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El Constitucional alemán envía a prisión al ‘contable de Auschwitz’

El tribunal rechaza el recurso de Gröning, que a los 96 años apeló a su derecho a la vida para evitar la prisión

Oskar Gröning en una foto de 2015, en el juicio por el que fue condenado a cuatro años de prisión.
Oskar Gröning en una foto de 2015, en el juicio por el que fue condenado a cuatro años de prisión. AFP

Oskar Gröning, el exmiembro de las SS de 96 años y conocido en toda Alemania como el contable de Auschwitz, ha perdido este viernes su última batalla jurídica. El Tribunal Constitucional alemán, la máxima instancia jurídica del país, ha rechazado un recurso contra su ingreso en prisión en el que el procesado alegaba su precario estado de salud y denunciaba que la pena “vulneraba su derecho fundamental a la vida y a la integridad física”. Gröning ya había sido condenado a cuatro años de cárcel en julio de 2015, acusado de complicidad en la muerte de 300.000 judíos.

La sentencia dicta que el cumplimiento de la condena no pone en peligro la vida del anciano y subraya que sus problemas de salud pueden ser tratados en prisión. La medida avala otra sentencia dictada a finales del mes de noviembre por la Audiencia Territorial de Celle que señalaba que Gröning, a pesar de su avanzada edad, era capaz de cumplir la pena de cuatro años de cárcel.

“En caso de registrarse cambios negativos considerables den el estado de salud del condensado durante su estancia en prisión, existe la opción de interrumpir parcialmente la pena de cárcel por la libertad condicional”, añade la decisión adoptada por la Corte.

La sentencia de este viernes pone fin a una batalla jurídica que se inició en abril de 2015, cuando la fiscalía de Lüneburg lo acusó y en septiembre de ese mismo año fue condenado. La decisión fue valorada en su momento como una verdadera revolución jurídica. “Auschwitz fue, en su totalidad, una máquina de la muerte”, dijo el juez y añadió que una “maquinaria asesina”, solo podía funcionar si cada uno de los cientos de engranajes de la misma funcionaba con la precisión de un reloj. Según el juez, Gröning había sido, entre los años 1942 y 1944, un engranaje pequeño pero eficaz de la maquinaria de la muerte.

La fiscalía de Lüneburg, después de años de trabajo, había llegado a la conclusión de que Gröning había sido cómplice del asesinato de unos 300.000 judíos mientras él trabajaba como contable en el campo de exterminio de Auschwitz. La descomunal tarea de investigación, algo raro en un juicio con tanta carga histórica, contó con la ayuda del propio acusado. Gröning nunca negó haber trabajado en Auschwitz, donde se ocupó de requisar el dinero de los presos que llegaban a bordo de los trenes de la muerte.

En el país se generó en los últimos meses un debate sobre si era justo y correcto sentar en el banquillo de los acusados a una persona que no tenía las manos manchadas de sangre, pero que había sido testigo directo del genocidio llevado a cabo por el régimen nazi hace ya más de 70 años.

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