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Berlín y París pretenden diseñar por su cuenta la reforma de la zona euro

Holanda y los países acreedores rechazan los planes de Bruselas para apuntalar la moneda única

La canciller alemana, Angela Merkel, junto a su homólogo francés, Emmanuel Macron, tras la cumbre europea de diciembre de 2017. Ampliar foto
La canciller alemana, Angela Merkel, junto a su homólogo francés, Emmanuel Macron, tras la cumbre europea de diciembre de 2017. AP

En 2008, el sistema súbitamente traspasó sus límites: a pesar de las promesas, no ha habido una refundación —ni siquiera media— del capitalismo. En 2012, el euro estuvo cerca de saltar por los aires: el BCE y los socios de la eurozona salvaron los muebles, pero Europa es consciente de que tiene que reforzar la moneda única. No será fácil. La cumbre europea ha fallado este viernes estrepitosamente en el primer intento serio una vez llegada la recuperación, que debería ser el momento adecuado para acometer obras mayores en la arquitectura del euro. Los líderes ningunean el paquete de propuestas de la Comisión Europea. El presidente francés, Emmanuel Macron, parece conforme con rebajar sus ambiciones iniciales. Francia espera a la canciller Angela Merkel: Macron y Merkel dejaron claro que pretenden acordar por su cuenta la nueva arquitectura de la eurozona en 2018.

Hay química entre Merkel y Macron, que el viernes no quiso aprovechar la debilidad interna de la canciller, en pleno proceso de formación de Gobierno. Una vez haya coalición, los ministros de Finanzas de las dos riberas del Rin acordarán las medidas en las que hay consenso para avanzar, han explicado los dos mandatarios en una rueda de prensa conjunta. Así que la cumbre del euro acaba en nada: los líderes volverán a reunirse en marzo, para aprobar la agenda de reformas a corto plazo. Las medidas más ambiciosas ni siquiera tienen un calendario claro a día de hoy. Más cumbres, más agendas, más calendarios: eso es todo por el momento.

"No estoy aquí para poner sobre la mesa mis teorías sobre la eurozona: no voy a proponer medidas que no tengan apoyo y puedan avanzar", ha apuntado un Macron que parecía recién caído del caballo. A su lado, Merkel asentía satisfecha. La canciller ha evitado meterse en charcos. Ya llegará su hora: "Tenemos distintas posibilidades para reformar la eurozona, pero además de integrarnos deberíamos mejorar la competitividad", ha dicho. Competitividad es una palabra mágica: cuando los líderes no quieren comprometerse a nada, se la sacan de la manga de inmediato. Merkel prefiere esperar a que se despeje su horizonte político: "Una vez se forme Gobierno emprenderemos la reforma del euro, que es un proceso. Hoy era solo el principio", ha dicho ante los periodistas.

No hay consenso para las reformas más ambiciosas: "Hay que conseguir más competitividad y más convergencia", ha insistido Merkel, "pero meter más dinero [en referencia al presupuesto anticrisis de la eurozona, que Berlín no quiere ver ni en pintura] no va a resolver los problemas de Europa. Con esos mimbres, Europa apenas puede dar pasos adelante en la unión bancaria, con el cortafuegos para el fondo de resolución, que sirve para bajar la persiana en los bancos sin provocar una sacudida en el sector financiero. Podría también haber consenso para convertir el mecanismo de rescate en un Fondo Monetario Europeo (FME) con más poderío. Y poco más: “El contexto político no ayuda y la reforma de la Unión Económica y Monetaria provoca grandes divisiones en este momento”, ha admitido una alta fuente europea.

Todo el mundo sabe lo que hace falta para apuntalar el euro: un presupuesto anticrisis, eurobonos y un FME con potencia de fuego como para rescatar Estados y bancos si hace falta. Pero nadie sabe cómo convencer a los acreedores, que han tenido una crisis estupenda y defienden el statu quo. Merkel ha dado su palabra a Macron de que habrá un salto adelante. Pero Holanda avisó el jueves de por dónde van los tiros: el primer ministro holandés, Mark Rutte, se niega en redondo a ese presupuesto anticrisis, a los eurobonos y solo acepta el Fondo Monetario si son los países quienes lo controlan, para que los rescates sean a cambio de duras condiciones. Holanda y Alemania tienen claro que no quieren más solidaridad. Al contrario: la propuesta estrella en La Haya y Berlín es un mecanismo de reestructuración automática de la deuda soberana que podría provocar, según Francia, Italia y España, una reedición de la crisis del euro.

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