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Estados Unidos y la Unión Europea chocan por la política de defensa

Washington lleva a la OTAN sus recelos hacia el proyecto de integración militar en la UE

Jens Stoltenberg se dirige a la prensa en Bruselas.
Jens Stoltenberg se dirige a la prensa en Bruselas. REUTERS

EE UU y Europa chocan por la política de defensa. A la exigencia estadounidense de que los países europeos gasten más en su seguridad se suma una nueva batalla: las compras de armamento. Washington recela de los planes de integración militar en la UE por las pérdidas que pueda provocar a su industria. Esas suspicacias ya han calado en la Alianza. “Debemos evitar crear nuevas barreras dentro de la OTAN”, deslizó este martes su máximo responsable, Jens Stoltenberg.

El debate se plantea de manera abstracta, pero la inquietud es muy concreta. La política de integración militar de la UE, uno de los grandes proyectos del club comunitario en la era post-Brexit, contempla un incentivo fundamental para que los Estados cooperen en un área hasta ahora tabú. Se trata del fondo europeo de defensa, que el presupuesto comunitario nutrirá cada año con unos 1.000 millones de euros para desarrollar equipamientos comunes y con otros 500 millones para destinarlo a investigación militar. El objetivo es que los Estados aporten a su vez 4.000 millones anuales para acabar destinando más de 5.000 cada ejercicio a esta política, considerada prioritaria.

Para acceder al fondo, las empresas que lideren los proyectos tienen que ser europeas. Con esa misma lógica, la cooperación con Estados terceros será “excepcional”, vinculada a proyectos concretos y siempre que aporte un valor añadido a la UE.

Cuando Washington ha leído la letra pequeña del plan, adoptado a finales de 2017, se ha soliviantado por las potenciales pérdidas para su industria. “No queremos que esto sea un vehículo proteccionista de la UE. Vamos a mirarlo con detenimiento. Queremos que los europeos tengan sus capacidades militares, pero no que excluyan productos estadounidenses”, expuso sin tapujos la embajadora estadounidense ante la OTAN, Kay Bailey.

Estados Unidos lidera la exportación de armas en el mundo. Solo este país es responsable de un tercio de todas las ventas de armas, según datos recopilados por el instituto especializado en defensa SIPRI. Aunque hasta 2014 Europa llevaba años reduciendo sus compras de armas por la mayor sensación de seguridad global y por las políticas de austeridad, buena parte de las inversiones siguen teniendo como objeto material estadounidense. Italia, Reino Unido y Finlandia figuran en la lista de los 20 países que más material adquieren anualmente de Washington. Y ahora que el gasto en defensa vuelve a crecer por el aumento de la inseguridad, EE UU no quiere perder parte del pastel.

Aunque inicialmente la OTAN fue favorable al proyecto europeo, la Administración de Donald Trump teme ahora que el refuerzo de las capacidades militares en la UE reste negocio —e influencia— a Estados Unidos. La preocupación impregna ya el discurso de la OTAN. Los ministros de Defensa de la Alianza abordarán este asunto en la reunión que mantendrán este miércoles en Bruselas. “Los esfuerzos europeos en defensa deben ser complementarios a los de la OTAN. No deben entenderse como alternativos”, advirtió en conferencia de prensa Stoltenberg, que en otras ocasiones se había mostrado entusiasta respecto a la coordinación europea en defensa. La alta representante para la Política Exterior Europea, Federica Mogherini, acudirá a la cena con sus colegas de la OTAN. Fuentes diplomáticas confían en que sea un buen momento para explicar que las políticas comunitarias “no serán problemáticas para la Alianza”.

Washington ha empezado ya a presionar a las capitales europeas para que permitan a empresas estadounidenses participar de estos proyectos financiados con dinero europeo. El esquema no funciona a la inversa; el desarrollo de capacidades militares en Estados Unidos queda reservado a las empresas del país.

Aumento del gasto

Paradójicamente, la insistencia de Trump en elevar el gasto militar en los países europeos de la OTAN al 2% del PIB ha acelerado la cooperación europea, así como el intento de reavivar su industria. Y eso puede volverse en contra de Washington si las firmas de la UE ganan cuota de mercado. La batalla está asegurada. Porque Europa depende en gran medida de la protección militar estadounidense y Trump ya ha esgrimido ese argumento para tratar de sacar réditos.

De momento, tanto los representantes estadounidenses como Stoltenberg seguirán insistiendo en el incremento del gasto —creció un 5% interanual en 2017— como mensaje prioritario a los aliados europeos. España y otros países plantean que el presupuesto no puede ser el único criterio y destacan la importancia de contribuir a las misiones militares, un ámbito en el que España es muy activa.