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Turquía podría deportar a dos hermanas saudíes que huyeron del maltrato de su familia

Human Rights Watch teme por su integridad física, en Arabia Saudí se enfrentan a delitos de "desobediencia al padre” y “daño a la reputación del reino” al hacer público su caso

Las hermans Ashwaq y Areej Hamoud, de 30 y 28 años, denuncian que huyeron de Arabia Saudí tras años de malos tratos por parte de su familia.
Las hermans Ashwaq y Areej Hamoud, de 30 y 28 años, denuncian que huyeron de Arabia Saudí tras años de malos tratos por parte de su familia.

El lento avance de la situación de la mujer en Arabia Saudí volvió a ponerse de relieve en los últimos días de 2017 cuando se conoció el caso de dos hermanas de esa nacionalidad en riesgo de inminente extradición desde Turquía, donde buscaban refugio del maltrato familiar. El Constitucional turco ha desestimado la petición de amparo de una de ellas y debe de pronunciarse sobre su apelación en los próximos días. Human Rights Watch (HRW) teme por su integridad personal si son devueltas a su país.

Ashwaq y Areej Hamoud, de 30 y 28 años respectivamente, han contado que se marcharon de Arabia Saudí el pasado febrero huyendo de los abusos que sufrían en su familia. De acuerdo con su relato en una serie de vídeos difundidos por un activista saudí exiliado en Europa, las mujeres eran golpeadas a menudo e incluso encerradas sin comida en su habitación por no plegarse a las exigencias familiares. Aseguran que han amenazado con matarlas en cuanto regresen. HRW, que ha seguido el caso, da credibilidad a sus denuncias.

“Si Turquía deporta a estas mujeres, las consecuencias pueden ser atroces. Las saudíes sufren a diario la discriminación sistemática, y el caso de las hermanas Hamoud prueba que las que huyen se enfrentan al riesgo real de ser devueltas a unas familias que las maltratan”, ha declarado Sarah Leah Whitson, directora para Oriente Próximo de HRW.

Ashwaq y Areej pusieron sus esperanzas en Nueva Zelanda, a donde pretendían llegar desde Abu Dhabi, en el vecino Emiratos Árabes Unidos. Tenían conexión a través de Hong Kong, donde fueron interceptadas. “Oficiales de inmigración de Nueva Zelanda les negaron el embarque”, ha contado a EL PAÍS su abogado, Serdarhan Topo. Al parecer sospecharon que intentaban pedir asilo.

Al no poder continuar el viaje, volaron a Estambul, donde llegaron el 8 de febrero, según Topo, y decidieron quedarse en lugar de regresar a Arabia Saudí. Turquía permite a los saudíes obtener online un visado de hasta tres meses. Al cumplirse ese plazo en mayo, trataron de obtener un permiso de residencia. Fue entonces cuando la policía les detuvo, tal como relataban en los vídeos que grabaron, y finalmente les confiscó los teléfonos. Al parecer, el padre de las mujeres se enteró de su presencia en Turquía y dijo a las autoridades que creía que sus hijas intentaban viajar a Siria para unirse a un grupo yihadista.

Según HRW, las hermanas niegan esa acusación y su abogado ha visto las tarjetas de embarque que prueban que su intención inicial era dirigirse a Nueva Zelanda, vía Hong Kong desde Abu Dhabi. “Las autoridades turcas no han iniciado que se sepa ninguna investigación criminal sobre las mujeres en relación con las acusaciones de su padre”, afirma HRW.

“Las mujeres saudíes que escapan de su familia o del país se enfrentan a la llamada violencia de honor u otros daños graves si se les obligan a regresar contra su voluntad”, recuerda Whitson.

Eternas menores

No se trata sólo del honor supuestamente mancillado de sus familiares. Desde el punto de vista legal, también afronta una posible incriminación por “desobediencia al padre”, delito que no tiene en consideración su mayoría de edad. Incluso pueden ser acusadas de “dañar la reputación del reino” debido a sus peticiones públicas de ayuda. De hecho, hay precedentes. El pasado mayo Dina Ali, de 24 años, fue devuelta a Arabia Saudí contra su voluntad tras ser interceptada en Filipinas de camino hacia Australia y no ha vuelto a tenerse noticia de su paradero. Mariam al Otaibi, de 29, pasó tres meses en la cárcel por marcharse a Riad desde Qasim, donde su familia la maltrataba.

El abogado de las hermanas Hamoud ha intentado evitar su repatriación. Primero presentó una solicitud ante el Tribunal Administrativo de Estambul para frenar el proceso de deportación, pero fue rechazado. Entonces apeló al Tribunal Constitucional para que impidiera una extradición repentina. Cuando a mediados de diciembre, el Alto Tribunal rechazó la petición de Ashwaq, Topo presentó otra apelación.

“Están bien y con salud. Las autoridades turcas les proveen de comida, atención sanitaria, ropa y clases de turco”, asegura Topo en un intercambio de correos, después de su última visita. El letrado evita sin embargo especular sobre el margen de tiempo con que cuenta hasta que la ejecución de la orden de extradición o entrar en detalles legales sobre el caso.

Durante el último año, Arabia Saudí ha anunciado algunas reformas, entre las que destaca el fin de la prohibición a que las mujeres conduzcan, o una relajación en las exigencias de vestido (el Tribunal General de Riad ha retirado la exigencia de que las mujeres se cubran la cara cuando acceden al recinto y en los recientes mundiales de ajedrez se permitió que la jugadoras no se cubrieran con la abaya). Sin embargo, no ha anulado el sistema de tutela que reduce a las mujeres a eternas menores de edad al exigirles el permiso del padre, marido u otro varón de la familia, para casarse, estudiar, trabajar, viajar al extranjero e incluso algunos tratamientos médicos. Lo que es más grave, sin el visto bueno del tutor, no pueden salir de la cárcel incluso después de haber cumplido una condena.

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