los presidentes.

El vicepresidente estadounidense, Mike Pence, aseguró el pasado enero que la mudanza a Jerusalén iba a tener lugar en 2019. Hasta ese momento, el Gobierno de Trump había sugerido que la apertura no ocurriría hasta la parte final del mandato del mandatario, en 2021, debido a motivos logísticos, de seguridad y construcción.

Pero ahora se ha optado por una solución temporal. La Embajada estará ubicada en un complejo en el barrio de Arnona que se utiliza para operaciones consulares de EE UU mientras se deja para más adelante el proceso de construcción de un nuevo edificio que acoja de forma permanente la sede diplomática. Junto al embajador habrá un pequeño grupo de diplomáticos desplazados a Jerusalén, según anunció la portavoz del Departamento de Estado, Heather Nauert, que calificó el cambio de ciudad como un “paso histórico”. A finales del próximo año se prevé ampliar el espacio del complejo de Arnona.

En un discurso en una conferencia conservadora a las afueras de Washington, Trump calificó este viernes el traslado como “la cosa correcta a hacer” y se jactó de la presión “increíble” que recibió de países extranjeros para que no diera ese paso.

Los palestinos consideran Jerusalén Este como capital en su aspiración de tener un Estado palestino. El consenso de la comunidad internacional, incluido Washington hasta la llegada de Trump a la Casa Blanca hace un año, es que Jerusalén debería ser la capital compartida de los Estados de Israel y Palestina. Pero el presidente estadounidense ha abierto la puerta a que la solución al enquistado conflicto pueda pasar por la creación de un solo Estado y no dos, rompiendo con la ortodoxia estadounidense prevalente hasta el momento.

Si esa posibilidad ya dificultó la aspiración de Trump de impulsar un “gran acuerdo” de paz entre israelíes y palestinos (que por ahora no ha cristalizado), el reconocimiento de Jerusalén como capital ha llevado a los palestinos a cuestionar el papel de Washington como mediador en cualquier negociación.

Las embajadas internacionales están ubicadas en Tel Aviv precisamente para no agitar todavía más el avispero de las tensiones históricas alrededor de la Ciudad Santa. En su acuerdo de partición de Palestina en 1947, la ONU declaró Jerusalén bajo administración internacional. Pero a los dos años Israel ocupó el Oeste de Jerusalén y en 1967, tras la guerra de los Seis Días, también se hizo con el Este de la ciudad.

Los palestinos reciben el anuncio como una nueva provocación de Trump

J. C. SANZ

El traslado de la Embajada de EE UU coincidirá con el 70º aniversario de la fundación del Estado hebreo, que los palestinos conmemoran como Nakba, o “desastre” que supuso la pérdida territorial y el exilio de la mayor parte de su población. El secretario general de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erekat, replicó ayer que la decisión suponía una nueva “provocación” de EE UU que muestra su “determinación de la Administración de violar la legislación internacional, destruir la solución de los dos Estados y de herir los sentimientos de los palestinos” y del mundo islámico. El dirigente de la OLP insistió en que el cambio de localización de la legación diplomática “descalifica a EE UU como mediador para alcanzar una solución entre israelíes y palestinos”.

La Embajada estará inicialmente situada en el distrito de Arnona de Jerusalén, en la zona sur de la ciudad, cerca de la antigua Línea Verde que separaba la zona occidental bajo control israelí de la parte Este que fue conquistada y anexionada por Israel tras la Guerra de los Seis Días, en 1967. La ubicación puede resultar polémica precisamente por su proximidad a la zona de separación establecida en el armisticio de 1949, que puso fin a la guerra con varios países árabes cuando Israel declaró su independencia.

La confirmación del Departamento de Estado, se produjo después de que el ministro de Inteligencia de Israel, Yisrael Katz difundiera en su cuenta en Twitter un mensaje en el que felicitaba al presidente Trump por la decisión de un traslado próximo de la Embajada: “¡No hay mejor regalo que este! Es el paso más justo y correcto. ¡Muchas gracias, amigo!”.

Benjamín Netanyahu permaneció en silencio en pleno sabbat, el día festivo judío que se prolonga desde el atardecer del viernes hasta el ocaso del sábado. La Oficina del Primer Ministro difundió un comunicado de la Embajada de Israel en EE UU en el que el mandatario aseguraba que “la decisión de Trump convertirá el 70º Día la Independencia en una celebración aún más grande”. Netanyahu acosado por varios escándalos de corrupción en la política interna, recibe el anuncio diplomático como un espaldarazo de Washington en sus horas políticas más bajas.

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