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Amnistía Internacional culpa a Trump de un retroceso mundial en derechos humanos

“Si un presidente legitima violaciones, como Guantánamo o la tortura, pueden imaginarse los ejemplos que da”, dice la organización

Trump y Putin, el pasado noviembre. En vídeo, la última campaña de Amnistía Internacional.

Amnistía Internacional decidió presentar excepcionalmente el miércoles en Washington su informe anual sobre derechos humanos con un claro objetivo: alertar de que la presidencia de Donald Trump está sentando un alarmante precedente para otros países en la erosión de la conciencia social. Con el republicano en la Casa Blanca, la doctrina del odio ha ganado adeptos en el mundo mientras la comunidad internacional se ha hecho más pasiva ante los abusos. Como contrapeso, ha aflorado un nuevo activismo más decidido en asuntos sociales.

En 2017, la primera potencia mundial se alejó del concepto de faro moral que alimenta la idea del excepcionalismo americano. En su primer año como presidente de EE UU, Trump ha atizado divisiones en asuntos raciales, migratorios o de género y ha tratado de socavar a la prensa, la justicia y la separación de poderes. No ha alzado la voz ante abusos de derechos humanos. Y no ha escondido su admiración por líderes autoritarios, como el ruso Vladímir Putin, el egipcio Abdelfatá al Sisi o el filipino Rodrigo Duterte.

“Si un presidente legitima violaciones de derechos humanos, como Guantánamo [el centro de detención estadounidense en Cuba para sospechosos de terrorismo] o la tortura, pueden imaginarse los ejemplos que da”, dijo el secretario general de Amnistía Internacional, Salil Shetty, en la presentación del informe. Del mismo modo, alegó, la guerra de Trump contra la prensa solo hace que alentar a los líderes de países como Egipto y Hungría, que “están esperando para machacar la libertad de expresión”.

La organización critica especialmente el veto de Trump a visitantes de países de mayoría musulmana, la cancelación de ayudas a organizaciones que asesoran a mujeres sobre derechos reproductivos, el recorte de su contribución a la ONU y la criminalización de la inmigración. El republicano esgrime que ha antepuesto los derechos de EE UU y su seguridad. Pero Amnistía, que subraya que EE UU sigue siendo el mayor contribuyente a entidades humanitarias, percibe una deriva con ramificaciones globales: el veto de Trump a ciudadanos de países musulmanes fue el inicio de “un año en que los líderes llevaron las políticas de odio a su conclusión más peligrosa”.

Se expande una ola de apatía ante el horror, que no solo salpica a Trump. “Hemos visto cero moralidad o liderazgo de la comunidad internacional”, sostuvo Tirana Hassan, responsable de respuestas de crisis de Amnistía. Acusó a los países ricos de pasividad ante la limpieza étnica de los rohingyas en Myanmar y en las crisis en Siria, Yemen o Sudán del Sur. “Los Gobiernos están lamentablemente girando el reloj hacia atrás en décadas de difíciles logros en la protección”, agregó Shetty.

El informe advierte de la represión social en Venezuela, China, Egipto, Filipinas o Rusia. Los países que más periodistas encarcelaron fueron Turquía, Egipto y China, donde murió el Nobel de la Paz Liu Xiaobo, que estaba bajo arresto. También hubo retrocesos en países ricos, como el derecho de manifestación en Francia o de las mujeres en EE UU.

“Las políticas de Trump pueden haber marcado una nueva era en la regresión de derechos humanos pero no son únicas. De Australia a Hungría, los políticos han tratado a los refugiados y migrantes como un problema a evitar en vez de como seres humanos que merecen nuestra compasión”, señaló el responsable de Amnistía.

La conclusión en este panorama sombrío es ambivalente. Shetty advirtió de que, en el año del 70º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, nadie puede dar por seguros cualquiera de esos derechos, como el de manifestación, seguridad social o protección medioambiental. Pero también destacó que las “políticas regresivas” han propiciado un mayor activismo, logrando victorias como la despenalización del aborto en Chile, avances hacia el matrimonio igualitario en Taiwán o en los derechos a la vivienda en Nigeria, así como el nacimiento del movimiento global #MeToo contra el acoso sexual.

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